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Hay una condición que afecta casi exclusivamente a mujeres y que durante años fue mal interpretada como sobrepeso, celulitis o mala alimentación. Se trata del lipedema, un trastorno crónico que altera la forma en que el cuerpo acumula grasa, principalmente en piernas y, en algunos casos, en los brazos.

A diferencia de lo que suele pensarse, no responde a la dieta ni al ejercicio de la misma manera que otros tipos de grasa corporal. Quienes lo padecen pueden bajar de peso en el resto del cuerpo sin que las zonas afectadas cambien demasiado, lo que genera frustración y, muchas veces, años de diagnósticos equivocados.

Recién en 2018 la Organización Mundial de la Salud reconoció al lipedema como una entidad propia, al incluirlo en la Clasificación Internacional de Enfermedades. Hasta entonces, la falta de reconocimiento médico dificultaba tanto su detección como su tratamiento.

Hoy se lo sigue considerando una enfermedad infradiagnosticada, aunque el interés científico creció en los últimos años. Especialistas del Centro Julia Farré explican que se trata de un trastorno del metabolismo de los lípidos que altera la distribución del tejido graso, y que suele aparecer o agravarse en momentos de cambio hormonal, como la pubertad, el embarazo o la menopausia.

Cuáles son sus principales síntomas

El signo más característico es la acumulación de grasa en piernas y, a veces, brazos, de forma simétrica en ambos lados del cuerpo, respetando manos y pies. Esa diferencia abrupta entre la zona afectada y el pie o la mano se conoce como signo del manguito.

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También son frecuentes el dolor, que puede ir de leve a intenso, la facilidad para generar moretones, la sensación de pesadez y una mayor sensibilidad al tacto. Según Cleveland Clinic, otros síntomas habituales incluyen hinchazón, fatiga y bultos que se perciben debajo de la piel al palpar la zona.

A medida que el trastorno avanza, la piel puede volverse irregular, con hoyuelos o pliegues más marcados. En los casos más severos, las piernas pueden tomar una apariencia más rígida y voluminosa, con dificultad para caminar.

Lipedema y linfedema: en qué se diferencian

Uno de los mayores motivos de confusión es la distinción entre lipedema y linfedema, dos afecciones distintas que, sin embargo, pueden coexistir. El lipedema tiene su origen en una alteración del tejido adiposo, mientras que el linfedema surge de un problema en el transporte de la linfa, el líquido que circula por el sistema linfático.

El Centro Julia Farré señala que una forma práctica de diferenciarlos es el signo de Stemmer: en el lipedema suele dar negativo, es decir, todavía es posible pellizcar la piel del empeine, algo que en el linfedema resulta mucho más difícil por la retención de líquido.

Cuando ambas condiciones aparecen juntas, se habla de lipolinfedema, una combinación que suele darse en etapas más avanzadas del lipedema, a medida que la acumulación de grasa comprime los conductos linfáticos.

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Cómo se diagnostica

No existe un único estudio que confirme el lipedema. El diagnóstico es principalmente clínico y se basa en la observación de los síntomas, la historia familiar y un examen físico detallado.

Un artículo de revisión publicado en la revista Medicina (Buenos Aires), firmado por los médicos Ignacio Stoppani y María Azul Quiroga, explica que estudios como la ecografía de partes blandas, el Doppler venoso o, en algunos casos, la resonancia magnética, se utilizan como herramientas complementarias para descartar otras enfermedades con síntomas parecidos, como la insuficiencia venosa o el linfedema primario.

Los mismos autores remarcan que, ante la ausencia de biomarcadores específicos, el lipedema suele terminar siendo un diagnóstico por exclusión, lo que explica por qué muchas pacientes atraviesan largos períodos sin una respuesta clara sobre lo que les sucede.

Qué tratamientos existen

El abordaje conservador -compresión, drenaje linfático y actividad física de bajo impacto- es el primer paso una vez confirmado el diagnóstico, y busca aliviar el dolor y mejorar la calidad de vida, aunque no reduce el volumen de grasa acumulada.

Según describen Stoppani y Quiroga en su revisión, cuando estas medidas no alcanzan y el impacto físico o emocional persiste, puede considerarse la cirugía, mediante distintas técnicas de liposucción orientadas a preservar los vasos linfáticos de la zona tratada.

La Asociación Española de Linfedema aporta una mirada histórica sobre el problema: advierte que, luego de décadas de infradiagnóstico, el lipedema corre hoy el riesgo inverso, el de ser sobrediagnosticado y confundido con otras condiciones como la obesidad o la celulitis, lo que remarca la importancia de un diagnóstico realizado por profesionales con experiencia específica en el tema.