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Aunque se mantuvo con bajo perfil, el gobierno de Javier Milei se trajo del Argentina Week un compromiso clave en materia de energía nuclear. Se trata del plan de la empresa estadounidense Nano Energy para avanzar con una oferta concreta de invertir más de u$s 230 millones y reabrir una planta de la firma estatal Dioxitek para producir combustible nuclear y abrir una futura puerta a la exportación.
De aprobarse, podría tratarse del primer acuerdo nuclear en el ámbito del RIGI, con potencial de ampliar su alcance productivo en el mediano plazo. Los documentos del plan de inversión de Nano Energy ya están en manos del Ministerio de Economía, a la espera de su confirmación.
Acorde a la información a la que accedió El Cronista, la iniciativa privada contempla el millonario desembolso para finalizar la Nueva Planta de Uranio (NPU) ubicada en Formosa. Se trata de una obra que había empezado a diseñarse en el final del gobierno de Cristina Kirchner pero cuya concreción se postergó por años.
En septiembre de 2025, el entonces presidente de Dioxitek y actual secretario de Asuntos Nucleares, Federico Ramos Napoli había presentado ante este medio el acuerdo como “un momento bisagra” para la firma estatal “no solo por su eventual alcance sino también porque concluye un proceso de profundo saneamiento de la empresa y marca las perspectivas de crecimiento“.
En el plano de una creciente competencia internacional, la Argentina buscaba el camino para posicionarse en el tablero geopolítico como un proveedor confiable para este tipo de recursos sensibles, en plena redefinición del equilibrio entre potencias. Poco más de siete meses después, el contexto global no es más estable ni definido que entonces.
El entendimiento entre Dioxitek SA yNANO Nuclear Energy, se enmarcó en el denominado “Acuerdo 123” de cooperación nuclear pacífica. Dicho pacto une a Estados Unidos y Argentina bajo la Ley de Energía Atómica norteamericana, lo que habilita una plataforma de cooperación regulada y transparente en el sector nuclear.
En agosto del año pasado, Dioxitek y Nano Energy firmaron su primer memorándum para evaluar así las capacidades de la empresa estatal y del sector nuclear local. Ese primer paso permitió avanzar en el análisis técnico y económico de la inversión. A lo largo de los meses siguientes ambas partes acercaron posiciones para allanar el camino de una inversión que el Gobierno señala como estratégica para el sector.
Durante las jornadas del Argentina Week, en Nueva York, hubo un evento paralelo en el consulado focalizado exclusivamente en la energía nuclear y el potencial nacional, con funcionarios y referentes del sector. En ese ámbito, se terminó de cocinar el acuerdo entre las autoridades de la Secretaría de Energía Nuclear, la empresa Dioxitek y Nano Energy para avanzar con la presentación formal de la oferta de inversión en el país.

Plan Nuclear de Milei: en qué consiste la primera “inversión RIGI” en el sector y qué rol cumple Dioxitek
Si prospera la oferta de inversión presentada ante el Ministerio de Economía, Nano Energy se asociaría a Dioxitek en la producción aunque la planta permanecería siendo propiedad de la firma estatal. Fuentes cercanas a la operación afirman que se transferiría el uso del lugar a una nueva sociedad, mediante un usufructo. Nano aportaría el capital para finalizar la planta y se asociaría para producir el combustible nuclear.
La inversión de contempla dos hitos centrales. El primero es la finalización de la construcción, puesta en marcha y operación de la instalación NPU-1, en Formosa, destinada a la producción de dióxido de uranio (UO₂), insumo clave para el ciclo nuclear. Esta etapa incluye la adecuación de la infraestructura existente, la incorporación de equipamiento pendiente y la implementación de sistemas técnicos, operativos y de seguridad conforme a estándares regulatorios nacionales e internacionales.
El segundo hito apunta a la construcción y operación de una instalación complementaria para la conversión de UO₂ en hexafluoruro de uranio (UF₆), un producto estratégico necesario para etapas posteriores del ciclo del combustible, en particular los procesos de enriquecimiento.
De concretarse, el proyecto permitirá a la Argentina producir el combustible necesario para abastecer las centrales nucleares Atucha I, Atucha II y Embalse, con una capacidad estimada de 210 toneladas anuales. Al mismo tiempo, abriría la posibilidad de ingresar al mercado internacional de combustible nuclear, cuya demanda -afirman las autoridades argentinas- se mantiene “sostenida y en crecimiento”.

Fuente: Dioxitek
Fuentes del sector se muestran optimistas respecto al potencial y no descartan que pueda potenciarse en el mediano plazo con la instalación de nuevas líneas de producción dentro de la planta de Dioxitek. Todo ello sujeto a la evolución de la inversión y las oportunidades de producción.
En términos de infraestructura, la iniciativa revive también un desarrollo de larga data que se mantenía en relativa parálisis. La Nueva Planta de Uranio comenzó a diseñarse en 2006 y su construcción se inició casi una década después, en 2014. No obstante, a lo largo de las gestiones de Mauricio Macri y Alberto Fernández, el proyecto avanzó a un ritmo lento.
De ahí que represente, incluso, una fuente de empleo y de desarrollo para las actividades conexas en la provincia que comanda Gildo Insfrán, al margen de las diferencias políticas. Según consignan las actuales autoridades, “la administración anterior (de Alberto Fernández) dejó la obra sin financiamiento, pese a que estaba prevista su finalización para 2025″.
Con el cambio de gestión, Dioxitek redefinió el proyecto bajo una lógica comercial orientada a garantizar su viabilidad sin afectar el interés nacional. En ese marco, la llegada de capitales privados aparece como el factor decisivo para completar una infraestructura considerada estratégica para el desarrollo nuclear del país.
Se ciñe además a un plan mayor que busca reescribir la hoja de ruta nuclear en la Argentina, y activar los distintos eslabones de la cadena de producción con la explotación de las minas de uranio inactivas en el país. De conseguirlo, el país podría trabajar el sector de punta a punta e incluso añadir nuevos rubros a sus exportaciones.
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