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A partir del 18 de febrero de 2027, todos los smartphones vendidos en la Unión Europea deberán incorporar baterías fácilmente extraíbles y reemplazables por el usuario final, marcando el fin de los diseños sellados “unibody” que dominan el mercado actual.

Esta nueva normativa, aprobada por el Consejo Europeo y confirmada recientemente, responde a la necesidad de generar menos desperdicios y permitir el “derecho a reparar” de los usuarios. Además, atiende a una demanda nostálgica de los consumidores que añoran la simplicidad de los viejos Nokia, donde cambiar una batería era tan fácil como abrir una tapa.

Baterías removibles de los celulares: por qué se extrañan

Los usuarios extrañan las baterías removibles por su practicidad: un simple recambio permitía extender la vida útil del dispositivo sin visitas al taller, evitando la obsolescencia programada que hoy impulsa renovaciones anuales.

En foros y encuestas, la mayoría de los dueños de smartphones citan la degradación de la batería como motivo principal para cambiar de equipo, un problema que esta regla busca erradicar al exigir baterías con mayor durabilidad —capaces de soportar más ciclos de carga— y repuestos disponibles por al menos cinco años a precios razonables. Así, el usuario recupera el control, reviviendo una era donde los celulares duraban años en lugar de ciclos de moda.

La batería de los celulares ahora podrá reemplazarse fácilmente, como en los celulares de años atrás.

Cambian los celulares: detalles de la normativa

El reglamento obliga a que el cambio se realice con herramientas básicas —como destornilladores— o gratuitas provistas por el fabricante, sin necesidad de conocimientos técnicos avanzados. Abarca no solo teléfonos celulares, sino tablets, laptops, auriculares y hasta monopatines eléctricos, promoviendo un “derecho a reparar” con pasaportes digitales vía QR que detallan composición, vida útil y reciclaje.

La UE estima que esto reducirá emisiones en un 30% al extender la vida útil de los dispositivos y minimizar residuos electrónicos, que superan los 50 millones de toneladas anuales en Europa.

Gigantes como Apple y Samsung ya adaptan diseños: Samsung prueba carcasas en su línea Galaxy A, mientras Apple explora métodos inductivos para iPhones sin calor ni herramientas complejas. Aunque critican el “retroceso” en delgadez y resistencia al agua, reconocen el impacto inevitable, similar al USB-C universal. Debido a esto, el sector ve un rediseño profundo de los equipos, con costos iniciales altos pero beneficios en lealtad de clientes.

Aunque aplica solo en la UE, su influencia de la nueva normativa puede extenderse de manera global: marcas como Samsung y Apple unifican diseños para economías de escala, y regulaciones similares buscan emerger en otras partes del mundo.