A finales del año pasado, la familia Bolsonaro parecía políticamente acabada.
Jair Bolsonaro, el expresidente de extrema derecha de Brasil, estaba en prisión, condenado a 27 años por planear un golpe de Estado y trasladado desde el arresto domiciliario tras intentar romper una tobillera electrónica. Su hijo combativo, Eduardo Bolsonaro, a menudo visto como su heredero más probable, fue expulsado del Congreso y vive en un autoexilio en Estados Unidos.
Pero la familia está orquestando un rápido regreso. A seis meses de las elecciones presidenciales de Brasil, Flávio Bolsonaro, el hijo mayor y de perfil más moderado, ha surgido como un candidato altamente competitivo.
Las encuestas muestran que está empatado o incluso supera al presidente Luiz Inácio Lula da Silva, en un contexto de votantes descontentos con la economía y preocupados por la inseguridad.
Bolsonaro, de 44 años y senador por Río de Janeiro, busca marcar un contraste personal claro con Lula, quien a sus 80 años aspira a su cuarto mandato.
“Brasil necesita urgentemente un cambio, un gobierno más joven, moderno y con más energía”, dijo al Financial Times. “El problema no es la edad de Lula, sino que sus ideas están desactualizadas”.
Aunque otros candidatos aún podrían ganar impulso, los analistas señalan que la elección se perfila como otro enfrentamiento profundamente polarizado entre dos figuras con bases leales, pero también con altos niveles de rechazo.
Para atraer al electorado de centro, Bolsonaro enfatiza su reputación como el miembro más moderado de la familia. Abogado y expropietario de una tienda de chocolates, su tono es menos abrasivo y confrontativo que el de su padre. Mientras Jair Bolsonaro era conocido por su escepticismo hacia las vacunas contra el Covid-19, Flávio Bolsonaro se aplicó públicamente la vacuna.
Sin embargo, su plataforma es similar a la de su padre: una mezcla de posturas de extrema derecha en temas sociales y de seguridad, con posiciones de centroderecha en economía, además de la firme convicción de que Bolsonaro padre fue condenado injustamente.
Flávio Bolsonaro, quien habló el fin de semana pasado en la conferencia conservadora CPAC en Dallas, dijo al FT que Lula es demasiado hostil hacia Estados Unidos y demasiado favorable a China.
“El presidente Lula se equivoca al cerrar la puerta a Estados Unidos y abrir Brasil como si fuera una colonia china”, afirmó.
El año pasado visitó El Salvador para observar la controvertida política de encarcelamiento masivo del presidente Nayib Bukele. Busca implementar algo similar en Brasil, con menores de 16 años juzgados como adultos y la edad penal reducida a 14 para delitos como homicidio y violación.
“Los trabajadores brasileños ya no quieren preocuparse por que alguien les ponga un revólver en la cabeza en un semáforo”, dijo.
El plan económico de Bolsonaro tiene pocos detalles, pero propone bajar impuestos y avanzar en algunas privatizaciones, incluida la del servicio postal. Sostiene que los recortes del gasto permitirían reducir las tasas de interés, aunque muchos en el sector empresarial dudan de su disposición a tomar decisiones fiscales difíciles.
Sin embargo, los analistas políticos esperan que el equipo de Lula comience a atacarlo por su historial. Entre los puntos críticos figura un escándalo por presuntos pagos irregulares desde su oficina cuando era legislador en Río, un caso que fue desestimado por la justicia. También ha sido cuestionado por supuestos vínculos con personas asociadas a milicias —grupos formados por expolicías que operan redes de extorsión en la ciudad—, acusaciones que él siempre negó.
Los seguidores de Lula sostienen que Bolsonaro no representa una versión moderada del bolsonarismo, sino que forma parte de un movimiento de extrema derecha que respaldó un golpe. “Es un lobo que intenta disfrazarse para engañar a las gallinas”, dijo Wellington Dias, ministro de Desarrollo Social y uno de los coordinadores de la campaña de Lula.
Aunque Bolsonaro lleva más de 20 años en política, también hay dudas sobre si puede resistir la intensidad de una campaña presidencial. En 2016, su candidatura a intendente de Río fue un fracaso: en un debate casi se desmaya y tuvo que retirarse. Finalmente quedó cuarto.
“Cuando empiece a recibir estos golpes de Lula, veremos si realmente es un candidato sólido”, dijo Thiago Vidal, consultor político de Prospectiva en Brasilia.
Bolsonaro también deberá lidiar con la sombra de su padre. Aunque busca conservar su base de apoyo, otros votantes podrían exigir señales de que puede construir una identidad propia. En Brasilia, recibe visitas en la oficina que usaba su padre, pero se niega a sentarse en la silla detrás del escritorio.
“Nunca me acercaré a él”, dijo. “Sería como comparar al hijo de Pelé con Pelé”.
