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Se sigue discutiendo sobre los altos registros de morosidad. A enero la irregularidad de los préstamos personales alcanzó el 13%, la de tarjetas un 10%, adelantos en cuenta 5,5%, y los documentos (totales) superaron el 2%.
Además, la Matriz de Transición del BCRA muestra que no es adecuado concluir que la mora crediticia se concentra sólo en el segmento “familias” dado que el crédito comercial también está mostrando dificultades crecientes de repago.
A diciembre de 2025, en donde el ratio de irregularidad de las empresas sumaba sólo 2,5%, si uno mira la evolución de la clasificación crediticia (del 1 al 5, siendo la 1 la situación normal) para el mismo universo de deudores que ya existía un año atrás (dejando de lado los nuevos tomadores), casi un 15% de las asistencias de la cartera comercial empeoraron de situación (y menos de 1% mejoró). Es un número sustancialmente más alto que otros episodios de alta morosidad corporativa.


La principal causa de estos inconvenientes de repago es el mismo estancamiento económico que se vio en 2025, en conjunto con el deterioro del poder adquisitivo y las dificultades crecientes en varios sectores productivos. Esta conjunción está generando problemas de repago de préstamos, luego de un aumento fuerte en los montos otorgados meses atrás.
La decisión de no prorrogar la suba de encajes iría en la misma dirección. Se comenzó a cantar el réquiem para el carry trade.
Estoy desechando así la hipótesis, difundida hace algunas semanas, de un sesgo contractivo en la política monetaria, y también la extrema volatilidad en las tasas de un día.
Tasas activas
Si bien la eliminación de una “tasa de política monetaria” (eliminación que surge del fin de las LEFI) fue un error grave en la gestión monetaria, no creemos que eso haya tenido un impacto directo (más allá del impacto indirecto a través de su incidencia en la actividad) en las tasas de interés activas y en la morosidad, en tanto que los bancos no son tan “marginalistas” como se supone, y miran más de reojo captaciones promedio o tasas del fondeo más habitual.
Tal vez el equipo económico esté buscando dar un poco de aire al mercado crediticio y, fundamentalmente, intentado que el dólar comience a deslizarse, silbando bajito, hacia valores más cercanos a la banda superior.
El sesgo de la política monetaria hoy en día es claramente expansivo, con tasas de interés de corto cada vez más negativas. El BCRA (y el Tesoro, que también ejerce la política monetaria a través de las licitaciones quincenales) están convalidando la reducción natural de las tasas en un contexto de retracción del crédito que incrementa la liquidez en el sistema.
La licitación de la Lecap con vencimiento en julio tuvo una TEM de 2,16%, en línea con la reducción que venía mostrando el mercado secundario de instrumentos cortos. Las tasas de interés pasivas, a su vez, acompañaron este descenso, ubicándose un escalón más abajo desde mediados de marzo al rango 25-27%.
¿Por qué no bajaron las tasas nominales? Porque la misma mora y evaluación del riesgo pusieron un piso en las tasas: los intereses cobrados de los deudores que pagan tienen que compensar no sólo los intereses de quienes se piensa no van a pagar, sino también del capital no pagado.
En toda esta configuración, el equipo económico tal vez esté buscando dar un poco de aire al mercado crediticio y, fundamentalmente, intentado que el dólar comience a deslizarse, silbando bajito, hacia valores más cercanos a la banda superior. La decisión de no prorrogar la suba de encajes iría en la misma dirección. Se comenzó a cantar el réquiem para el carry trade.

Pero las tasas activas siguen altas a pesar del descenso de la inflación en los últimos dos años. Un par de ejemplos solamente: las tasas de tarjetas de crédito promediaban en junio de 2024 un 95%, que es un valor similar al actual. Pero la inflación de aquel mes había sido 4,6% y 270% la de los últimos 12 meses, y ahora estamos con una inflación de 2,9% y 33%, respectivamente. Lo mismo sucede con las tasas de los préstamos personales, en donde en junio de 2024 mostraban prácticamente las mismas tasas que ahora.
El descenso tan temido
Al no descender las tasas nominales, no resulta lícito el argumento “los que sacaron préstamos a dos años quedaron engrampados con tasas correspondientes a una inflación más alta”. Con tasas todavía altas, hoy no habría incentivos para pre-cancelar deuda.
¿Por qué no se vio ese descenso proporcional? En parte, porque la misma mora y evaluación del riesgo pusieron un piso en las tasas, dado que los intereses cobrados de los deudores que pagan tienen que compensar no sólo los intereses de quienes se piensa no van a pagar, sino también del capital no pagado.
Pero una parte importante del piso en las tasas activas proviene de la misma desinflación. Los bancos, al recibir fondos a la vista que no retribuyen un interés, “cobran impuesto inflacionario”. Con el aumento de la inflación de los últimos años, los bancos usufructuaron la captación de estos depósitos sin costo (incluyendo cuentas sueldo y previsionales) pasando a ser, consecuentemente, uno de los productos más rentables.

Con el descenso de la inflación, el “impuesto inflacionario” cobrado es menor y los bancos se vieron en la necesidad, luego de discusiones en sus comités de activos y pasivos, de subir la brecha entre tasas activas y tasas pasivas. Esto es algo que ya habíamos anticipado a comienzos del 2025 en el Cronista.
Cuando se analiza la dinámica del “impuesto inflacionario cobrado”, se ve que tiene una relación inversa con el cobro neto de intereses (lo cobrado por préstamos al sector privado menos lo pagado por depósitos). Con rendimientos de Lecaps en mínimos, las cuentas a la vista ya no rinden tanto, y los bancos deben buscar la rentabilidad en mayores tasas de los préstamos.
Por supuesto, todavía queda una agenda amplia de cambio estructural para los bancos (incluyendo procesos, cantidad de sucursales y de personal, tecnificación, diseño de productos, etc), los cuales deberán adaptarse no sólo a los avances tecnológicos y cambios en los patrones de consumo, sino también a ambientes de menor inflación.















