

No caben dudas de que, por lógica, la bolsa está íntimamente relacionada con la especulación, y ambas van de la mano desde siempre. Como sostenía el economista británico Nicholas Kaldor, cuando se especula, se compran o venden bienes (en este caso serían acciones) para su posterior reventa (o recompra) porque existe la expectativa de que los precios van a modificarse. De esta manera se obtiene una ganancia, y no por el uso del bien, o de su transformación para agregarle valor. En ese sentido pues, la especulación aporta dinamismo, liquidez y profundidad a los mercados financieros.
Pero cuando ésta pasa a dominar la dinámica de la bolsa, el fin último de los mercados de capitales se pierde, que es el de financiar la inversión productiva y como alternativa para el ahorro. Y justamente esto es lo que viene ocurriendo en Hong Kong: su bolsa de valores se convirtió en un verdadero "paraíso" para los especuladores, gracias a las reglamentaciones laxas que la encuadran.
De acuerdo con Bloomberg, las ventas en descubierto ("short selling", en inglés) ya representan un 15% del volumen total operado diariamente por el índice Hang Seng de ese mercado chino. Tan solo dos semanas antes, la proporción de ventas en corto era del 12% del total, y en 2005 de un modesto 3%.
El "short selling" es un tipo de operación financiera especulativa de corto plazo (por eso se llama "short") en la que un poseedor de acciones, que cree que su precio va a bajar, las alquila a un tercero (operador bursátil) para que éste se ocupe de venderlas. Luego, ese mismo tercero las recompra cuando el precio cae, y le devuelve al propietario las acciones a cambio de una comisión. El titular obtiene así una ganancia alta.
Si bien la operatoria es válida, en general está muy regulada en los mercados para evitar una ola especulativa, ya que las ventas en descubierto se hacen en el día, lo que puede provocar una caída estrepitosa en el precio de una acción. En definitiva, todos los organismos de control de los mercados financieros se quieren cubrir del famoso "riesgo sistémico", que se puso tan en boga cuando fue la crisis subprime y los bancos amenazaban con caer uno tras otro como si fueran fichas de dominó.
Olor a burbuja
Para los analistas, en el caso de la bolsa de Hong Kong, el gran auge de los especuladores en ventas en corto se explica en que, en los últimos meses, el mercado chino se embarcó en un rally alcista que superó los 30.000 puntos del Hang Seng y que ya tiene olor a burbuja de precios (desde principios de año, el índice creció un 20%). Y, como nadie se espera que las subas sigan por bastante tiempo más, muchos inversores ya empezaron a cubrirse de un cambio abrupto de tendencia con operaciones de short selling.
"El nivel de 30.000 se ha convertido en un obstáculo para el Hang Seng. Más personas se están preocupando por si el mercado seguirá avanzando", dijo Linus Yip, analista de First Shanghai Securities Ltd. "Muchos inversores han comenzado a protegerse, añadiendo posiciones en corto en algunos de los papeles más grandes, como las acciones de automóviles y farmacéuticas", explicó.
El problema con las ventas en descubierto es que, si su volumen se vuelve demasiado importante, puede terminar convirtiéndose en una profecía autocumplida. Porque como los inversores especulan con que el mercado puede empezar un ciclo bajista, tratan de ganar lo máximo posible con el short selling, pero en realidad es esa práctica la que derrumba los precios.
Pocas regulaciones
En el caso de la bolsa de Hong Kong, el interés de los especuladores es mayor porque las regulaciones son más laxas que en otros mercados, sobre todo en materia de transparencia y gobernanza. No llama la atención que el organismo regulador, la "Securities and Futures Commission" (SFC), descubra cada tanto algún complejo montaje financiero creado para inflar artificialmente los valores de ciertas acciones, lo que perjudica a los inversores desprevenidos.
En ese sentido, sirve como ejemplo el de China Huishan Dairy, que perdió un 91% de su valor en una sola rueda de la bolsa de Hong Kong, en marzo de 2017, después de que la consultora de investigación Muddy Waters publicara un informe muy crítico sobre la compañía láctea. Vale aclarar que esta firma investigadora, dirigida por Carson Block, inversor especializado en short selling, no hace beneficencia y, en cambio, se dedica a buscar casos como este, para luego invertir apostando a que su cotización se desplome y, finalmente, publicar un informe muy bien documentado donde detalla cómo su precio está inflado.
Otro caso de manipulación en la bolsa de Hong Kong es el del banco Chong Sing, que a mediados de enero pasado perdió un 33% de su cotización en una rueda, varios meses después de otro informe crítico, esta vez de la firma especializada en short selling Bonitas Research. Por eso, para hacerse una idea de cómo están hoy las cosas en este mercado financiero, de solo dos informes negativos sobre empresas chinas presentados por estas consultoras en 2013, se pasó a 16 en 2017, de acuerdo con la SFC.
Más controles
El organismo de control está buscando mejorar las reglamentaciones para evitar este tipo de movimientos especulativos o al menos disuadir algunas de sus formas más osadas. A fines de febrero de este año, un tribunal de Hong Kong condenó a Andrew Left, fundador de Citron Research (otra firma de short selling), por haber publicado un informe con datos falsos que perjudicaba a la compañía china Evergrande, listada en el Hang Seng. Además, le prohibió operar en el mercado durante cinco años, una manera de poner a raya a los especuladores. Pero los malos hábitos siempre tardan bastante en ser erradicados por completo.














