El mercado argentino atraviesa un momento que puede ser bisagra. La región atraviesa un muy buen momento financiero y la plaza local tiene chances de sumarse a la tendencia positiva de los emergentes o quedarse afuera. Mario Aguilar, gestor de carteras en Janus Henderson Investment, analizó para El Cronista el momento argentino, el impacto del cepo, las chances de volver al MSCI Emerging Markets y el nuevo mapa financiero. emergentes en un mundo más volátil.
El rally post electoral dejó a los activos argentinos en una zona de consolidación. El riesgo país estabilizado en torno a los 500 puntos, acciones laterales y bonos que todavía rinden alto en términos comparativos. En esta nota exclusiva, Aguilar analiza si se agotó la historia táctica o recién empieza la estructural.
Cabe destacar que Janus Henderson es una gestora global de activos (asset manager). A 30 de septiembre de 2025 contaba con aproximadamente u$s 484.000 millones en activos bajo gestión, más de 2000 empleados y oficinas en 25 ciudades de todo el mundo. Con sede en Londres, la firma cotiza en la Bolsa de Nueva York.

Después del rally poselecciones, los activos argentinos se frenaron. ¿Ya se incorporó buena parte de la expectativa?
A largo plazo, si las políticas actuales continúan y hay respaldo político sostenido, Argentina deja de ser un movimiento táctico y pasa a ser una historia estructural dentro de la asignación a mercados emergentes. Lo que vimos hasta ahora fue lo más fácil. Las “ganancias fáciles” ya entraron: el mercado anticipó mejoras macro y repriceó activos.
Pero ahora viene la parte más compleja: crecimiento real, utilidades empresariales y consolidación institucional. Todavía hay controles de capitales. Son menores que antes, pero siguen existiendo. Y mientras haya cepo, la repatriación de capital no es completamente libre. Para el inversor internacional, eso es central.
¿Es el cepo sigue siendo el gran obstáculo?
Es uno de los principales. No tener total claridad sobre cómo mover capitales en dólares limita la profundidad del mercado. Sí hubo señales positivas: mayor involucramiento del Fondo Monetario Internacional (FMI), líneas de apoyo externo, mayor estabilidad cambiaria. La convergencia entre el dólar oficial y el blue aporta previsibilidad. Pero la verdadera prueba es la confianza de largo plazo. Argentina tiene un historial de ciclos de auge y caída. Lo que el mercado quiere saber es si esta vez es diferente.
¿Dónde ven valor hoy: bonos o acciones argentinas?
En renta variable puede que todavía sea temprano si uno piensa en una historia a dos o tres años. Las expectativas ya subieron fuerte. En renta fija, en cambio, los retornos siguen siendo altos en comparación con otros mercados emergentes. Si la inflación continúa bajo control y la estabilidad cambiaria se consolida, todavía puede haber oportunidad relativa en bonos soberanos en moneda dura. Pero incluso ahí, la ganancia estructural depende de recuperar confianza y normalizar el acceso al mercado.
Se habla de un eventual regreso al MSCI Emerging Markets. ¿Qué tan factible lo ven?
Para entrar al índice no alcanza con tener buenas empresas. Se necesita liquidez suficiente, free float adecuado y, sobre todo, capacidad de repatriación de capitales. Mientras existan controles de capital, eso se convierte en un obstáculo técnico. Ahora bien, la Argentina tiene compañías de calidad internacional, algunas de ellas cotizan directamente en Estados Unidos, y mayor liquidez siempre genera un efecto multiplicador positivo. Si se avanza en la normalización cambiaria y se consolidan reglas claras, el regreso al índice puede ser un catalizador relevante. Pero todavía hay requisitos por cumplir.
Brasil es el mercado dominante de América Latina en términos de escala y profundidad financiera. Desde la óptica de los inversores globales, ¿qué factores estructurales explican la brecha con Argentina hoy?
Brasil representa una porción importante dentro del bloque latinoamericano en el MSCI Emerging Markets. Tiene mercado interno grande, sector financiero fuerte, base exportadora diversificada y mayor estabilidad institucional. Más allá del signo político, el mercado confía en que Brasil cumple sus compromisos. La Argentina, en cambio, arrastra décadas de defaults y cambios abruptos de reglas. El mercado quiere ver continuidad más allá de un ciclo electoral.
¿Están optimistas con Latinoamérica en general?
Sí. Por primera vez en más de veinte años soy constructivo con la región. Veo mayor alineamiento en pensamiento fiscal y económico. Además, la reconfiguración global, con tensiones comerciales y menor previsibilidad de Estados Unidos como socio comercial, abre oportunidades para exportadores de commodities y energía. El cobre, el litio y otros minerales estratégicos serán clave en la electrificación y la transición energética. Ahí América Latina tiene ventajas estructurales.
Con deuda creciente y tensiones políticas, ¿empieza a erosionarse la dominancia del dólar y del mercado estadounidense?
Hay factores a considerar: aumento de deuda pública, riesgos de dominancia fiscal, tensiones políticas internas y cambios en política migratoria. Pero eso no implica un colapso inmediato. Sí significa que los inversores deben mirar más allá de Estados Unidos. Este año varios mercados desarrollados y emergentes han rendido mejor que EE.UU. Europa, Japón y algunos emergentes han mostrado dinamismo. Para los inversores latinoamericanos, el mensaje es claro: diversificar globalmente. No concentrar todo en dólar físico o en acciones estadounidenses.
Wall Street parece bipolar: subas y caídas violentas ante cada noticia. ¿Qué está pasando?
La volatilidad no es nueva. Lo que cambió es la velocidad de la información y la concentración de flujos en pocos nombres. Durante el último año, un grupo reducido de compañías vinculadas a inteligencia artificial explicó gran parte del rendimiento del mercado estadounidense. Eso genera sensibilidad extrema ante cualquier dato. El caso reciente de grandes tecnológicas lo demuestra: presentan buenos resultados, pero el mercado exige más porque ya descontó crecimiento extraordinario.
Todavía no está claro dónde se materializa el salto de productividad prometido por la inteligencia artificial. Mientras eso no sea visible en números agregados, la volatilidad seguirá.
¿Un consejo final para los inversores?
Diversificar siempre. Muchos inversores en Latinoamérica ahorran solo en dólares o invierten en EE.UU., pero Europa, Japón y mercados emergentes han rendido mucho más recientemente. Solo por dar un ejemplo, Colombia subió 70% el año pasado en dólares. Japón implementó reformas proinversor. El yen se debilitó y puede fortalecerse. Hay que perder el miedo a mirar globalmente. No quedarse solo en inmuebles locales, plazo fijo o acciones estadounidenses.
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