La restauración de los vitrales

Dotado de la exquisita amalgama entre arte y oficio, Pablo Subirats se ocupó personalmente de recuperar algunas piezas esenciales del teatro. "Entre 2002 y 2003 restauramos las claraboyas que dan los techos del Foyer. Fue una intervención muy profunda porque repusimos todas las tracerías de plomo. El estado de deterioro era muy grande y sufrían de cristalización, que es el fenómeno equivalente a la oxidación en los metales ferrosos", explica minuciosamente Subirats desde Puerto Belgrano, donde se encuentra ahora restaurando una capilla. También reparó las lucarnas que dan a las calles Viamonte y Tucumán, encomendadas por Meano en 1907 a la casa Gaudin de París. El trabajo más profundo y anecdótico fue la recuperación de esta última. "En el centro, el vitral tiene un angelito del amor al que le faltaban una pierna y un brazo. Son elementos antiguos que llegan a instancias muy grandes de abandono. Gracias al conocimiento de una museóloga, conseguimos la lámina con la que se hizo el dibujo original del rosetón. Era necesario saber cómo estaba modelado Cupido para poder reconstruirlo con vidrios nuevos. Este trabajo lo hice personalmente. La reposición de piezas no la delego en absoluto".

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