Antes de partir el jueves hacia la Conferencia de Seguridad de Múnich, Marco Rubio fue consultado sobre qué necesitaban escuchar de él los funcionarios europeos. “Sinceramente, quieren saber hacia dónde nos dirigimos”, dijo el secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional de Donald Trump. “Vivimos en una nueva era en la geopolítica”, añadió. “Y eso va a requerir que todos volvamos a examinar cuál será nuestro papel”.
El año pasado, Trump envió a JD Vance al encuentro en Alemania. Los aliados más cercanos de Estados Unidos quedaron atónitos cuando el vicepresidente acusó a las sociedades europeas de reprimir la libertad de expresión y señaló que la “amenaza interna” era el mayor desafío del continente.
Es probable que Rubio adopte un tono menos combativo. “Es muy bueno para presentarse y tranquilizarlos”, afirma Jeremy Shapiro, director de investigación del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores.
Sin embargo, eso podría no ser suficiente para aliados que aún se recuperan de una ráfaga de movimientos agresivos en política exterior. La aparición de Rubio se produce tras la mayor tensión transatlántica en décadas, después de que Trump amenazara con imponer aranceles a varios países europeos por Groenlandia. Aunque finalmente dio marcha atrás, el daño fue considerable. En Oriente Medio, los aliados observan con preocupación la escalada de amenazas contra Irán mientras continúan conversaciones frágiles con Teherán. En Sudamérica, Rubio fue el rostro de la polémica decisión de Trump de capturar al presidente venezolano Nicolás Maduro en una audaz operación nocturna el mes pasado.
En todo este proceso, Rubio ha aparecido consistentemente junto a Trump para respaldar y justificar sus decisiones, consolidando su transformación de crítico y rival en 2016 —cuando Trump lo apodó “Little Marco”— a uno de los lugartenientes más leales del presidente.
“Los funcionarios republicanos electos en la era Trump tienen dos opciones: adaptarse al nuevo líder de su partido o retirarse”, dice Whit Ayres, encuestador que trabajó para Rubio en la campaña de 2016. “Rubio se adaptó… y le ha ido muy bien”.
Nacido en Miami en 1971, Rubio es hijo de inmigrantes cubanos que dejaron la isla en 1956. “Mi padre era cantinero. Mi madre fue cajera, empleada doméstica y reponedora en K-Mart”, dijo en la convención republicana de 2012. “Es firmemente anticomunista y profundamente proestadounidense”, señala Carlos Giménez, congresista republicano que lo conoce desde hace dos décadas.

Rubio estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Florida y Derecho en la Universidad de Miami. En 1998 se casó con Jeanette Dousdebes, animadora de los Miami Dolphins, y tienen cuatro hijos. “Es un hombre muy religioso… su fe es central en su vida”, dice Giménez.
Su carrera política comenzó como comisionado de la ciudad de West Miami, antes de integrar la legislatura de Florida. Luego aprovechó la ola del “Tea Party” en 2010 para llegar al Senado de Estados Unidos, donde fue elegido para responder en nombre del Partido Republicano al discurso sobre el Estado de la Unión de Barack Obama en 2013. Su intervención fue duramente criticada cuando tuvo que alcanzar torpemente una botella de agua en plena transmisión. “Dios tiene una manera curiosa de recordarnos que somos humanos”, bromeó al día siguiente.
Durante su rivalidad en 2016, Trump solía burlarse de ese episodio, mientras Rubio calificaba a Trump de “estafador”. Aunque su intento de llegar a la Casa Blanca fracasó, sus ambiciones no desaparecieron.
Durante el primer mandato de Trump, Rubio adoptó cada vez más el populismo del presidente, especialmente en materia de aranceles e inmigración. Aun así, muchos aliados respiraron aliviados cuando Trump lo eligió como secretario de Estado para un segundo mandato, confiando en su reputación bipartidista y su firme defensa de la OTAN y los derechos humanos.
Por encima de todo, ha demostrado lealtad. Cuando Trump recortó la ayuda exterior y presionó a Ucrania para alcanzar un acuerdo con Rusia, Rubio salió en los medios a respaldarlo, generando indignación entre quienes consideraban que traicionaba sus propias posiciones. “El senador Rubio no habría tolerado lo que está haciendo el secretario Rubio”, afirma Thomas Melia, exsubdirector del equipo demócrata del Comité de Relaciones Exteriores del Senado.
La preferencia de Trump por enviar a su amigo Steve Witkoff y a su yerno Jared Kushner a negociar algunas de las crisis más graves del mundo alimentó especulaciones sobre un posible desplazamiento de Rubio. Sin embargo, en mayo fue ascendido también a asesor de Seguridad Nacional, además de secretario de Estado, lo que implica largas horas en la Casa Blanca y cercanía directa con Trump.
Esto ha generado especulaciones sobre una eventual candidatura de Rubio en 2028 frente a Vance. Un exasesor señaló que “queda mucho camino por recorrer” y que Trump tendrá un papel decisivo en la elección del candidato. “Muchos partidarios y colaboradores apoyan a Vance, pero el propio Trump menciona a ambos”, añadió.
Las tensiones del pasado parecen superadas. “Las personas pueden desarrollar relaciones personales”, comenta un funcionario del Departamento de Estado, señalando que Trump “bromea” con él. Por su parte, Rubio suele ofrecer elogios públicos al presidente. “Donald J. Trump no está limitado por lo que otros consideran posible o imposible”, dijo ante una audiencia en Davos. Según Ayres, Rubio, fluido en español, es un defensor particularmente “articulado” de las políticas de Trump y “no pierde la calma con facilidad”.
En la Casa Blanca, Rubio mantiene una relación cercana con la jefa de gabinete Susie Wiles, también de Florida. “La profundidad de conocimiento de Marco es innegable, pero su rapidez mental y sentido del humor hacen que sea ampliamente admirado”, afirma.
Tras Múnich, Rubio viajará a Eslovaquia y luego a Hungría, países más alineados con Trump que los aliados tradicionales de Europa occidental. “Hay mucho que valorar en la forma en que Hungría aborda los problemas y está dispuesta a trabajar en soluciones… algo que otros socios no pueden hacer ahora mismo”, señala el funcionario, agregando que la percepción de Europa occidental sobre Rusia como “una amenaza existencial” dificulta alcanzar una conclusión diplomática en Ucrania.
Aun así, Ayres confía en que, pese a respaldar los cambios de Trump en la diplomacia estadounidense, Rubio no llevará al país a convertirse en una superpotencia descontrolada. “Marco siempre ha creído que el mundo es un lugar mejor y más seguro cuando Estados Unidos desempeña un papel prominente, y creo que sigue creyéndolo”, afirma. “Nunca ha sido aislacionista ni partidario de retirarse del mundo”.
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