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Después de ser uno de los activos de mejor desempeño del último año, el oro atraviesa una pausa. Llegó a marcar récords por encima de los u$s 5000 por onza, pero comenzó a perder impulso y ahora opera en torno de los u$s 4000. Ezequiel Estrada, CEO de Poncho Capital, señaló a El Cronista que “el oro entró técnicamente en un mercado bajista después de caer más de 25% desde su máximo de enero".
La caída responde a una combinación de tasas de interés elevadas en Estados Unidos, un dólar más fuerte, la toma de ganancias tras el rally de los últimos dos años y una creciente rotación de capital hacia las acciones vinculadas con la inteligencia artificial.
Sin embargo, los analistas coinciden en que los fundamentos que impulsaron al metal durante los últimos años permanecen prácticamente intactos. ¿Qué efectos tendrá la baja en las carteras que desde el inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania apostaron por este activo?
En Balanz, Nicolás Kohn considera que la baja responde a una combinación de factores coyunturales. “La dinámica ha sido ciertamente inesperada, particularmente por la visión de que el oro actúa como elemento de cobertura ante eventos geopolíticos”, sostiene.
A su juicio, hubo dos factores determinantes: por un lado, el fuerte impulso que había acumulado el metal entre agosto de 2025 y enero de este año; por otro, la recalibración de las expectativas sobre la política monetaria estadounidense.
El economista Federico Glustein coincide en que el principal factor detrás del retroceso es el cambio en las expectativas sobre la política monetaria en Estados Unidos.
“Como el oro no paga interés, cuando suben los rendimientos de los Treasuries o el mercado cree que la Reserva Federal puede seguir con una política monetaria restrictiva, el costo de oportunidad de tener oro aumenta”, explica.
También menciona que el precio del dólar juega un papel clave. “Cuando se fortalece, el metal se encarece para los compradores no estadounidenses”, señala. A eso se suma la toma de ganancias. “Había tocado niveles muy elevados durante el año por la inestabilidad macroeconómica y las tensiones geopolíticas”, agrega.
Rotación de carteras
Estrada suma otro elemento: el cambio en la asignación global de carteras. Ese movimiento también se refleja en los flujos de inversión. Según un informe de Poncho Capital, parte del dinero salió de los ETF de oro para dirigirse hacia fondos vinculados con inteligencia artificial y semiconductores, uno de los sectores con mejor desempeño del mercado en los últimos meses.
Leo Anzalone, director del Centro de Estudios Políticos y Económicos (CEPEC), comparte la mirada. “La reciente baja del oro responde a una menor demanda de cobertura después de la descompresión inicial del conflicto en Medio Oriente y a una recuperación del apetito por activos de riesgo”, afirma.
Sin embargo, advierte que la situación geopolítica sigue siendo frágil y que cualquier escalada podría volver a impulsar la demanda de activos refugio. Además, persisten interrogantes sobre el crecimiento global, la política monetaria de la Reserva Federal y la evolución de los principales conflictos internacionales.
Por eso, considera que la corrección responde más a cuestiones tácticas que a un cambio estructural. “El oro sigue siendo, más que una apuesta de rentabilidad, un activo pensado para proteger patrimonio en contextos de incertidumbre”, resume.
Los fundamentos siguen vigentes
En la misma línea, para Kohn existen tres pilares que continúan respaldando al metal. El primero es la situación fiscal de Estados Unidos. “La dinámica fiscal y el creciente nivel de deuda sobre PBI son negativos para el dólar en el mediano y largo plazo”, afirma.
El segundo es la demanda sostenida de los bancos centrales. “Continúa siendo un sostén importante para el precio”, evalúa.
Y el tercero es la incertidumbre geopolítica, que “no parece haber disminuido”. En ese sentido, sostiene que el movimiento reciente “se parece más a una toma de ganancias que a un cambio de tendencia”.
A esos factores se suma otro elemento que, según Poncho Capital, sigue respaldando la tesis de largo plazo: la estrategia de los bancos centrales de continuar aumentando sus reservas de oro y reducir gradualmente su dependencia del dólar. Esa demanda oficial, junto con la compra sostenida de barras y monedas físicas, continúa ofreciendo un piso estructural para el metal, aun en un contexto de corrección.
¿Conviene mantener, comprar o vender?
Los analistas coinciden en que los fundamentos de mediano y largo plazo permanecen sólidos. Glustein considera que quienes ya tienen exposición al metal “no tienen motivos para salir”.
“Yo me quedaría con parte de la cartera de oro porque sigue funcionando como cobertura frente a la inflación global, los shocks geopolíticos, el riesgo financiero y la pérdida de confianza en las monedas”, sostiene.
Sin embargo, se muestra más cauteloso respecto de quienes aún no ingresaron. “No entraría ahora porque puede romper la barrera de los u$s 4000. El costo de entrada sigue siendo elevado”, advierte.
En Balanz mantienen una visión constructiva para el mediano plazo. Si bien reconocen que la recalibración de las tasas puede seguir generando volatilidad, consideran que los factores estructurales que impulsaron el rally del oro no cambiaron y que la Reserva Federal difícilmente inicie un ciclo sostenido de nuevas subas de tasas.
Anzalone también descarta una salida apresurada. “Desde el punto de vista del inversor, no vemos razones para salir del oro por esta baja puntual. Quien ya tiene posición probablemente deba mantenerla, mientras que para quien busca incorporarlo a su cartera, una corrección de precios puede representar una buena oportunidad para entrar de manera gradual”, afirma.
En Poncho Capital coinciden con esa estrategia escalonada. “Para quien ya mantiene oro como posición estratégica, mantener resulta más razonable que vender por pánico. Para quien todavía no tiene exposición, puede comenzar a entrar gradualmente”, sostiene Estrada.
No obstante, aclara que todavía no existen señales técnicas suficientes para justificar una compra agresiva, aunque tampoco observa un deterioro estructural que justifique abandonar completamente el activo. “Vender tiene más sentido cuando la posición era especulativa, está apalancada o representa un porcentaje excesivo del patrimonio”, concluye.
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