Estados Unidos: los demócratas impulsan un segundo impeachment contra Trump

El bloque de Biden en la Cámara de Representantes redactó el borrador de un segundo juicio político, en el que acusan al mandatario de incitar a la insurrección.

Las secuelas del ataque al Capitolio todavía no terminaron. Mientras la mayoría de los republicanos quiere distanciarse de la principal figura de su partido, los demócratas están buscando algún tipo de sanción para Donald Trump, que podría convertirse en el primer presidente de la historia de los Estados Unidos en enfrentar dos impeachments.

Sobre la tarde del viernes, el bloque demócrata de la Cámara de Representantes hizo circular un borrador de cuatro páginas en el que acusa a Trump de "incitar deliberadamente a la violencia en contra el Gobierno de los EE.UU.", y afirma que "seguirá siendo una amenaza para la seguridad nacional, la democracia y la Constitución si se le permite permanecer en el cargo".

La Casa Blanca rápidamente respondió y advirtió que un "impeachment motivado por razones políticas" sólo servirá para seguir dividiendo al país.

Mientras los demócratas analizan cómo seguir, Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes y acérrima opositora de Trump, avanza a toda velocidad y ya le pidió al Comité de Normas que comience los preparativos para el debate.

El último proceso de impeachment –iniciado, precisamente, después de una llamada telefónica en la que Trump parecía presionar al presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, para que inicie una investigación sobre los negocios de Hunter Biden, hijo del presidente electo, en el país–, llevó más de cinco meses, entre que se anunció una investigación formal y el senado finalmente absolvió al mandatario de los cargos de obstrucción del Congreso y abuso de poder.

Pero más allá de los tiempos, para remover efectivamente a un presidente de su cargo, se necesita la aprobación por una mayoría de dos tercios en el Senado, que todavía sigue en poder de los republicanos. Si bien varios senadores republicanos como Mitch McConnell (presidente de la mayoría) y Lindsey Graham han comenzado a distanciarse de Trump, es poco probable que avancen en la remoción del presidente a menos de dos semanas de la asunción de Joe Biden.

El presidente electo prefirió no sobre el posible impeachment, pero dijo que la forma más rápida de que Trump deje la Casa Blanca es que él y su compañera Kamala Harris asuman el próximo 20 de enero.

Son momentos traumáticos para la política estadounidense. La irrupción violenta de un grupo de seguidores de Trump en el Congreso –incitados por el propio mandatario, que un par de horas antes los había instado a marchar hasta allí– cuando los legisladores estaban certificando la victoria de Biden, desató una de las peores crisis institucionales en la historia reciente del país.

Lo que siguió fue una serie de mensajes ambiguos en donde Trump –probablemente influenciado por la creciente presión para que fuera removido del cargo– se comprometió a una transición ordenada, al mismo tiempo que ratificó las especulaciones de fraude electoral, alimentando las teorías conspirativas de su tropa propia. Finalmente terminó de romper con la tradición cuando anunció que no asistirá a la asunción de Biden y Harris.

Se especula que el presidente y la primera dama, Melania Trump, podría viajar a su casa de Mar-a-Lago (Florida) el día antes del evento.

La situación llegó a tal extremo que Pelosi, reveló que tuvo una conversación con el jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Mark Miley, sobre las "precauciones disponibles para evitar que un presidente inestable inicie hostilidades militares o acceda a los códigos de lanzamiento y ordene un ataque nuclear".

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