Tener un empleo a jornada completa no ha sido suficiente para que Manuel Heredia pueda acceder a una vivienda. Este mozo de almacén que reside en Cataluña trabaja ocho horas al día, pero cuando termina su jornada regresa a la calle, donde duerme sobre cartones.
“Mi situación actual es que vivo en la calle teniendo un trabajo. Prefiero estar en la calle y poder comer que estar en una habitación y no comer”, explicó Heredia en una entrevista recogida originalmente por el diario catalán ARA.
Su objetivo ahora es ahorrar todo lo posible. “Ya me gustaría poder cambiarme todos los días de camiseta y de pantalón, pero ahora mismo no puedo porque prefiero mantener un poco más y juntar dinero a ver si consigo a final de año tener una casa”, relató.
Manuel Heredia trabaja ocho horas al día, pero duerme en la calle
Heredia asegura que tiene un empleo a jornada completa como mozo de almacén. Según su propio testimonio, percibe 1200 euros y tres pagas, aunque considera que sus ingresos no le permiten asumir al mismo tiempo el coste de una vivienda y sus gastos básicos.
“Entrecomillas tengo un sueldo, no es nada del otro mundo, son 1200 euros pero con tres pagas”, explica.
Ante esa situación, dice haber tomado una decisión extrema: reducir al máximo sus gastos y permanecer en la calle mientras intenta reunir dinero suficiente para acceder a una casa. “Prefiero estar en la calle y poder comer que estar en una habitación y no comer”, resume.
Su día comienza de madrugada. Se levanta alrededor de las cinco de la mañana y toma un tren para llegar al trabajo antes de las 6.30 horas.
Después de completar sus ocho horas de jornada, aprovecha las instalaciones de su lugar de trabajo para ducharse. Más tarde regresa al lugar donde pasa la noche, sobre cartones y bajo los portales de una biblioteca.
Su objetivo: ahorrar para tener una casa antes de final de año
La situación de Heredia no responde, según cuenta, a la ausencia de ingresos, sino a su intención de reservar la mayor cantidad posible de dinero para intentar cambiar su situación habitacional.
Ese objetivo condiciona también sus gastos cotidianos. En su testimonio reconoce incluso que evita renovar su ropa con frecuencia para destinar el dinero al ahorro.
“Ya me gustaría poder cambiarme todos los días de camiseta y de pantalón, pero ahora mismo no puedo porque prefiero mantener un poco más y juntar dinero a ver si consigo a final de año tener una casa”.
No existe, sin embargo, información aportada que permita asegurar que vaya a conseguir una vivienda antes de que termine el año. Se trata de su objetivo personal, no de una compra o alquiler ya acordado.
Mientras tanto, Heredia afirma que trata de conservar sus rutinas de higiene pese a vivir en la calle y reivindica que su situación residencial no define quién es como persona.
Tener trabajo ya no evita necesariamente situaciones de exclusión
El Informe sobre Exclusión y Desarrollo Social en Cataluña de FOESSA señala que la precariedad laboral afecta a 1,4 millones de personas en Cataluña, equivalentes al 38% de la población ocupada. Además, el 55,4% de las personas en situación de exclusión social viven en hogares en los que la persona sustentadora principal tiene trabajo.
Este matiz resulta importante: la cifra de 1,4 millones no significa que haya 1,4 millones de “trabajadores pobres”, como puede desprenderse del material original, sino que FOESSA habla específicamente de personas afectadas por precariedad laboral.
La vivienda aparece, además, como uno de los principales factores de exclusión. FOESSA estima que alrededor de 1,5 millones de personas en Cataluña viven en situación de exclusión residencial, mientras que 568.000 hogares sufren algún tipo de precariedad relacionada con la vivienda.
Los datos de FOESSA apuntan igualmente a una presión creciente de los costes residenciales. A escala nacional, su Encuesta sobre Integración y Necesidades Sociales situó en 9,4 millones el número de personas en exclusión social y señaló que los problemas relacionados con la vivienda afectan a uno de cada cuatro hogares.
La historia de Manuel Heredia muestra una de las caras más extremas de ese problema: la de una persona que mantiene una jornada laboral completa pero que, según su testimonio, sigue sin disponer de un hogar y duerme en la calle mientras intenta ahorrar para conseguirlo.