

El índice de precios al consumidor de febrero cerró en 2,9%, un dato que no causó sorpresa ni en las consultoras privadas ni el Gobierno, que habían anticipado el impacto de las subas en carnes y tarifas. Para marzo, y pese a que el oficialismo sostiene que retomará el camino a la baja en el segundo semestre, los relevamientos de alta frecuencia muestran que la tendencia actual se mantendría en el corto plazo.
Según el último informe de avance de la consultora LCG correspondiente a la segunda semana de marzo, los alimentos y bebidas acumulan una suba del 2,7% en lo que va del mes, con dos semanas consecutivas de aumentos por encima del 1% semanal.
El protagonista del informe es, una vez más, la carne. En la segunda semana de marzo registró una variación del 1,9% semanal y explicó por sí sola más de la mitad del aumento total del rubro.
Si se suman los lácteos y huevos, ambos rubros concentraron el 75% de la inflación semanal de alimentos. No se trata de un fenómeno aislado: en el promedio de las últimas cuatro semanas, carnes acumula una suba del 5,3% mensual, bebidas e infusiones el 4,9% y panificados el 4,3%. Estos son tres de los ítems más sensibles para el bolsillo familiar y corren muy por encima del índice general.
La inflación mensual promedio de las últimas cuatro semanas se ubica en 3,7%, aunque el propio informe marca que desaceleró 0,3 puntos porcentuales respecto a la medición anterior.
Es el único dato que puede leerse con optimismo, pero el contexto lo matiza: ese 3,7% mensual en alimentos equivale a una tasa que, sostenida en el tiempo, supera con comodidad cualquier meta de convergencia al 1% mensual o menos.
El índice de difusión del relevamiento —que mide qué porcentaje de productos relevados subió de precio en la semana— se ubicó en el 13%, un nivel similar al de las últimas cuatro semanas y por encima del promedio previo.
Que más de 1 de cada 10 productos relevados entre 8.000 ítems de cinco supermercados registre aumentos en una sola semana refleja una presión de precios que no se circunscribe a un par de rubros puntuales, sino que sigue siendo relativamente extendida en la canasta alimentaria.
El ministro Luis Caputo aseguró, tras conocerse el dato de febrero, que la inflación “preocupa y también ocupa”, y reafirmó que “en agosto, podría llegarse a un índice con 0% en la primera cifra“, corriendo la meta a septiembre u octubre si fuera necesario.

Los datos de alta frecuencia muestran que la desaceleración no es tan lineal. La carne argentina responde a una dinámica propia, ligada al ciclo ganadero, al tipo de cambio y a la demanda exportadora, que no siempre se encuadra en los tiempos de la política monetaria.
Las bebidas y los panificados, por su parte, trasladan con cierto rezago los aumentos de energía y tarifas que el propio Gobierno habilitó en los últimos meses. En ese sentido, parte de la inflación que se observa hoy en la canasta básica es una consecuencia de decisiones de política económica tomadas meses atrás por distintos motivos.
Lo cierto es que el informe de LCG deja en claro es que marzo no sería un mes de descanso inflacionario.
Con el 2,7% acumulado en alimentos, las subas de los combustibles por el conflicto bélico en Medio Oriente y la estacionalidad de rubros como Educación, el dato mensual que publicará el INDEC a mediados de abril podría volver a rondar el 3% o incluso superarlo.

















