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El análisis sobre lo que pueda suceder con el “Súper Niño” en los próximos meses gana en preocupación y florecen reportes de bancos de Wall St. y consultoras. Se trata de un calentamiento anormal del océano Pacífico que se repite cada dos a siete años. Ese calor adicional altera la circulación del aire en todo el planeta: llueve más donde antes llovía poco —como en Perú— y se secan zonas que antes eran húmedas, como Indonesia o India.
Cuando el evento es muy intenso, se lo llama “súper Niño”. El último de esa escala fue en 2015-16, y sirve de referencia: en esos meses, los alimentos en Brasil subieron 11,4% en solo medio año.
Barclays repasó en su Latin America Outlook de este mes el impacto que empieza a proyectar sobre la inflación regional, y la Argentina aparece otra vez como el caso atípico: mientras Brasil, México, Colombia, Chile y Perú se preparan para una presión alcista sobre alimentos y energía entre el cuarto trimestre de este año y el primero de 2027, domésticamente el fenómeno climático puede juegar a favor.
El Niño trae más lluvias a la Pampa húmeda, con un efecto históricamente favorable sobre la productividad agrícola; solo un evento extremo, con inundaciones severas, podría revertir ese signo.
Lo otro
El dato sobre Argentina que destaca el informe es que la inflación de agosto fue la más baja desde junio de 2025: 1,7% mensual. La inflación núcleo también cedió a 1,8% mensual, con el indicador anualizado a tres meses en 23%, el nivel más bajo desde comienzos de 2018.
Para Barclays, lo que se está viendo hoy es exactamente la contracara de lo que ocurrió entre abril y octubre del año pasado, cuando el tipo de cambio real se debilitó 25% y trasladó presión a los precios de los bienes transables
Desde las elecciones de medio término, el proceso se invirtió: el peso se fortaleció cerca de 15% en términos reales, y eso es lo que está llevando la inflación hacia abajo, no la demanda ni la actividad.
Para Barclays, lo que se está viendo hoy es exactamente la contracara de lo que ocurrió entre abril y octubre del año pasado, cuando el tipo de cambio real se debilitó 25% y trasladó presión a los precios de los bienes transables
El desafío, dice Barclays, es que el margen para seguir apreciando el peso es limitado. El BCRA ya está desacelerando el ritmo de compras de dólares para contener la presión cambiaria, lo que le saca combustible al principal motor de la desinflación reciente.
A eso se suma un frente nuevo: el petróleo. Los precios locales están por debajo de la paridd de importación, con el Brent en u$s 104 .
Con la mecha cambiaria apagándose y el combustible empujando desde el otro lado, el banco no ve drivers claros para una desinflación fuerte en los próximos meses y espera que los registros mensuales oscilen entre 1,5% y 2% hasta fin de año, con el umbral de 1,5% “difícil de perforar” porque la inercia pasa a ser, otra vez, el principal determinante.
El margen para seguir apreciando el peso es limitado. El BCRA ya está desacelerando el ritmo de compras de dólares para contener la presión cambiaria, lo que le saca combustible al principal motor de la desinflación reciente.
La política y la industria
En el plano político, Barclays plantea dudas: no espera que la baja de la inflación alcance para traccionar la popularidad de Milei. El banco pone el foco en otro lado, la actividad y el mercado laboral, como la restricción política más relevante hacia adelante.
Con la mecha cambiaria apagándose y el combustible empujando desde el otro lado, el banco no ve drivers claros para una desinflación fuerte en los próximos meses y espera que los registros mensuales oscilen entre 1,5% y 2% hasta fin de año
Y ahí los datos de julio no ayudan: la producción industrial cayó 4,9% interanual, la construcción se contrajo 4,5% —recién 1,7% arriba de 2025 en el acumulado enero-julio, pero todavía 23% por debajo de 2023— y la manufactura retrocedió 4,9% interanual, con sectores competitivos como la producción de alimentos estancados o en baja.
El diagnóstico del banco apunta a un tipo de cambio real todavía sobrevaluado como la explicación de fondo, más allá de la liberalización comercial que golpea puntualmente a rubros como el textil.
En Brasil, destaca Barclays, la inflación viene moderándose —hubo una deflación mensual de 0,32% en agosto, ayudada por un descuento transitorio en la factura de eléctricidad— pero Barclays sostiene el IPC en 4,9% para 2026 y 4% para 2027, con riesgo al alza.
Ya incorporó 20 puntos básicos de presión adicional por el impacto esperado de El Niño sobre los alimentos en el cuarto trimestre, una cifra que el banco advierte podría duplicarse según la severidad de las disrupciones. Como antecedente, citan el evento de 2015-16, cuando los alimentos en el hogar acumularon una suba de 11,4% en seis meses.
Pese a estos riesgos, Barclays espera que el Banco Central de Brasil recorte la Selic 25 puntos básicos mañana, a 13,75%, en la quinta baja consecutiva, sostenido por una economía que da señales de moderación.
Paradoja regional
La foto regional, entonces, deja una paradoja que conviene subrayar: en momentos en que El Niño amenaza con recalentar los precios de Lima a México, en la Argentina es el propio proceso cambiario —y no el clima— el que sigue marcando el rumbo de la inflación, con la incógnita de cuánto más puede rendir la apreciación del peso antes de que la inercia y el petróleo empiecen a pesar más que la desinflación importada.
Por allí pasa el desafío.

Por Guillermo Laborda
Subdirector periodístico de El Cronista
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