En esta noticia

Mientras las noticias que llegan desde Estados Unidos giran, casi sin excepción, alrededor de Donald Trump y su inagotable capacidad para generar titulares —amenazas comerciales, cruces diplomáticos, advertencias a aliados, gestos de fuerza hacia adversarios y hasta bromas de dudoso gusto sobre Groenlandia y la capacidad de Dinamarca para defenderla—, la mirada suele quedar fija en el tablero global. Venezuela, México, Colombia, en estos últimos días, o China, Rusia y Europa en forma más recurrente, aparecen una y otra vez en el radar, como si el pulso de la economía estadounidense se jugara únicamente fuera de sus fronteras.

Sin embargo, puertas adentro, el escenario dista de ser apacible. Los datos más recientes de S&P Global Market Intelligence, que monitorea los procesos de insolvencia de empresas medianas y grandes con impacto relevante en los mercados financieros, mostraron que Estados Unidos transitó el año pasado el mayor ritmo de bancarrotas corporativas desde 2010.

El dato disparador: S&P Global Market Intelligence

De acuerdo con información de S&P Global Market Intelligence, difundida por Reuters, las quiebras de grandes empresas estadounidenses quedaron encaminadas a alcanzar su nivel más alto en 15 años. Según esa base de datos, hasta octubre de 2025 se registraron 655 presentaciones de bancarrota corporativa, frente a 687 casos contabilizados en todo 2024. Sin embargo, distintos medios estadounidenses, citando datos preliminares de S&P Global Market Intelligence, elevan ese total a alrededor de 717 presentaciones hasta noviembre de 2025, aunque la consultora aún no publicó un informe consolidado con ese corte temporal.

El relevamiento a octubre, en tanto, concentró 68 presentaciones, mientras que agosto había alcanzado 76, el registro mensual más alto desde al menos 2020. Reuters señala que estas cifras ubicaron a 2025 “en una trayectoria comparable con los años posteriores a la Gran Recesión”, según los parámetros históricos de S&P Global Market Intelligence.

El informe de S&P Global se enfoca exclusivamente en empresas medianas y grandes, definidas por umbrales mínimos de activos o pasivos, y su relevancia radica en que estas quiebras “tienen impacto directo en los mercados de capitales, las cadenas de suministro y los inversores institucionales”, según describe la propia compañía en su metodología.

Evolución reciente y comparación interanual

La comparación con años previos muestra una aceleración. En 2024, S&P había contabilizado 687 quiebras corporativas en todo el año, ya entonces el nivel más alto desde 2010. El hecho de que 2025 alcanzara 655 casos antes de finalizar octubre indica que el ritmo anual vuelve a ubicarse en niveles excepcionalmente elevados.

Reuters, al citar a S&P Global Market Intelligence, señala que este aumento coincidió con un período de “mayor presión financiera sobre las empresas”, en un contexto de costos elevados y condiciones de financiamiento más restrictivas.

Más allá de las grandes empresas: el universo ampliado de quiebras

Los datos de S&P no reflejan la totalidad del sistema productivo, ya que excluyen a pequeñas empresas y personas físicas. Para ampliar la mirada, distintas fuentes oficiales y privadas permiten observar el comportamiento del conjunto de las quiebras en Estados Unidos.

Los datos agregados de quiebras en Estados Unidos, que permiten ampliar la mirada más allá de las grandes corporaciones, pueden tomarse de Trading Economics, una plataforma que compila y sistematiza estadísticas oficiales provenientes de la Administrative Office of the U.S. Courts, el organismo judicial que consolida todas las presentaciones de bancarrota en el sistema federal. Estas estadísticas incluyen la totalidad de los casos judiciales, tanto individuales como comerciales, y abarcan desde hogares y microempresas hasta compañías de mayor tamaño.

Según ese registro, el total de quiebras en Estados Unidos alcanzó alrededor de 23.043 presentaciones en el segundo trimestre de 2025, una cifra levemente inferior a la del trimestre previo. No obstante, el propio carácter agregado del dato permite una lectura más amplia: aun con esa baja trimestral, el volumen total de quiebras se mantuvo en niveles elevados en términos históricos, lo que refleja una presión persistente sobre el tejido económico. Estas estadísticas no discriminan causas sectoriales ni tamaño de empresa, pero resultan relevantes porque capturan el comportamiento general de la insolvencia en la economía real, más allá de los casos corporativos de alto perfil.

En perspectiva histórica, los datos compilados por Trading Economics mostraron que el número total de quiebras en 2025 se ubica claramente por encima de los mínimos registrados durante 2021 y 2022, años atravesados por políticas excepcionales de estímulo fiscal y monetario. La persistencia de cifras elevadas en 2024 y 2025 indica que, una vez retirados esos apoyos extraordinarios, el nivel de presentaciones concursales no regresó a los pisos previos, sino que se estabilizó en un escalón más alto, un comportamiento que distintas fuentes oficiales y privadas identifican como coherente con un escenario de mayor estrés financiero estructural.

En línea con ese panorama, un informe privado de Coface, una aseguradora especializada en riesgo crediticio e insolvencias empresariales, indicó que las quiebras corporativas superaron de manera consistente los niveles previos a la pandemia durante 2025. Según ese relevamiento, las quiebras empresariales en EE. UU. alcanzaron las 6574 en el tercer trimestre de 2025, la cifra más alta desde el segundo trimestre de 2014 y un 15 % superior al promedio de 2019, marcando dos trimestres consecutivos por encima de los niveles prepandemia.

El respaldo de las estadísticas oficiales: tribunales y ABI

Las cifras judiciales también confirman la tendencia. La Administrative Office of the U.S. Courts, organismo oficial que consolida todas las presentaciones de bancarrota en el sistema judicial federal, informó que en los 12 meses finalizados en junio de 2025 las quiebras totales aumentaron 11,5% interanual, con 542.529 casos registrados.

Dentro de ese total, las quiebras comerciales crecieron de 22.060 a 23.043 casos, según el mismo organismo. Para el período cerrado el 30 de septiembre de 2025, la oficina judicial reportó 557.376 quiebras totales, un incremento del 10,6% respecto del año previo.

Datos coincidentes surgieron de la American Bankruptcy Institute (ABI), la principal organización privada de profesionales especializados en insolvencia en Estados Unidos. ABI informó que en septiembre de 2025 el total de quiebras creció 16% interanual, con 49.182 presentaciones, incluyendo todos los capítulos legales.

En el acumulado del primer semestre de 2025, ABI registró 276.126 quiebras, un aumento del 10% frente al mismo período de 2024. Informes técnicos difundidos por ABL Advisor, basados en estadísticas de ABI, señalaron que el incremento se concentró especialmente en quiebras individuales bajo el Chapter 7, mientras que las quiebras comerciales bajo Chapter 11 mostraron una baja interanual, aunque con “presión elevada en sectores específicos”.

ABI destacó que sus estadísticas permiten distinguir entre liquidaciones y procesos de reorganización, y que el aumento total de presentaciones reflejó un fenómeno extendido, que abarcó hogares, pequeñas empresas y firmas comerciales.

El termómetro de las pequeñas empresas

Aunque no publica estadísticas directas de quiebras, la National Federation of Independent Business (NFIB), principal asociación de pequeñas empresas de Estados Unidos, aporta indicadores complementarios. En noviembre de 2025, su Small Business Optimism Index se ubicó en 99,0, apenas por encima del promedio histórico de 52 años.

La NFIB señaló que, pese a ese nivel, sus encuestas de octubre y noviembre mostraron que los propietarios continuaron identificando los costos y la incertidumbre económica como factores centrales. La organización aclaró que estos relevamientos “no miden insolvencias”, pero reflejan condiciones que suelen anteceder tensiones financieras en el segmento PYME.

Entre las múltiples causas que explican el aumento de quiebras, uno de los factores más discutidos en informes especializados y análisis periodísticos es el impacto de la política arancelaria implementada por la administración federal. Las decisiones tarifarias encareceron los insumos importados y afectaron las cadenas globales de suministro, particularmente en sectores como manufactura, construcción y transporte. Estos costos adicionales debilitan la competitividad de empresas que ya enfrentaban otras presiones económicas.

Analistas señalan que, aunque la intención declarada de esas políticas fue apoyar la producción doméstica, el efecto colateral fue un aumento de los costos de operación para muchas empresas, que tuvieron que absorber estos incrementos sin poder trasladarlos completamente a los consumidores, en un contexto en el que la demanda no exhibe un crecimiento vigoroso.