¿Hasta qué punto podría empeorar la crisis alimentaria mundial?

Los precios de los alimentos básicos están bajando, pero los expertos dicen que la producción global y los niveles de hambre podrían empeorar en 2023.

¿El alto precio de los alimentos ha tocado techo? Incluso antes de que el acuerdo de cereales con la intermediación de Naciones Unidas entre Kiev y Moscú diera luz verde a la exportación de grano desde Ucrania a través del Mar Negro, los precios de los alimentos básicos habían bajado. El temor a la recesión, una cosecha extraordinaria en Rusia y la esperanza de nuevos flujos de comercio de granos han bajado aún más los precios.

Pero esto no significa que haya terminado la crisis alimentaria. Los analistas aseguran que los factores que hicieron subir a los mercados no han cambiado. La guerra es sólo uno de los muchos problemas que podrían sostener los niveles de hambre altos en los próximos años.

El conflicto en Ucrania se produjo cuando los precios ya estaban al alza por una serie de factores -sobre todo las sequías que afectan a países productores clave y las cadenas de suministro afectadas por los problemas residuales de la pandemia. En los países más pobres con las economías bajo mínimos por los confinamientos, la guerra solo ha exacerbado su situación.

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"Esta crisis alimentaria se distingue de las demás porque tiene múltiples causas", afirma Cary Fowler, encargada estadounidense de la seguridad alimentaria. El verdadero impacto de esta combinación de factores no se verá hasta el próximo año. "Me preocupa más 2023 que 2022", afirma.

La guerra está siendo un gran lastre para la producción global de alimentos. Con el bloqueo en los puertos ucranianos y la capacidad limitada de las rutas alternativas, los volúmenes de la exportación son mucho más bajos. En junio, el país exportó solo un millón de toneladas de trigo, maíz y cebada -un 40% menos que en junio de 2021.

La cosecha de Ucrania comenzó este mes, pero si los agricultores no pueden vender el grano, habrá un efecto dominó en 2023 porque no tendrán fondos para comprar las semillas y fertilizantes de la siguiente temporada. Puede que ni siquiera tengan cosecha, advierte una autoridad de la política alimentaria internacional.

Los altos precios de las materias primas de la última primavera pueden haber incentivado una mayor producción en otros lugares. Pero esto se contrarresta con el incremento de costos para muchos granjeros, especialmente de los fertilizantes y el diésel para el transporte y la maquinaria agrícola.

Las autoridades del sector advierten que los precios al alza de la energía, que podrían subir más este invierno, también han golpeado a la producción de fertilizantes de nitrógeno, un nutriente clave para la cosecha.

Hasta ahora, la principal preocupación alimentaria ha sido el suministro de grano, especialmente el trigo y los aceites vegetales de los que Ucrania es un gran exportador. A algunos analistas les preocupa el precio del arroz, la piedra angular de la dieta asiática.

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Por ahora, hay altos niveles de stock en países productores líderes como India, Tailandia y Vietnam. Sin embargo, preocupan las restricciones a la exportación si el alto costo del trigo hace que los consumidores recurran al arroz como sustituto.

Sólo se exporta el 10% de la producción global total de grano, por lo que las restricciones de un solo exportador pueden tener un impacto desorbitado sobre los precios internacionales.

"Si se sustituyera el arroz por el trigo, los stocks existentes podrían caer, provocar las restricciones de productores clave y hacer subir los precios del arroz", afirman los analistas del banco japonés de inversión Nomura.

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Antes de que Rusia invadiera Ucrania, la inseguridad alimentaria se situaba a niveles récord. Debido a la pandemia, las sequías y otros conflictos regionales, 770 millones de personas pasaban hambre en 2021 -la cifra más alta desde 2006, según Naciones Unidas.

La FAO prevé que la guerra en Ucrania aumente el número de personas desnutridas en 13 millones este año y otros 17 millones en 2023. Según el Banco Mundial, por cada punto porcentual de incremento de los precios, otros 10 millones de adicionales de personas caerán en la pobreza extrema.

En África, Oriente Medio y Asia Central, el consumo de alimentos básicos supera a la producción. Los países de estas regiones son los más expuestos a la sub a de los precios, según el grupo de datos Gro Intelligence. Muchas economías emergentes se enfrentan a la carga adicional de la devaluación de sus monedas.

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El impacto sobre los países de Oriente Medio y África que dependen de las importaciones de Ucrania y Rusia ha sido tremendo. Egipto ha pedido ayuda al FMI, la inflación en Turquía ha aumentado al 80% mientras el Banco Mundial describe la crisis del Líbano como uno de las más severas en 100 años.

Incluso los países que no compran a Rusia o Ucrania, pero son importadores netos de productos agrícolas se enfrentan a unas importaciones más caras. Los precios de alimentos básicos como el pan, la pasta y los aceites han subido rápidamente. El pan en Bulgaria cuesta casi un 50% más que en junio del año pasado. El aceite para cocinar en España es el doble de caro que hace un año y los precios del azúcar en Polonia han subido un 40%.

En países con ingresos más bajos donde los alimentos suponen una proporción mayor del gasto, resulta más difícil recortar para compensar la suba del costo de vida. En Egipto, donde los alimentos y las bebidas no alcohólicas representan más de un tercio del gasto familiar, los precios han subido un 24%. En Etiopía, donde el presupuesto en alimentación es incluso más alto, la inflación es del 38%.

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Sin embargo, no todo el mundo cree que la crisis vaya a agudizarse. Morgan Stanley ha publicado un informe optimista sobre el futuro de los precios de los alimentos, sugiriendo que los incrementos en 2023 serán más bajos de lo esperado. El aumento de la producción, incluyendo Ucrania, suavizará la inflación de los alimentos, según el informe.

Mientras el mundo espera que la reapertura del Mar Negro para dar paso al cereal de Ucrania sea el inicio del alto el fuego, aún inquietan las intenciones de Rusia, que continúa atacando los puertos ucranianos.

Muchos gobiernos occidentales temen que la actual crisis alimentaria dure años. La guerra, la pandemia, el cambio climático y otros conflictos que han impulsado la inflación podrían continuar influyendo.

Los consumidores tendrán que acostumbrarse a los precios altos, advierten los economistas. Capital Economics prevé "unos precios históricamente altos" mientras dure la volatilidad meteorológica. Algunos analistas se preguntan si el conflicto ha iniciado un proceso de desmantelamiento de un sistema de comercio diseñado para suministrar productos de bajo costo, incluyendo los alimentos básicos, a todos los rincones del mundo.

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