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En un bar italiano, un editor le explica a un estudiante que “En el mundo están los cretinos, los imbéciles, los estúpidos y los locos”. La escena pertenece a El péndulo de Foucault (primera edición en español: Lumen, 1989; hay muchas más), la novela de Umberto Eco. El que habla es Jacopo Belbo, que trabaja en una editorial, durante una conversación en el bar Pílades con Casaubon, un estudiante que prepara su tesis.

La frase abre una clasificación completa: Belbo distingue cuatro tipos de personas, describe a la persona normal y al genio, y cierra la charla con otra sentencia: “Todo gran pensador es el estúpido de otro”.

Quién fue Umberto Eco: filósofo, semiólogo, escritor

Umberto Eco nació el 5 de enero de 1932 en Alessandria y murió el 19 de febrero de 2016 en Milán. Fue escritor, semiólogo, crítico literario y medievalista, y profesor de la Universidad de Bolonia, donde ocupó la cátedra de Semiótica desde 1975 y fue profesor emérito desde 2008.

Entre sus obras de teoría figuran La estructura ausente (1968) y Tratado de semiótica general (1975), y entre sus novelas El nombre de la rosa (1980), El péndulo de Foucault (1988), La isla del día de antes (1994) y Baudolino (2000).

El péndulo de Foucault: de qué se trata la novela

El péndulo de Foucault se publicó en Italia en octubre de 1988, de la mano de Bompiani. Está dividida en diez partes que llevan los nombres de las sefirot: Keter, Hokmah, Binah, Hesed, Geburah, Tiferet, Nesah, Hod, Yesod y Malkut. La narra en primera persona Casaubon, y el relato arranca en el Conservatoire des Arts et Métiers de París, ante el péndulo que da título al libro.

Casaubon, Jacopo Belbo y Diotallevi trabajan en una editorial de Milán cuyo dueño es el señor Garamond. Llaman “diabólicos” a los aficionados al ocultismo que les llevan sus manuscritos, y con ese material inventan por juego el Plan, una conspiración templaria ficticia. A medida que avanza la trama, esa invención empieza a parecerles cierta.

Al lado de esta novela, El Código da Vinci es juego de niños.

Tapa de la edición de Plaza & Janés de El péndulo de Foucault, de Umberto Eco... la que leí yo.Sudamericana

La particular clasificación de las personas que hace Eco a través de un personaje

Belbo describe al cretino como alguien que “ni siquiera habla, babea, es espástico” y al que “se le reconoce en seguida”. Al imbécil lo define como “el que habla siempre fuera del vaso”, con el ejemplo de quien pregunta por su bella esposa a un hombre recién abandonado, y cree que es “una raza en extinción” y que “no es nunca creativo, trabaja de prestado”.

Del estúpido afirma que “no se equivoca de comportamiento. Se equivoca de razonamiento”, que razona casi como uno, “sólo que con una desviación infinitesimal”, y que se publican muchos libros escritos por estúpidos “porque a primera vista son muy convincentes”.

Al loco lo presenta como “un estúpido que no conoce los subterfugios”, que “avanza por cortocircuitos” porque para él “todo demuestra todo”, y sostiene que “tarde o temprano el loco saca a relucir a los templarios”. Belbo califica el esquema de “una teoría ad hoc” y aclara que no pretende “arreglar el universo”.

La persona normal, el genio y el pensador estúpido

En el mismo pasaje, Belbo sostiene que “la persona normal es la que combina razonablemente todos esos componentes o tipos ideales” y que el genio es “el que pone en juego uno de esos componentes de manera vertiginosa, alimentándolo con los demás”. Hacia el final de la charla afirma: “Todo gran pensador es el estúpido de otro”. Casaubon responde con “El pensamiento como forma coherente de estupidez” y Belbo lo corrige: “La estupidez de un pensamiento es la incoherencia de otro pensamiento”.