

El sector de la construcción atraviesa una crisis de mano de obra calificada que se repite en distintos países. Cristian Lara, albañil y titular de una empresa de reformas en España, expuso el problema en el podcast Sector Oficios: reconoció que le “sabe mal decirlo”, pero que hoy los peones están más atentos al celular que a la obra.
La rotación de personal, el principal dolor de cabeza
Lara detalló que de los últimos diez ayudantes que contrató, solo uno permanece en su equipo. Esa inestabilidad lo obliga a buscar alternativas constantes para completar los proyectos en marcha.
Según su testimonio, los portales de empleo resultaron un fracaso total a la hora de conseguir personal. Por eso, hoy confía únicamente en el boca a boca para captar a los pocos trabajadores comprometidos que encuentra.

El convenio del sector establece un salario base de 1.800 euros netos, que puede ascender hasta los 2.400 euros con complementos. Sin embargo, el empresario cuestiona la escasa diferencia que existe entre categorías.
La brecha salarial que desalienta a los más experimentados
Lara cuestiona que un oficial de primera cobre apenas 100 euros más que un peón sin experiencia, algo que a su juicio no puede sostenerse. Para el titular de la empresa, esa distancia mínima entre un trabajador sin experiencia y uno especializado desincentiva a quienes ya tienen trayectoria en el oficio.
En su análisis, un oficial dedicado a alicatados, es decir, a revestir paredes o pisos con azulejos y piezas cerámicas, debería percibir cerca de 2.800 euros mensuales por el nivel de precisión técnica que exige la tarea.
Los datos oficiales del organismo estadístico español respaldan el diagnóstico sobre el envejecimiento del rubro. En 2007, uno de cada cinco albañiles tenía menos de 30 años. Hoy, ese segmento no llega al 5%, mientras que el 65% de los empleados supera los 45 años.
Frente a este panorama, Lara prioriza la calidad por sobre la cantidad de encargos y rechaza los pedidos masivos que no puede sostener con el personal disponible. Según remarcó, conseguir hoy un buen peón es cada vez más difícil.
“Me sabe mal decirlo, pero muchos peones están más pendientes del móvil que de la obra”, indicó en el podcast.
El caso se suma a una serie de testimonios de albañiles que remarcan la falta de relevo generacional en el oficio, un problema que combina baja vocación, condiciones laborales poco atractivas y una brecha salarial que no compensa la experiencia acumulada.
Un problema que también se siente en Argentina
El diagnóstico de Lara no es exclusivo de España. En el sector de la construcción argentino también se repite la dificultad para conseguir mano de obra formada, sobre todo en oficios que requieren años de práctica junto a un maestro mayor de obra.
La combinación de salarios que no reflejan la especialización y la falta de interés de las nuevas generaciones por los oficios manuales genera el mismo cuello de botella en distintos mercados. Mientras tanto, la demanda de trabajadores calificados crece a un ritmo mayor al de la oferta disponible.
Para los empresarios del rubro, la salida pasa por revalorizar la formación práctica y ofrecer mejores condiciones salariales a quienes ya tienen experiencia comprobada, de manera de retener talento en un sector que, según los propios protagonistas, empieza a quedarse sin relevo.















