Donald Trump estaba en un estadio de Miami el sábado por la noche viendo una pelea de la UFC en vivo cuando su vicepresidente, JD Vance, anunció que no había acuerdo de paz con Irán tras las maratónicas negociaciones en Pakistán.
El mundo tuvo que esperar hasta el domingo por la mañana para conocer la respuesta del presidente: un bloqueo naval del Estrecho de Ormuz, con la posible confiscación de los buques que paguen peajes a Irán.
Se trata del último intento de Trump por cambiar la dinámica de la guerra entre EE.UU. e Israel contra Irán, que lanzó a finales de febrero y de la que le cuesta salir, habiendo subestimado la capacidad de la república islámica para cortar el comercio energético a través de esa vía marítima crítica.
En apariencia, el embargo naval busca reducir la capacidad de Irán de financiar su defensa limitando los ingresos que obtiene de sus exportaciones de petróleo. Pero semejante operación corre el riesgo de desestabilizar aún más los mercados energéticos globales y provocar un nuevo repunte en los precios del crudo. Además, pone en peligro el frágil alto el fuego de dos semanas acordado entre EE.UU. e Irán el martes pasado.
“Cerrar completamente el estrecho disparará los precios del petróleo aún más que antes, y aumentará la presión internacional sobre EE.UU.”, dijo Jennifer Kavanagh, directora de análisis militar en Defense Priorities, un think tank de Washington. “Muestra claramente cuán frustrado está el presidente y cuán agotadas tiene sus opciones”, añadió.
La orden de Trump refleja su esperanza de aplicar a Irán el modelo de su intervención en Venezuela, cuando EE.UU. capturó al entonces presidente Nicolás Maduro en una operación militar tras el bloqueo naval de ese país.
“Estamos imponiendo un bloqueo total. No vamos a dejar que Irán gane dinero vendiendo petróleo”, dijo Trump a Fox News el domingo. “Ya vieron lo que hicimos con Venezuela. Será algo muy similar, pero a un nivel más alto.”
Colaboradores de Trump señalan que la imposición del embargo naval —que comenzó el lunes a las 10 de la mañana, hora del este de EE.UU. (11.00 hora argentina)— fue la consecuencia de la intransigencia iraní en las negociaciones desde el alto el fuego y está diseñada para aumentar la presión sobre Teherán.
Entre las exigencias de Washington que Irán se negó a aceptar en las conversaciones lideradas por Vance en Pakistán, según un funcionario estadounidense, figuran el libre tránsito por el Estrecho de Ormuz, el desmantelamiento de las instalaciones de enriquecimiento de uranio de Teherán —bombardeadas por EE.UU. el pasado junio—, la recuperación de sus reservas de uranio enriquecido y la interrupción del financiamiento iraní a grupos proxies en la región.
Tras diseñar el bloqueo junto a Trump, Vance confía en que Irán se muestre más dispuesto a aceptar un acuerdo que satisfaga las exigencias estadounidenses, según el mismo funcionario.
Pero el régimen islámico ha demostrado en reiteradas ocasiones que no está dispuesto a ceder ante la presión. Considera que tiene la ventaja en el conflicto, siendo el estrecho su principal punto de palanca.
El canciller iraní Abbas Araghchi culpó a la administración Trump por la falta de avances en las conversaciones de Islamabad, las negociaciones de más alto nivel entre EE.UU. e Irán desde la Revolución Islámica de 1979. “En conversaciones intensivas al más alto nivel en 47 años, Irán dialogó de buena fe con EE.UU. para poner fin a la guerra”, escribió Araghchi en X. “Pero cuando estábamos a centímetros de un memorándum de entendimiento, nos encontramos con maximalismo, metas cambiantes y un bloqueo. Cero lecciones aprendidas.”
Algunos analistas apoyaron el bloqueo propuesto. “Detiene las exportaciones y los ingresos de Irán y es un contrapeso a su cierre del estrecho”, escribió en X Dennis Ross, exdiplomático y negociador estadounidense en Oriente Medio. “Puede que ataquen instalaciones petroleras del Golfo, pero aumenta la presión sobre Irán y obliga a China a presionar a Teherán”, añadió.
“La política de ‘Abierto para todos o cerrado para todos’ podría unir al mundo, ya que refleja el compromiso de mantener abierta una vía marítima internacional en beneficio de casi todos. No aumentaría los daños y la destrucción de la guerra”, sostuvo Richard Haass, otro exdiplomático, en su Substack.
Otros se mostraron escépticos, como Vali Nasr, exfuncionario estadounidense y profesor de la Universidad Johns Hopkins. Según Nasr, la amenaza de bloquear el estrecho no preocupa a la república islámica a corto plazo, ya que Teherán calcula que el cierre ejerce más presión sobre la economía global que sobre Irán. “Esto le conviene a los iraníes: prolonga el ahogo sobre la economía mundial”, dijo. “Y podrían cerrar el Bab el-Mandeb, y entonces EE.UU. tendría que lidiar también con eso.”
Desde el inicio de la guerra, Irán ha dejado claro que uno de sus principales objetivos —en lo que considera una batalla existencial por su supervivencia— es elevar los costos del conflicto para EE.UU., sus aliados y la economía global.
“No entiendo cómo bloquear el estrecho va a lograr que los iraníes lo abran. No veo la conexión”, dijo a CNN el senador demócrata por Virginia Mark Warner.
Esfandyar Batmanghelidj, director ejecutivo del think tank británico Bourse & Bazaar Foundation, señaló que Irán ya se había bloqueado a sí mismo al tener acceso limitado a los ingresos petroleros. “Un bloqueo estadounidense podría sacar el petróleo iraní del mercado, pero el impacto en el presupuesto del Estado será secundario y, de todos modos, palidecer frente a los costos que Irán estuvo dispuesto a asumir por los ataques aéreos. Como táctica para presionar a Irán, es cuanto menos extraña”, afirmó.
El Comando Central de EE.UU. señaló en un comunicado que el bloqueo se aplicará “de forma imparcial a los buques de todas las naciones que entren o salgan de puertos iraníes y zonas costeras, incluidos todos los puertos iraníes en el Golfo Arábigo y el Golfo de Omán”.
Los analistas han advertido reiteradamente contra las comparaciones con el régimen de Maduro en Venezuela, señalando que la república islámica lleva casi medio siglo construyendo una burocracia arraigada y décadas preparándose para el tipo de guerra asimétrica que libra actualmente, liderada por los ideológicamente motivados Guardianes de la Revolución. A diferencia de Venezuela, donde Trump encontró en Delcy Rodríguez una sucesora de Maduro dispuesta a colaborar, los líderes que quedan del régimen iraní tras el asesinato del ayatolá Ali Jamenei —reemplazado como líder supremo por su hijo Mojtaba— no han cedido ante las exigencias de Washington.
El bloqueo naval de Trump representa un giro abrupto respecto a la estrategia de Washington de permitir que Irán siga exportando petróleo mientras buscaba calmar los mercados energéticos, compensando las pérdidas de producción sufridas por sus vecinos del Golfo a raíz del cierre del estrecho y los ataques iraníes a sus instalaciones de petróleo y gas.
El estrecho es vital para las exportaciones e importaciones iraníes. Pero Irán tiene alternativas para recibir alimentos y otros bienes, ya que comparte fronteras con 15 países, incluidas rutas terrestres hacia Irak y Turquía al oeste, estados de Asia Central y Rusia al norte, y Afganistán y Pakistán al este.
Kavanagh señaló que el bloqueo naval también plantea desafíos operativos que no existieron durante la acción contra Venezuela. “Imaginemos que es un buque de un estado del Golfo o francés el que cruza y pagó el peaje”, dijo. “¿Qué va a hacer EE.UU.? ¿Confiscar un buque tanquero aliado? ¿Y si es un barco chino el que pagó? ¿Vamos a confiscar un buque tanquero chino? ¿Y qué van a hacer los chinos?”
