

La participación de los programas ilegales en el mercado brasileño del software retrocedió un punto porcentual en 2011, según un estudio de Business Software Alliance (BSA). El índice actual, de 53%, representa la sexta caída anual consecutiva de la tasa de piratería de software en el país. En 2005, esa participación era del 64%.
El sondeo, realizado a nivel mundial, engloba el mercado de software de 116 países. El índice global de piratería se mantuvo estable en el período, en alrededor de 42%. Según BSA, una organización que reúne a grandes compañías del sector, ese panorama se explica, en gran parte, por el mal año para el mercado de computadoras.
Frank Caramuru, director de BSA en Brasil, consideró que el país comienza a recoger los resultados de las acciones promovidas en conjunto por el gobierno, las compañías y las entidades del sector. "El trabajo fue bien hecho. Hoy, Brasil posee la tasa más baja de piratería de América latina, al lado de Colombia, y el menor índice entre los países del Bric", dijo el ejecutivo.
En 2011, el software pirata representó 61% del total de ventas en esa área en América latina. Con 88%, Venezuela tuvo el índice más alto de programas ilegales en la región. En los países del Brics, la tasa llegó a 70%. China registró el promedio más elevado, con 77%, seguida por India y Rusia, ambas con 63%.
Para Caramuru, otro factor que acelerará a reducción de la piratería, tanto a nivel global como en Brasil, es el crecimiento de la oferta de software como servicio. En sustitución al modelo tradicional de ventas de licencias, en ese formato los sistemas se entregan a través de internet y se pagan con tasas mensuales, similares a una cuenta de luz. "El avance de los tablets también contribuirá a esa reducción. Pero creo que los efectos positivos de esas dos vertientes comenzarán a sentirse con más fuerza dentro de dos años", dijo el ejecutivo.
A contramano de los buenos resultados obtenidos en la reducción de los índices de piratería, las pérdidas con software adquirido de manera ilegal en Brasil crecieron 8% en 2011, a u$s 2.800 millones. El avance, explicó Caramuru, acompaña la expansión del propio mercado local de software. Los programas vendidos legalmente movieron, a su vez, u$s 2.500 millones en el mismo período.
Los mayores perjuicios por piratería se registraron en Estados Unidos. El año pasado, el país acumuló una pérdida de u$s 9.700 millones. A pesar de eso, con un índice actual de 19%, el mercado estadounidense, presenta la tasa mundial más baja de piratería de software. Figuran en la relación de países con grandes pérdidas China (u$s 8.900 millones), Rusia (u$s 3.200 millones) e India (u$s 2.900 millones).
En una etapa inédita del estudio, BSA colectó datos sobre los hábitos de compra de 15.000 usuarios de software en 33 países. En Brasil, 46% de los consultados admitieron adquirir programas piratas, y 28% dijeron que lo hacen con regularidad. La tasa mundial de consumidores que reconocieron comprar software ilegal fue de 57%.
Según BSA, gran parte de la piratería a nivel empresarial se relaciona con los ejecutivos que toman decisiones y, al mismo tiempo, con la falta de conocimiento de los riesgos inherentes a esas prácticas. De acuerdo a la legislación brasileña, una empresa puede ser obligada a pagar hasta 3.000 veces el valor del software, en caso de verificarse que utiliza un programa ilegal, afirmó Caramuru. El director de BSA dijo que, en promedio, la multa en el país equivale a 10 veces el valor del software. En 2011, hubo 300 acciones judiciales en ese sentido.
"Nuestra idea es no llegar a la sentencia, y sí, hacer un acuerdo para que la empresa legalice los software instalados en sus computadoras. Por otro lado, no se pueden dejar de lado las acciones de represión a esas prácticas", señaló.
En Brasil se realizaron 680 acciones de combate a la piratería de software en 2011, según datos de a Asociación Brasileña de Empresas de Software (Abes). Esas iniciativas derivaron en la aprehensión de 3,16 millones de copias ilegales, un crecimiento de 81% en comparación al volumen aprehendido en 2010.










