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Lo que para el Tesoro de los Estados Unidos fue un “negocio redondo” y un motivo de jactancia pública, para la República Argentina representa un nuevo capítulo de opacidad financiera. Durante el último fin de semana, el flamante Secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, confirmó a través de sus redes sociales que la Argentina ya repagó la totalidad de los fondos utilizados del swap de monedas activado en octubre pasado.

Sin embargo, la noticia no llegó por los canales oficiales del Banco Central (BCRA) ni del Ministerio de Economía, sino desde Washington, subrayando una ganancia de “decenas de millones de dólares” para los contribuyentes norteamericanos a costa de las arcas argentinas.

En diálogo con Urbana Play, el economista y especialista en mercados financieros Christian Buteler desmenuzó la operatoria y lanzó duras críticas a la gestión de la información por parte de la autoridad monetaria que conduce Santiago Bausili.

Una activación “fantasma” y el rol del BIS, según Buteler

La primera anomalía detectada por Buteler radica en la comunicación. Mientras que el gobierno de los Estados Unidos celebró la devolución de los u$s 2500 millones, el BCRA mantuvo un silencio absoluto sobre la existencia misma de la deuda hasta el momento de su cancelación.

“Realmente uno reclama ese acceso a la información. Sabemos ahora que se canceló el swap, que nunca el Banco Central había anunciado que se había activado. El que lo había anunciado en su momento había sido por redes el Secretario del Tesoro americano, pero oficialmente el Banco Central nunca lo anunció; lo habíamos visto nosotros siguiendo los balances”, señaló Buteler.

La duda que surge en la City es de dónde salieron los fondos para el repago, dado que no se registró un impacto equivalente en las reservas brutas del Central. La hipótesis más fuerte apunta a una triangulación con Suiza. Según Buteler, “tampoco sabemos ahora de dónde salió la plata, porque vos no viste bajar las reservas un día u$s 2.500 millones como para decir ‘se canceló con fondos propios’. Lo que el Banco Central dice es que hubo una operación con un organismo internacional, se supone que es el BIS (Banco de Pagos Internacionales)”.

El costo de la “estabilidad electoral”

La operatoria, activada originalmente por la gestión anterior, pero sostenida y cancelada por la actual, tuvo como objetivo defender el tipo de cambio. Sin embargo, ese auxilio financiero no fue gratuito. Scott Bessent fue explícito al decir que Estados Unidos obtuvo “decenas de millones de dólares” de beneficio.

Buteler explicó cómo se compone ese costo para Argentina: “Podemos hacer cuentas: entre el precio al cual vendió los dólares el Tesoro americano y el precio al cual los compró, pudo haber hecho más o menos entre 20 y 30 pesos de diferencia. Pero no está solamente ahí la ganancia. Además, mientras estuvo en pesos, el Banco Central le dio una letra del Tesoro con un interés del 4% mensual”.

Para el economista, el resultado es una transferencia neta de recursos desde el Central hacia el Tesoro estadounidense para sostener una ficción de estabilidad durante el proceso electoral y los meses subsiguientes. “Ganó en la diferencia de cambio, en la tasa de interés mientras estuvo en pesos, y después la ganancia de los intereses del swap. El que puso los dólares para que se pueda ir con ganancia fue el Banco Central argentino”, enfatizó.

En este sentido, Buteler fue lapidario al analizar quién financió el beneficio de los contribuyentes estadounidenses: “Esa decena de millones de dólares son el costo que tuvimos nosotros. Sin la ayuda del Tesoro americano, probablemente el Banco Central no hubiese podido soportar la presión sobre el tipo de cambio y hubiese tenido que modificar las bandas cambiarias”.

Buteler denuncia “retroceso en la transparencia” del Gobierno

Uno de los puntos más críticos del análisis de Buteler fue la comparación de la actual gestión con administraciones anteriores en términos de rendición de cuentas. A pesar de las promesas de una nueva política económica basada en la claridad de mercado, el BCRA parece haber cerrado sus puertas a la fiscalización pública.

“Aquí no se pide conocer la cuenta comitente personal del titular del Tesoro o del Banco Central, sino conocer qué es lo que se está haciendo con fondos públicos”, reclamó el economista. Y recordó: “En la época de Federico Sturzenegger como presidente del Banco Central, la institución había avanzado de forma muy importante en brindar información sobre operaciones y movimientos. Bueno, esta gestión claramente ha dado un paso atrás importante en ese punto”.

Esta opacidad no se limita al swap. Durante la entrevista, se recordaron otros puntos oscuros de la gestión actual, como el traslado de lingotes de oro al exterior sin una explicación detallada de su destino o el propósito de dicha maniobra, escudándose en razones de “seguridad nacional” ante posibles embargos.

Conflictos de interés bajo la lupa

El debate sobre la transparencia en el entorno del Ministerio de Economía se extendió también a la figura de Luis Caputo. En la mesa de Urbana Play se cuestionó la falta de respuestas a los pedidos de acceso a la información pública, recientemente restringidos por decreto.

La controversia escaló al mencionar el rol de los hijos del ministro en la órbita oficial. Se detalló que, mientras colaboran de manera informal en el Ministerio, mantienen vínculos societarios con fondos de inversión, corredoras de bolsa y estudios de abogados involucrados en la redacción de leyes clave como la Ley Bases.

“Es la figura del conflicto de interés la que aparece ahí como un interrogante”, concluyeron en el estudio, sumando presión sobre una gestión que, si bien logra hitos financieros como el repago de deudas internacionales, lo hace bajo un manto de hermetismo que genera más dudas que certezas en el mercado local.

Para la Argentina, el costo de “quedar bien” con Washington ha sido alto. No solo por las “decenas de millones” que hoy celebra Scott Bessent, sino por el debilitamiento de los mecanismos de control y transparencia que Buteler considera fundamentales para cualquier economía que aspire a la seriedad internacional.