

Durante décadas, la gran pregunta de la exploración espacial fue si Marte alguna vez tuvo agua. Hoy esa pregunta está prácticamente respondida, y lo que acaba de encontrar la NASA no solo confirma que sí la tuvo, sino que el planeta rojo fue habitable mucho antes de lo que cualquier científico había estimado.
El descubrimiento, publicado en la revista Science Advances, está sacudiendo los cimientos de lo que se sabía sobre la historia del planeta vecino.
El rover Perseverance, que recorre el cráter Jezero desde febrero de 2021, detectó a más de 35 metros de profundidad las huellas de un antiguo sistema fluvial completamente sepultado bajo la superficie marciana. Lo hizo con su instrumento de radar RIMFAX, que logró penetrar el suelo a casi el doble de la profundidad alcanzada por exploraciones previas.
Lo que encontró allí abajo fue un delta fluvial formado hace entre 3.700 y 4.200 millones de años, anterior al delta visible que hasta ahora se consideraba el principal registro de actividad hídrica en la zona.
Las estructuras identificadas son clinoformas, capas inclinadas de sedimento que se generan cuando un río desemboca en una masa de agua quieta, como un lago, y deposita arena y lodo en el fondo. Su presencia a esa profundidad indica que hubo no uno sino al menos dos episodios distintos de actividad fluvial intensa en el mismo lugar, separados por períodos de erosión y nuevos depósitos.

El equipo científico, liderado por Emily Cardarelli de la Universidad de California en Los Ángeles, procesó los datos de 78 recorridos del rover para construir un mapa tridimensional de esas capas subterráneas.
Otro elemento que refuerza la hipótesis de habitabilidad es la concentración de carbonatos de magnesio hallada en la llamada Unidad del Margen, una zona específica dentro del cráter.
En la Tierra, ese tipo de minerales se forma típicamente en entornos acuáticos estables y duraderos, como mares someros o lechos lacustres. Su presencia en Marte sugiere que el agua no pasó de manera fugaz sino que interactuó con las rocas durante períodos prolongados, una condición considerada esencial para el surgimiento de formas de vida primitivas.
Lo que hace especialmente significativo al hallazgo es que extiende hacia atrás en el tiempo la ventana de posible habitabilidad del cráter Jezero. Hasta ahora, los científicos calculaban ese período en función del delta visible en superficie. Con el delta subterráneo en escena, ese cronograma se amplía considerablemente, y con él las chances de que las muestras que Perseverance está recolectando contengan algún rastro orgánico preservado de aquella era remota.
La misión no termina en Marte. Las rocas que el rover viene acumulando están destinadas a ser traídas a la Tierra en una futura misión de retorno de muestras, donde podrán ser analizadas con instrumentos de una precisión imposible de replicar a 225 millones de kilómetros de distancia.
El descubrimiento del delta subterráneo convierte a Jezero en un sitio aún más prioritario para esa búsqueda y alimenta una certeza que crece entre los astrónomos: si hubo vida en Marte, las pistas para encontrarla están enterradas ahí abajo.















