

El zumo de naranja ha ocupado durante décadas un lugar casi inamovible en el desayuno español. Se lo ha asociado a la vitamina C, a los hábitos saludables y a una forma fácil de empezar el día con energía.
Sin embargo, Jaume Fontanals, divulgador y experto en microbiota intestinal, ha puesto en cuestión esa imagen con un vídeo en TikTok que ha acumulado miles de visualizaciones y ha reabierto un debate recurrente sobre lo que realmente significa comer sano.
El argumento de Fontanals es tan contundente como visual. Según explica, un vaso de 250 mililitros de zumo de naranja puede contener entre 20 y 25 gramos de azúcar, lo que equivale a unas seis cucharaditas.

Seis cucharadas de azúcar en un solo vaso
La cifra cobra mayor peso cuando se pone en contexto: la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda no superar los 25 gramos de azúcar libre al día, de modo que un único vaso de zumo puede dejar al consumidor en el límite de ese umbral antes de haber desayunado nada más.
El experto añade otro dato que suele pasar desapercibido: para preparar ese vaso hacen falta entre tres y cuatro naranjas, una cantidad que, en condiciones habituales, muy pocas personas se comerían de una sentada.
Al convertirlas en zumo, el consumo de azúcar se concentra y se acelera, y se pierde además uno de los elementos más valiosos de la fruta entera.

Por qué la fruta entera es preferible al zumo
La clave de la explicación de Fontanals reside en la fibra. Cuando se consume la naranja completa, la fibra presente en la pulpa ralentiza la absorción de los azúcares, contribuye a la sensación de saciedad y ayuda a moderar los picos de glucosa en sangre.
Al exprimir la fruta, esa fibra desaparece del vaso y el azúcar llega al organismo de forma mucho más rápida y directa.
Este es también el argumento que manejan organismos como la OMS o la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), que diferencian entre el azúcar intrínseca —la que está integrada en la estructura celular de la fruta— y el azúcar libre, que incluye tanto la añadida como la que queda liberada al procesar o triturar la fruta.
Desde esa perspectiva, el zumo, aunque proceda de fruta natural, se comporta de forma más parecida a una bebida azucarada que a la fruta en su estado original.
La clave para moderar y no prohibir
El mensaje de Fontanals no plantea una condena sin matices. El propio experto aclara que tomar un zumo de forma puntual no supone ningún problema y que el verdadero riesgo aparece cuando ese hábito se repite a diario sin ser consciente de su impacto real. “Eso no quiere decir que no te bebas un zumito una vez al mes, pero ten control de tus acciones, porque somos lo que comemos”, concluye en el vídeo.
El debate que ha generado entre sus seguidores refleja la confusión que todavía existe alrededor de este tema. Muchos usuarios han señalado que “no es lo mismo azúcar procesada que azúcar natural”, una distinción que la ciencia matiza: aunque el origen sea diferente, una vez que el azúcar de la fruta queda libre del contexto de la fibra y la célula vegetal, el organismo la procesa de manera similar.
La recomendación de la mayoría de los nutricionistas apunta en la misma dirección que Fontanals: comer la fruta entera siempre que sea posible.














