n Educado en instituciones públicas, y egresado como economista en la UBA, Roberto Lavagna se inició en la administración pública en 1973, como director de precios. Era entonces un cargo clave, en el marco de la política de inflación cero implementada por el ministro de Economía José Ber Gelbard. Antes del golpe de 1976 fue subsecretario de Coordinación en Obras Públicas y Transporte. Retomó funciones en el Estado en 1986, convocado por Raúl Alfonsín, pese a su filiación justicialista. Con el presidente radical fue secretario de Industria y Comercio, cargo del que se fue denunciando el “festival de bonos con el que buscaba frenarse una crisis económica que, finalmente, acabó prematuramente con ese gobierno. En los intervalos en el sector privado, Lavagna procuró el crecimiento de la consultora Ecolatina, de la cual fue titular hasta que ocupó el cargo de ministro de Economía, con Eduardo Duhalde, en 2002, y hasta que fue despedido por Néstor Kirchner, en 2005.

Lavagna, de 65 años, se considera el padre de la recuperación económica argentina, después de la honda crisis que terminó con el abdicamiento de Fernando de la Rúa, en 2001. Esa autovaloración le posibilitó convertirse en el ministro clave de Duhalde y en el necesario para que Kirchner compitiera en las presidenciales de 2003 con alguna chance. Finalmente, la no adaptación al estilo centralista del Presidente –que Lavagna mismo ha practicado con su equipo en Economía– terminó con su carrera ministerial, pero dio paso a su vocación por la política. En alianza con la UCR alfonsinista y otros sectores del partido que no pasaron al kirchnerismo, más un peronismo remanente, preside la UNA, Una Nación Avanzada. Con ese sello pretende convertirse en presidente. Porteño, de Saavedra, casado con una ciudadana belga y con tres hijos (ingeniero, médico y economista) y tres nietos, Lavagna ha fatigado la escena nacional con suerte dispar, después de considerarse un excluido de la discusión económica en los años 90 y con un largo paso, privado y como funcionario de la Alianza, por Europa, y especificamente la Comisión Europea, en Bruselas, donde se desempeñó como embajador de Fernando de la Rúa. De la capital de Bélgica también se trajo un posgrado en econometría y política económica, aplicados en parte durante su paso por la administración pública.