El empresario e ingeniero agrónomo Gustavo Grobocopatel advirtió sobre el estancamiento productivo de la Argentina y el contraste con el salto económico que dio un país vecino en la última década. Además, reveló cuál fue el factor que impidió que Los Grobo se lance a nivel mundial.

Durante una entrevista en el programa Cuentas Claras, por El Cronista Stream, aseguró que el principal problema del sector no pasa por debatir si la situación actual es buena o mala, sino por tomar dimensión de la oportunidad histórica perdida.

“Lo que nos estamos perdiendo de hacer es ser Brasil. Ellos crecieron un 100% en 10 años; nosotros, cero. No desarrollamos tecnología ni industrializamos en un país donde hay una capacidad de innovar extraordinaria”, sentenció.

En esa línea, explicó que mientras la agroindustria brasileña crecía sostenidamente con apoyo de toda la dirigencia, Argentina no logró reconfigurar su matriz para reconvertir a sus sectores menos competitivos sin conflictos graves.

Esa falta de condiciones macroeconómicas y lo que denomina como “riesgo argento” fueron factores determinantes en la frustrada expansión de Los Grobo, la compañía que fundó y que un año atrás, ya bajo otra conducción, entró en concurso preventivo.

El empresario confesó que la situación le genera “dolor y no bronca” porque la siente como a un hijo, aunque destacó que el éxito también reside en que la cultura de la firma sigue viva en quienes pasaron por allí.

Su gran sueño era convertirla en una multinacional latinoamericana, pero en el momento clave, cuando se asociaron con Mitsubishi para un lanzamiento global, los inversores japoneses “se asustaron mucho con Cristina (Kirchner)” y las heridas de la crisis de 2002. Entre el riesgo país, las altas tasas y la falta de recursos operativos, el proyecto quedó trunco, sumado a errores propios y un contexto que, según remarcó, “no es solo ‘kuka’, es un poco de todo”.

Frente a esta acumulación de problemas económicos, regulatorios y burocráticos escondidos históricamente debajo de la alfombra, Grobocopatel vio con buenos ojos la llegada de Javier Milei. Confesó que al inicio del mandato consideró que el líder libertario venía a hacerle “un service” a la Argentina, ya que nadie del sistema político tradicional podía o quería revertir el declive.

Sin embargo, con el correr de los meses comenzaron a surgir fuertes reparos respecto a los métodos de la administración actual, apuntando a la falta de consensos y a la crudeza de la estrategia de shock.

“El tema es la motosierra y el ladrillo: está bien destruir, pero hay que construir. A mí no me importa la destrucción, me importa la creación”, advirtió.

Coincidiendo con las críticas de sectores afines como el de Mauricio Macri, remarcó que la apertura de la economía exige reconfiguraciones que deben hacerse de manera inteligente, creando tiempos de transición de “uno o dos años para amortiguar el dolor social”, sin desarmar la estructura productiva ni empujar al abismo de forma abrupta a las industrias.

Esta visión crítica sobre el foco exclusivo en la destrucción también la aplicó a las políticas oficiales sobre ciencia, educación y cultura. Aunque reconoció que organismos como el INTA o el Conicet arrastraban un exceso de burocracia que exigía cambios urgentes, rechazó de plano la idea de “pegarles un palo en la cabeza” o eliminarlos sin crear opciones que potencien a los investigadores y proyectos exitosos.

A su vez, descartó que el modelo busque “primarizar la economía”, argumentando que hoy la siembra conlleva un ecosistema de altísima complejidad tecnológica que desmiente ese viejo estigma.

De cara al futuro, Grobocopatel relativizó la necesidad de una eventual reelección de Milei, considerando que el mejor escenario sería que un próximo gobierno ratifique lo que se hizo bien para consolidarlo mediante mayorías amplias, reclamando además la aparición de un “peronismo del futuro” del cual excluyó a Axel Kicillof.

Hoy, alejado del país por una decisión de vida, el empresario vuelca su energía en la música y en proyectos de impacto social como “Cuidarnos”. Se trata de una innovadora aplicación, creada junto a la UTEP, que busca formalizar a través de una cooperativa el trabajo de quienes asisten a adultos mayores, garantizando derechos laborales para las cuidadoras y brindando un servicio seguro e integral para las familias.