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Los fondos de acciones GEM (Global Emerging Markets) acumulan en lo que va del año ingresos por u$s 34.000 millones, el mejor comienzo desde 2004 y muy por encima del promedio histórico.
El dato no es menor: el flujo es más intenso que en los arranques de 2010, 2017 o 2021, años que luego consolidaron ciclos “risk-on” en activos emergentes.
El gráfico de flujos acumulados muestra una dinámica clara: 2026 no sólo está en terreno positivo, sino que arranca con una pendiente mucho más empinada que la media.
El contexto global ayuda. Wall Street opera con valuaciones exigentes y fuerte concentración en mega caps tecnológicas, mientras que los mercados emergentes cotizan con descuento relativo frente a EE.UU.
Sin embargo, la pregunta inevitable es otra: ¿por qué Argentina no consigue captar parte de ese dinero?
Para los expertos, la Argentina podría beneficiarse de manera indirecta si la rotación hacia EM se consolida y se reduce la aversión global al riesgo. Pero para capturar flujos estructurales necesitará algo más que viento externo: necesita peso en índices, normalización financiera y estabilidad macro sostenida.

¿Por qué la Argentina no consigue captar los flujos?
Nau Bernués, asesor financiero, CEO de Quaestu, comentó en declaraciones a El Cronista que el principal flujo de capitales que migra hacia América Latina se lo lleva Brasil, por lo que al S&P Merval le cuesta salir de la zona en la que se encuentra hace varios meses.
El asesor de inversiones, Pablo Das Neves, señaló en tanto que la Argentina no captura los flujos principalmente por las siguientes razones:
- controles de capitales: “Este es el principal problema, de hecho es lo que mas condiciona la reclasificacion de Argentina.
- el costo argentino: “aun es alto, principalmente en el tema impositivo, lo que resta competitividad.
- corrupción: “Argentina sigue alto en el ranking fe percepción de corrupción global, esto afecta porque las empresas están sujetas a regímenes de compliance muy estrictos.
- finalmente el track récord argentino no ayuda, “solo llevamos dos años de un gobierno market friendly contra un historial negativo”, concluyó.
Fuga de Wall Street y récord de fondos hacia emergentes
Piedad Ortiz, economista y MBA en finanzas, explicó a este medio que a raíz de las liquidaciones masivas y preocupaciones respecto del capex (gasto en inversión) de empresas asociadas a la inteligencia artificial, los inversores dirigieron su mirada a emergentes en busca de mejores márgenes y flujos atractivos.
Señaló que en lo que va de 2026 los mercados emergentes acumulan ingresos por alrededor de u$s 39.000 millones, un flujo robusto explicado por la debilidad del dólar y la búsqueda de diversificación fuera de Estados Unidos.
A esto se suman expectativas de crecimiento significativamente superiores, con un 4,2% para EM frente al 1,8% en economías desarrolladas, junto con avances en materia de seguridad jurídica que refuerzan su atractivo relativo.
Ortiz comentó que el grueso de estos flujos va hacia los mercados asiáticos y una porción algo menor a América Latina, “donde Brasil se ha constituido como el principal receptor. Hay que considerar que los trades electorales ya ocurrieron en la mayoría de los países, quedando solo Brasil, Colombia y Perú como los regionales que tienen pendiente este cambio de Gobierno, que de ser amigable con los mercados derivaría en upsides importantes”.
La estratega explicó que Brasil es hoy el principal receptor regional de flujos por la profundidad y diversificación de su economía. “Brasil capta mucho capital por su exposición a minería, energía y agronegocios, sectores donde cuenta con múltiples compañías rentables y volúmenes relevantes. Además, se consolidó como un hub regional para el desarrollo de industrias tecnológicas y financieras, lo que le otorga una matriz productiva más diversificada, mayor estabilidad legislativa, una moneda más sólida y tasas elevadas que ofrecen rendimientos atractivos, con una Selic en torno al 15% anual”, señaló.
A nivel regional, agregó que México y Chile también absorben flujos vinculados principalmente a minería y consumo. En contraste, sostuvo que Argentina presenta una economía más dependiente de commodities y, si bien puede captar capital en el mercado de bonos, todavía muestra rezagos en equity, con un S&P Merval que cae 6,5% en lo que va del año.
“No es solo una cuestión de valuación, sino de estabilidad. Nada garantiza la continuidad del actual esquema y existe el antecedente de reversión de políticas, como ocurrió tras la gestión de Macri. A pesar de los avances, el mercado sigue priorizando estabilidad probada”, afirmó.
En esa línea, remarcó que los múltiples episodios de default están presentes en la confianza inversora. “Persisten dudas sobre el volumen de vencimientos de deuda externa, la alta dependencia de organismos multilaterales como el FMI, el BID y el Banco Mundial, y la sostenibilidad en el tiempo del proceso de acumulación de reservas. También pesa la histórica volatilidad cambiaria, reflejo de la desconfianza estructural en la moneda local”, advirtió.
“Los inversores reclaman continuidad y previsibilidad, algo que solo puede validarse con el tiempo”, subrayó. Como potenciales catalizadores, mencionó una compresión sostenida del riesgo país, el fortalecimiento de reservas, crecimiento económico con inflación moderada, una agenda exportadora consistente y una mejora en la credibilidad institucional que permita eventualmente una reclasificación de mercado y la habilitación de nuevos flujos hacia el país.
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