

Durante años, la cifra de caminar 10.000 pasos diarios funcionó como el gran estándar de la actividad física recomendada. Pero, una nueva investigación publicada en septiembre de 2026 en la revista British Journal of Sports Medicine pone en jaque esa referencia.
Según el trabajo, caminar a un ritmo más acelerado puede reducir hasta un 28% el riesgo de muerte prematura, incluso entre quienes no llegan al volumen de pasos recomendado.
El estudio, liderado por Le Wei junto a equipos de la Universidad de Monash y la Universidad de Sidney, siguió durante ocho años a 103.684 adultos de mediana edad que usaron pulseras de actividad durante una semana, entre 2013 y 2015. Los investigadores no solo contabilizaron los pasos diarios, sino también la cadencia —los pasos por minuto— durante los 30 minutos de mayor intensidad de cada jornada.
Caminata: la velocidad puede compensar el volumen
Los participantes quedaron agrupados en cuatro categorías según su cantidad de pasos: menos de 5000, entre 5000 y 7500, entre 7500 y 10.000, y más de 10.000. El hallazgo central fue que quienes caminaban menos de 5000 pasos diarios, pero a una cadencia de al menos 80 pasos por minuto redujeron en un 28% su probabilidad de morir durante el período analizado. Esto en comparación con quienes caminaban al mismo volumen, pero más despacio.
Ese grupo (pocos pasos, ritmo alto) alcanzó resultados equiparables a los de personas que sumaban entre 5000 y 7500 pasos diarios a una cadencia más baja, de unos 60 pasos por minuto. La conclusión de los autores es clara: la intensidad puede suplir la falta de volumen.

De todas formas, el tramo con menor riesgo de mortalidad fue el de quienes combinaron entre 7.500 y 10.000 pasos por día, independientemente de la velocidad, con mejores marcas en torno a los 100 pasos por minuto.
Por qué acelerar el paso mejora la salud cardiovascular
Nikhil Satchidanand, profesor de fisiología del ejercicio en la Universidad de Buffalo, explicó a la revista Prevention que al aumentar el ritmo “los músculos necesitan más oxígeno, el corazón bombea más sangre y los sistemas cardiovascular y respiratorio trabajan con mayor exigencia”. Ese esfuerzo sostenido, agregó, se traduce en mejoras en la función de los vasos sanguíneos y en la salud metabólica general.
En la misma línea, el cardiólogo Kevin Shah, del MemorialCare Heart & Vascular Institute, señaló que caminar más rápido también favorece la regulación del azúcar en sangre.
“Incluso si alguien da menos pasos, aumentar la intensidad puede generar beneficios importantes para la salud”, sostuvo el especialista, quien remarcó que la velocidad es una variable tan relevante como el conteo total de pasos.













