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Un informe del World Gold Council y Boston Consulting Group (BCG) estimó que el mercado del oro digital podría alcanzar hasta u$s 700.000 millones de demanda potencial si se superan las barreras que hoy limitan su adopción.
La proyección refleja un renovado interés por un activo que históricamente funcionó como refugio en contextos de incertidumbre y que hoy también se beneficia de las compras récord de bancos centrales en todo el mundo.
Para los argentinos, posicionarse en oro ya no implica necesariamente comprar lingotes o monedas. Existen alternativas que permiten invertir desde una cuenta comitente local, como Cedears de ETFs vinculados al metal, además de otras opciones que ofrecen distintos niveles de riesgo y exposición.
Sin embargo, sumar oro a una cartera no consiste simplemente en apostar a una suba de precio. Antes de invertir conviene entender qué ventajas aporta, qué porcentaje del patrimonio destinarle y cuáles son los riesgos que pueden afectar su rendimiento.
¿Cuáles son las ventajas de invertir en oro?
A diferencia de las acciones o los bonos, el oro suele ser valorado por su capacidad de diversificación. Su comportamiento suele diferir del de otros activos financieros, lo que permite reducir riesgos dentro de una cartera.
“El oro es un activo de diversificación, no un activo de renta. Tiene sentido para alguien que ya resolvió lo básico y busca sumar algo que se mueva distinto al resto”, explicó Nahuel Bernués, asesor financiero y fundador de Quaestus Advisory.
El especialista destacó además que, para un inversor argentino, el metal tiene un atractivo adicional: su baja correlación con los riesgos propios del mercado local. “El oro no tiene riesgo de crédito ni contraparte: no depende de que una empresa gane plata ni de que un Estado pague. Esa es exactamente su función en una cartera, señaló.
A esto se suma una demanda creciente de bancos centrales de todo el mundo, que continúan incorporando oro a sus reservas como herramienta de diversificación y protección. Según el World Gold Council, las entidades vienen comprando un promedio de 1.000 toneladas por año desde 2022 y en el primer trimestre de 2026 sumaron 244 toneladas netas.
¿Es un buen momento para invertir en oro?
El metal alcanzó un máximo de u$s 5.597 el 29 de enero de 2026 y, con una cotización cercana a los u$s 4.141, acumula una caída de aproximadamente el 26% desde ese récord. Sin embargo, el retroceso no implica necesariamente que haya llegado a un piso ni que esté garantizada una recuperación.
“Me inclino a decir que hoy es un punto de entrada mucho más razonable que hace seis meses, con una aclaración importante: entrando de a poco, no de una”, señala Bernués.
El especialista advierte que hay tres variables que conviene seguir:
- Las decisiones de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), porque los cambios en las tasas de interés pueden modificar el atractivo relativo del oro frente a otros activos.
- La evolución de las tasas reales y del dólar, dos factores que suelen presionar sobre el precio del metal.
- La demanda de los bancos centrales, que puede actuar como contrapeso que viene sosteniendo el precio.
Por su parte, Leandro Monnittola sostuvo que “el oro viene de un salto muy fuerte y el consenso de mercado espera que siga firme, sostenido por compras históricas de bancos centrales en un clima de incertidumbre”.
Cómo invertir en oro desde Argentina
Existen distintas formas de invertir en oro desde Argentina y cada una responde a objetivos diferentes. Para quienes operan en el mercado local, la alternativa más directa es el Cedear del ETF GLD (SPDR Gold Shares), un fondo que replica la evolución del precio del oro físico.
“Cotiza en BYMA en pesos o dólares. Opera buen volumen y es de fácil acceso”, explicó Bernués. El instrumento tiene una relación de conversión de 50 a 1 y actualmente cada Cedear cotiza en torno a los $ 12.330.
Los inversores que cuentan con una cuenta en el exterior también pueden acceder directamente a ETFs como GLD o IAU, dos de los vehículos más utilizados para obtener exposición al metal.
Otra opción es la compra de oro físico, ya sea mediante lingotes o monedas. Sin embargo, esta alternativa implica algunos costos y desafíos adicionales. “Hay que contar el costo de custodia, el spread entre punta compradora y vendedora y la menor liquidez”, advirtió Bernués.
También es posible invertir a través de Cedears de compañías mineras vinculadas al sector aurífero, como el ETF GDX o empresas como Barrick y Harmony Gold. No obstante, los especialistas remarcan que estas inversiones incorporan riesgos propios de cada compañía, vinculados a su gestión, costos operativos y a los países donde desarrollan sus actividades.
“Para quien busca la función de cobertura del oro, es el vehículo menos adecuado. Para quien busca una exposición más agresiva al ciclo del metal, puede tener sentido, pero es otra decisión y otro perfil”, concluyó Bernués.
Cómo distribuir el oro dentro de una cartera
El porcentaje que se destina al oro depende del perfil de riesgo, el horizonte de inversión y la composición del resto de la cartera. No existe una proporción universal que sea adecuada para todos los inversores.
Sin embargo, Bernués considera que para un perfil moderado un rango razonable se ubica entre el 5% y el 10% del patrimonio invertido. “Por debajo de 3% no mueve la aguja y por encima de 15% ya dejaste de diversificar y pasaste a hacer una apuesta direccional al metal”, explicó.
En la misma línea, Nicolás Parreira, director financiero de Grupo Sigma, planteó que para un inversor moderado con horizonte de largo plazo una distribución equilibrada podría incluir aproximadamente un 60% en renta variable, un 30% en renta fija, un 5% en oro y un 5% en instrumentos de muy corto plazo.
Según el especialista, ese 5% en oro cumple principalmente una función de cobertura y diversificación, aunque podría ajustarse en función del contexto económico internacional, la inflación, las tasas de interés y el nivel de riesgo de los mercados.
Cuáles son las desventajs de invertir en oro
Aunque suele considerarse un activo de refugio, el oro no es una inversión libre de riesgos. Su cotización puede registrar caídas pronunciadas y atravesar períodos prolongados sin recuperar máximos anteriores.
El retroceso desde los u$s 5.597 que alcanzó en enero hasta los u$s 4.141 actuales es un ejemplo de esa volatilidad. Para quien compró cerca del récord, la baja representa una pérdida considerable si vende a los precios actuales.
Otro aspecto a considerar es que el oro no genera ingresos periódicos. A diferencia de un bono que paga intereses o una acción que distribuye dividendos, la única forma de obtener una ganancia es mediante una suba de precio y una posterior venta.
Además, el metal suele enfrentar mayores dificultades cuando las tasas reales son elevadas, ya que aumenta el costo de oportunidad de mantener un activo que no produce renta.
“El oro brilla cuando esas tasas reales bajan, ya sea porque la inflación sorprende al alza o porque la Reserva Federal recorta las tasas más rápido de lo esperado. Hoy no estamos en ese escenario y por eso el metal viene lateralizando. Lo que sostiene el precio no es el ciclo de tasas sino la demanda de los bancos centrales”, explicó el economista.
Por último, quienes opten por vehículos más complejos, como el oro tokenizado o ciertas plataformas digitales, deben prestar especial atención a aspectos como la regulación, la transparencia sobre el respaldo del activo y los mecanismos de custodia.
De hecho, según el informe del Consejo Mundial del Oro y Boston Consulting Group, la confianza sigue siendo la principal barrera para que más inversores adopten este tipo de instrumentos.