Segunda vuelta en Brasil: la coalición 'carne, biblia y balas' de Bolsonaro llegó para quedarse

El controvertido presidente de Brasil y sus aliados fueron los verdaderos ganadores de la primera vuelta de las elecciones.

Jair Bolsonaro puede haber terminado en segundo lugar en las elecciones presidenciales del domingo en Brasil, pero su resultado del 43,2% superó las encuestas previas a las elecciones y lo catapulta al ballottage con un nuevo impulso. 

Muchos de sus aliados y exministros del gabinete fueron elegidos para el Congreso y las gobernaciones estatales. Su Partido Liberal formará el mayor bloque en el Senado.

Luiz Inácio Lula da Silva, el expresidente de izquierda, obtuvo el 48,4% de los votos. Sigue siendo el favorito para ganar la segunda vuelta, el 30 de octubre, pero su reacción inicial de que el resultado del domingo era simplemente una "prórroga" de la campaña ocultó la magnitud de la decepción de la izquierda.

Lula y Bolsonaro van a ballotage, tras una elección más reñida de lo esperado

Los resultados de las elecciones presidenciales, parlamentarias y de gobernadores estatales sugieren que Lula y su Partido de los Trabajadores (PT) aún no han convencido a la mayoría de los brasileños de que han aprendido las lecciones de los errores económicos y los escándalos de corrupción del pasado. Lula "no ha sentido realmente la necesidad de aportar nuevas ideas", dice Anthony Pereira, director del Centro Latinoamericano y del Caribe Kimberly Green de la Universidad Internacional de Florida. "Está un poco anclado en el pasado".

El voto del expresidente de 76 años se mantuvo bien en el nordeste de Brasil tras una campaña centrada en la lucha contra la pobreza. Pero tuvo menos éxito en los tres estados más poblados (y más ricos) de San Pablo, Río de Janeiro y Minas Gerais. Aquí los aliados de Bolsonaro lideraron las carreras de gobernadores o las ganaron directamente.

Por lo tanto, no se repetirá el impulso de la 'Marea Rosa' de la izquierda que llevó a Lula a la presidencia en la década de 2000 con más del 60% de los votos. Se prevé que su coalición mejore ligeramente sus resultados en el Congreso, pero quedará muy lejos de la mayoría.

Si el expresidente se impone en la segunda vuelta, le será mucho más difícil gobernar un país intensamente polarizado. La izquierda dura también ha aumentado su fuerza en el Congreso.

El resultado de la primera vuelta refleja los profundos cambios que se han producido en Brasil en la última década, en particular el crecimiento del lobby del agronegocio, las iglesias evangélicas y el de las armas, todos ellos aliados clave de Bolsonaro.

La derecha dura de Brasil "está ahora mucho más organizada y sofisticada", dice Mónica de Bolle, del Instituto Peterson de Economía Internacional en Washington. Si Lula gana un tercer mandato, "lo más probable es que acabe decepcionando, no por lo que haga, sino porque el país está muy polarizado".

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Los grandes perdedores fueron los partidos de centro y las alternativas presidenciales de "tercera vía". El PSDB, partido del expresidente Fernando Henrique Cardoso, tuvo su peor elección de este siglo, al no llegar a la segunda vuelta para la gobernación del estado de San Pablo y ver cómo Eduardo Leite, una de sus más brillantes esperanzas presidenciales, pasaba por poco a la segunda vuelta para la gobernación de Rio Grande do Sul, el estado que gobernaba antes.

Una campaña presidencial muy polarizada, en la que se enfrentaron sobre todo las personalidades de Bolsonaro y Lula, dejó poco espacio para los argumentos políticos razonados. Simone Tebet y Ciro Gomes, los candidatos presidenciales que quedaron en tercer y cuarto lugar, sólo consiguieron el 7,2% de los votos entre ambos. Ninguno de los dos ofreció un apoyo inmediato a los candidatos principales. Es probable que el 3% de Gomes se incline hacia la izquierda, pero el 4,2% de Tebet podría estar más repartido.

Los inversores se entusiasmaron con el resultado del domingo, creyendo que Lula tendrá que moverse más hacia el centro para ganar. Algunos creen que ahora es posible una victoria de Bolsonaro y unas políticas económicas más favorables al mercado.

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Pero los que esperan que se acaben los ataques personales y la ausencia casi total de debate sobre políticas que han arruinado la campaña hasta ahora se sentirán decepcionados. Es probable que la segunda vuelta traiga aparejada una mayor polarización y un mayor riesgo de violencia.

Aumentará el temor a un resultado final desordenado de las elecciones presidenciales, con Bolsonaro y su movimiento altamente organizado de partidarios bien armados impugnando el resultado.

El presidente ha cuestionado con frecuencia la validez de las encuestas de opinión y la legitimidad del sistema de voto electrónico de Brasil. El domingo, Bolsonaro afirmó que "en una elección limpia ganaremos con más del 60% de los votos". El resultado, que demostró que los encuestadores habían subestimado su apoyo, sólo lo habrá envalentonado.

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