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El cáncer de colon suele desarrollarse de forma silenciosa y, en muchos casos, no provoca síntomas durante sus etapas iniciales. Sin embargo, cuando aparecen las primeras señales de alerta, muchas personas las atribuyen a problemas digestivos comunes, como hemorroides, estreñimiento o trastornos intestinales, lo que puede retrasar el diagnóstico.
Los especialistas coinciden en que prestar atención a cambios persistentes en las deposiciones y consultar con el médico ante cualquier síntoma que no desaparezca es fundamental.
¿Cuál es el primer síntoma del cáncer de colon que no conviene ignorar?
No existe un único primer síntoma del cáncer de colon, ya que la enfermedad puede manifestarse de distintas maneras o incluso no producir señales en sus etapas iniciales. Sin embargo, uno de los signos de alerta más importantes es la presencia de sangre en las heces.
La sangre puede verse de color rojo brillante o presentar un tono más oscuro, dependiendo del lugar del intestino donde se origine el sangrado. Aunque este síntoma también puede estar relacionado con afecciones benignas, como las hemorroides o las fisuras anales, nunca debe normalizarse sin una evaluación médica.
Además, es importante consultar si aparecen otros síntomas que persisten durante varias semanas, entre ellos:
- Cambios en el hábito intestinal, como diarrea, estreñimiento o alternancia entre ambos.
- Heces más delgadas de lo habitual.
- Sensación de que el intestino no se vacía por completo después de evacuar.
- Dolor abdominal persistente, cólicos o distensión.
- Cansancio, debilidad o anemia por falta de hierro.
- Pérdida de peso involuntaria.

¿Quiénes tienen más riesgo de desarrollar cáncer de colon?
Aunque el cáncer colorrectal puede afectar a cualquier persona, el riesgo aumenta con la edad, especialmente a partir de los 50 años. No obstante, en los últimos años también se observó un incremento de casos en adultos más jóvenes, motivo por el cual los especialistas insisten en no minimizar los síntomas persistentes.
Entre los principales factores de riesgo se encuentran:
- Tener antecedentes personales de pólipos colorrectales o enfermedad inflamatoria intestinal.
- Contar con familiares de primer grado que hayan tenido cáncer colorrectal, especialmente si fue diagnosticado a edad temprana.
- Llevar una alimentación rica en carnes procesadas y carnes rojas y pobre en fibra.
- Presentar obesidad o sedentarismo.
- Fumar y consumir alcohol en exceso.
- Padecer síndromes hereditarios, como el síndrome de Lynch o la poliposis adenomatosa familiar.
Cómo prevenir el cáncer de colon y cuándo hacerse estudios
Los expertos señalan que adoptar hábitos saludables puede ayudar a reducir el riesgo de desarrollar cáncer colorrectal. Una alimentación rica en frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, junto con actividad física regular, mantener un peso saludable, evitar el tabaco y limitar el consumo de alcohol forman parte de las principales medidas preventivas.
Además, los programas de detección precoz permiten identificar pólipos antes de que se transformen en cáncer o diagnosticar la enfermedad en etapas iniciales, cuando las posibilidades de curación son mucho mayores.
Las pruebas más utilizadas son el test de sangre oculta en materia fecal y la colonoscopia, cuya indicación depende de la edad, los antecedentes familiares y el riesgo individual de cada paciente.
Ante la presencia de sangre en las heces, cambios persistentes en el hábito intestinal o cualquiera de los síntomas mencionados, la recomendación es consultar con un profesional de la salud y evitar el autodiagnóstico. Una evaluación temprana puede marcar una diferencia decisiva en el pronóstico.














