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Un equipo de científicos de la Universidad de Stanford acaba de confirmar la causa detrás de la “Gran Mortandad”, el proceso natural más devastador en la historia del planeta, ocurrido hace 252 millones de años en el límite entre los períodos Pérmico y Triásico. El hallazgo no solo resuelve un misterio paleontológico de siglos, sino que enciende alarmas sobre cómo el cambio climático actual podría reconfigurar de manera irreversible la vida en los océanos modernos.

La investigación, publicada en la prestigiosa revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), descarta la teoría de un impacto de meteorito repentino para este evento y apunta a un enemigo mucho más silencioso y progresivo: un calentamiento global extremo y la consecuente pérdida de oxígeno en el agua.

El misterio de la “Gran Mortandad”: un proceso lento pero letal

A diferencia de la extinción que terminó con los dinosaurios millones de años después, la mayor catástrofe biológica de la Tierra —que barrió con el 96% de las especies marinas y el 70% de los animales terrestres— no ocurrió de un día para el otro. Se trató de un proceso gradual que comenzó a dar sus primeros indicios hace 300 millones de años.

De acuerdo con el estudio liderado por el geólogo Erik Anders Sperling, repetidas erupciones volcánicas masivas liberaron gigantescas cantidades de dióxido de carbono ($CO_2$) y metano a la atmósfera. Este efecto invernadero prehistórico elevó la temperatura de los océanos entre 8 y 12 grados centígrados, desplazando casi por completo las partículas de oxígeno en el agua.

Fuente: Shutterstock.
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“Nuestros hallazgos muestran que las extinciones ocurrieron a tasas mucho más altas para aquellos organismos más vulnerables a aumentos de temperatura del agua y disminuciones en la disponibilidad de oxígeno”, explicó Sperling.

El experimento clave: por qué sobrevivieron los depredadores

El autor principal del estudio, Andres Marquez, realizó experimentos en el Instituto Hakai (Canadá) y en las islas San Juan (Washington) utilizando braquiópodos, unos invertebrados marinos similares a las almejas que dominaban el lecho marino durante el Paleozoico.

Los resultados del experimento revelaron datos cruciales:

  • La trampa metabólica: los braquiópodos toleran niveles muy bajos de oxígeno, pero solo si el agua se mantiene fría. Al calentarse el océano, su demanda metabólica se disparó y se descontroló por completo, impidiéndoles sobrevivir.
  • El triunfo de los depredadores: los animales con metabolismos más rápidos y hábitos depredadores (como peces y ciertos moluscos) lograron adaptarse mejor y terminaron ocupando el lugar de los braquiópodos tras la crisis.
  • El mapa evolutivo actual: este sesgo de supervivencia explica por qué hoy en día existen apenas 400 especies de braquiópodos en el mundo, frente a las más de 10.000 especies de bivalvos que dominan los mares actuales.

Una ventana al año 2100: la advertencia de los científicos

La relevancia de este descubrimiento va mucho más allá de la reconstrucción histórica. Los investigadores de Stanford advierten que las condiciones que desencadenaron la Gran Mortandad guardan un paralelismo preocupante con el panorama actual de crisis climática.

“La mayor extinción de todos los tiempos comenzó en un mundo muy similar al actual, con un océano relativamente frío y bien oxigenado, seguido de una enorme inyección de dióxido de carbono”, alertó Sperling.

Según las proyecciones científicas preliminares, si no se toman medidas drásticas para frenar las emisiones globales, las temperaturas de los océanos podrían aumentar entre 1,5 y 4 grados centígrados para el año 2100. El estudio de la Gran Mortandad demuestra que los ecosistemas marinos tienen un límite de tolerancia térmica que, una vez traspasado, puede desencadenar un colapso en cadena del cual la Tierra tardará millones de años en recuperarse.