

Eduardo Elsztain decidió romper el silencio para explicar su participación como accionista minoritario desde 2005 en la Falkland Islands Company (FIC), la empresa comercial más importante de las Islas Malvinas.
A través de un extenso comunicado en la red social LindkeIn, el empresario aclaró que su decisión no es un mero negocio inmobiliario, sino que responde a una convicción profunda. “La idea era que estrechar los lazos sociales, económicos, culturales y productivos con las Islas Malvinas a través de una empresa argentina podía ayudar en el reclamo de soberanía”, afirmó.
Asimismo, vinculó esa estrategia con antecedentes históricos y recordó que también existieron intentos argentinos previos de comprar la FIC: mencionó que Juan Domingo Perón intentó adquirirla en más de una oportunidad y que también hubo un intento del empresario César Cao Saravia en 1977.
Según su relato, comenzó a comprar acciones de la compañía entre 2005 y 2006, inspirado por una idea de su abuelo Isacc: “Si Argentina se hubiera involucrado económicamente en la vida de las Islas Malvinas durante todo el siglo XX, probablemente hubiéramos evitado la guerra”.
Señaló que 2017 se presentó una oportunidad clave para adquirir el control mayoritario de la empresa. Los propios empleados de FIC realizaron una oferta, lo que habilitó a Elsztain a intentar una contraoferta superior.

“Pensé que una causa así podía contagiar a cientos de empresarios y ciudadanos argentinos que me acompañarían en la oportunidad de transformar nuestra relación con las Islas a partir del desarrollo económico y social”, expresó.
Sin embargo, subrayó que el intento fue frustrado. “La propuesta fue bloqueada y prohibida por las autoridades británicas”, sostuvo Elsztain. Incluso mencionó que Theresa May, entonces primera ministra, realizó declaraciones públicas en contra de que una empresa argentina tomara el control de FIC.
La aclaración de Elsztain llega en medio de un clima de fuerte tensión por la cuestión Malvinas. El jueves, el presidente Javier Milei encabezó una cadena nacional en la que reafirmó el reclamo de soberanía argentina sobre el archipiélago y anunció que sancionaría a las empresas que exploten recursos naturales en las islas sin autorización, además de anticipar la construcción de una base naval en Tierra del Fuego y el envío al Congreso de un paquete de proyectos, entre ellos una Ley de Defensa de la Soberanía Nacional.
El foco del reclamo estuvo puesto en el proyecto petrolero offshore Sea Lion, impulsado por las empresas Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration, al que el Gobierno considera una violación a la soberanía nacional.
Tras la publicación del Decreto 868/2026 en el Boletín Oficial, varias compañías internacionales salieron a despegarse públicamente de cualquier vínculo con las Malvinas. SLB, Baker Hughes y Halliburton, tres de las mayores empresas globales de servicios petroleros y tecnológicos del mundo, comunicaron que no participarán en proyectos de explotación de hidrocarburos en las Islas Malvinas, en lo que fue leído como una señal de acatamiento a la nueva normativa.

En ese contexto de definiciones empresariales sobre el archipiélago, la reaparición de la participación accionaria de Elsztain en la Falkland Islands Company, publicada por el diario La Nación, generó revuelo y fuertes acusaciones en redes sociales. En ese sentido, el empresario aprovechó el descargo para señalar que comenzaron a resurgir “teorías conspirativas y antisemitas” en su contra.
“Por lo general no hago intervenciones de este tipo, pero la causa Malvinas es tan importante para todos los argentinos, que me parece que no hay que quedarse callado”, remarcó. Y concluyó: “Pensar que podría haber aportado algo desde mi rol empresarial en este tema valió la pena, aunque haya fracasado. Si pudiera, no dudaría en volver a intentarlo -y quién dice, quizás vuelva a pasar”.
















