

En 1999, la síndico Liliana Ripoll dijo que Racing había dejado de existir. La misma frase podría usarse ahora, nueve años después,cuando la que quebró es Blanquiceleste Sociedad Anónima. Así lo creyó el Juzgado número 20 de la Capital Federal, que determinó la disolución de la empresa gerenciadora, que había asumido la conducción de Racing en 2000.
El pasado 30 de junio, el interventor del club de Avellaneda, Héctor García Cuerva, dictaminó la rescisión del contrato de Blanquiceleste. Una semana después, la empresa desapareció. Con su fin, quedó una gran deuda que tiene a Racing Asociación Civil como principal acreedor, demandando el pago de una deuda de alrededor de 15 millones de pesos.
La empresa tuvo distintos vaivenes a lo largo de sus ocho años y medio de conducción. Tras reordenar las finanzas del club, Blanquiceleste, presidida por ese entonces por Fernando Marín, llevó al club a su primer título en 35 años, en 2001. Luego, algunas decisiones desacertadas dejaron a la institución a la deriva. Los últimos tres años, el club estuvo a cargo de Fernando De Tomaso.









