A veces, trasladarse en la Ciudad puede asemejarse más a un circuito lleno de obstáculos, con vehículos que obstruyen los cruces peatonales, ocupan ochavas, estacionan en doble fila o en los espacios destinados a las paradas de colectivos. Se trata de uno de los principales temas de debate a nivel mundial: la convivencia urbana y cómo mejorarla.
Para prevenir o resolver enfrentamientos entre vecinos, ordenar la circulación y recuperar el espacio público, el Gobierno porteño incorporó 500 nuevos agentes de tránsito especialmente capacitados para recorrer las calles de la Ciudad, alertando a los infractores que, sin advertirlo, obligan a maniobras riesgosas, frenan colectivos o generan una cadena de bocinazos que se extiende por cuadras.
Se trata de un operativo que se despliega todos los días con recorridas permanentes para el control del estacionamiento en doble fila en barrios muy transitados. “Las zonas donde principalmente actuamos son Once, Palermo, Recoleta, Belgrano y Núñez”, detalla Leandro Ricciardi, Director General del Cuerpo de Agentes de Tránsito de la Ciudad. El plan contempla extenderse a Caballito, Flores y Colegiales.

La iniciativa surgió como una demanda de los vecinos en las reuniones que la gestión porteña realiza regularmente, en tándem con los estudios realizados en el Congestiómetro de la Ciudad: “Identificamos estos corredores que lo teníamos en rojo para dar con el tema de los vehículos en doble fila”, afirma Ricciardi.
Las obras que avanzan en Buenos Aires, como el paso bajo nivel García Lorca o la del puente Labruna en Núñez van en ese sentido: “Queremos que la gente gane tiempo y pueda moverse de manera más ágil y segura, disminuyendo los niveles de riesgo, sin congestionamientos", sostuvo el Jefe de Gobierno, Jorge Macri, al supervisar la obra que cambiará para siempre al barrio de Caballito.
Cómo trabajan los nuevos agentes de tránsito
La tarea de este cuerpo de agentes de tránsito consiste en recorrer las arterias más conflictivas y transitadas de Buenos Aires con un móvil con cámara, sirena y altavoz para desalentar las infracciones. Sus intervenciones se despliegan en avenidas de alta circulación, zonas comerciales, entornos escolares y áreas con obras o actividades que generan congestión.

“Tenemos tres instancias antes de hacer la multa: la primera es tocarle la sirena; en la segunda le hablamos por altavoz, diciéndole la placa y que se retire y, si vemos que no lo hace, recién ahí nos bajamos y le hablamos", explica Agustina Ruiz, que todas las tardes circula por las calles de Palermo advirtiendo a los conductores.
Después de un mes de aplicación, más de 4000 vecinos fueron alertados: en un 95% de los casos liberaron el espacio y se evitó labrar un acta y hacer la infracción. “Si no está el infractor, lo que hacemos es directamente hacer la multa”, apunta Ruiz. Y completa: “Mayormente están adentro y, si no, se los busca, se los encuentra y se les explica que no se puede estacionar en doble fila”.
Y como estos operativos no tienen un fin punitivo ni recaudatorio, los agentes suelen ser pacientes: “Lo que queremos es concientizar y que entiendan el por qué no pueden estar en doble fila y cómo perjudican al tránsito”.

Su parsimonia es clave: solo así pueden desatar un nudo en una calle porteña en la que una fila de autos en doble fila limita el tránsito a un solo carril mientras un vecino quiere salir de un garaje y otro conductor entrar al mismo estacionamiento.
La hora de entrada y de salida de los colegios suelen ser los momentos más conflictivos. Padres y madres dejan estacionados los vehículos en doble fila y con las balizas encendidas mientras esperan que sus hijos salgan de las escuelas. Son minutos que serían eternos sin la asistencia de agentes como Agustina Ruiz o su compañero Matías Malanca.
Ambos coinciden en que la gran mayoría de las veces los conductores reconocen el error y lo corrigen inmediatamente. Son muy pocas las veces que tienen que salir del móvil a hablar con los usuarios de los vehículos. Más bien, lo mueven a la primera instancia de advertencia. “La recepción es muy buena porque entienden que primero esto no es punitorio, no queremos hacer multas. Lo que buscamos es recuperar el espacio público que es de todos“, completa Ricciardi.

La medida tiene un carácter preventivo. El fin prioritario no es sancionar, sino normalizar la circulación, mejorar la seguridad vial y reducir conflictos que generan embotellamientos, maniobras riesgosas y demoras innecesarias para hacer de la Ciudad un lugar más ameno para vecinos, turistas, conductores y peatones.












