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Ecuador: los desafíos de Lasso, el nuevo presidente, en un país con casi 15.000 muertos por coronavirus

El exbanquero de 65 años tiene por delante desafíos de toda índole, desde corrupción y desigualdad, la pobreza y empleos precarios hasta el coronavirus y el diálogo entre agrupaciones políticas.

El conservador Guillermo Lasso asume hoy la presidencia en Ecuador con el objetivo de que la emergencia derivada de la pandemia de coronavirus no termine de eclipsar otros retos pendientes, tanto en el ámbito socioecómico como en el político. Deberá hacerlo de la mano de una Asamblea Nacional fragmentada que le obligará a negociar para lograr un mínimo de estabilidad política.

Lasso se impuso el 11 de abril en segunda vuelta a Andrés Arauz, heredero político del expresidente Rafael Correa y vencedor de la primera ronda. El correísmo que representa Unión por la Esperanza (UNES), sin embargo, es el partido con más escaños en la Asamblea, donde también ganó fuerza el movimiento indígena Pachakutik. 

El nuevo mandatario tendió la mano en estos últimos meses a sus rivales políticos, consciente de que sin ellos no logrará sacar adelante las grandes reformas que pueda necesitar el país para superar los diversos retos que afronta.

"Una crisis económica, una crisis sanitaria, una crisis moral y ética, y de seguridad", declaró tras su victoria.

La representante del PNUD en Ecuador, Matilde Mordt, explicó a EuropaPress que el país tiene por delante "grandes retos" que en cierta medida son "compartidos" por toda la región, si bien reconoce que "el desafío número cero" pasa por contener la pandemia de coronavirus y avanzar en la campaña de vacunación.

Lasso hizo precisamente de la aceleración de las vacunas una de sus grandes promesas de campaña, razón por la cual mantuvo contactos con empresas y gobiernos con vistas a derrotar a un virus que llevó a Ecuador al límite en algunos momentos. Desde el 21 de enero, se inocularon más de 1,7 millones de dosis. El país acumula más de 418.000 casos de COVID-19 y 14.764 muertos.

En el ámbito económico, el presidente electo se ha mostrado optimista, entre otras razones porque la reciente negociación de la deuda externa evita que esta se cierna como una espada de Damocles y no hay grandes vencimientos en los próximos años. Confía en poder eliminar el déficit fiscal en cuatro años, si bien está por ver los efectos a medio plazo de una pandemia que ya provocó en 2020 un desplome del PBI del 7,8%.

En materia de impuestos, prometió no aumentarlos e incluso reducirlos o eliminarlos en algunos casos. Mordt incide en que cualquier futura reforma tributaria "debería ser más redistributiva", con vistas a repartir la carga fiscal y evitar potenciales escenarios de descontento como las que se han visto en las últimas semanas en Colombia a cuenta de un plan presentado por el Gobierno de Iván Duque.

La incidencia de la pobreza por ingresos alcanza en las áreas rurales el 47,9%, mientras que en las urbanas ronda el 25,1%, según datos oficiales a cierre de 2020 y que reflejan los daños colaterales de la pandemia. La pobreza por ingresos ha crecido más de siete puntos, hasta el 32,4%, mientras que en su grado extremo ya se acerca al 15% en todo el país.

Lasso también incluyó dentro de sus grandes líneas de gobierno la lucha contra la corrupción, una lacra que "de alguna manera ha ido socavando el contrato social" y que jugó en contra de un contexto en el que "se necesitan instituciones fortalecidas", según Mondt.

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