El dato de inflación de 2,9% de febrero que informó el Indec el jueves pasado no fue una novedad para nadie en el mundo de los analistas, pero sí se tomó como un dato novedoso un párrafo en el tuit que publicó el ministro de Economía, Luis Caputo, que de golpe explicó estar en un “proceso de corrección de precios relativos”, lo cual implica un cambio de mirada desde el discurso oficial para el sendero del costo de vida en los próximos meses.
Textualmente escribió: “La economía argentina todavía se encuentra en un proceso de corrección de precios relativos, tras más de dos décadas de acumular distorsiones que generaron estancamiento del nivel de actividad y el empleo y una tendencia inflacionaria creciente”. Además, agregó: “Esta corrección es fundamental para asegurar el orden macroeconómico y las condiciones para que la economía se mantenga en un sendero de crecimiento sostenido”.
De golpe, marcaron los más perspicaces, la inflación no es un tema terminado, sino que se está en la etapa de corrección de tarifas que venían atrasadas, un paso que habitualmente antecede a un plan antiinflacionario.
El Gobierno está cambiando sutilmente su enfoque, como se contó en la última columna, porque empieza a asumir que este año la baja del costo de vida puede ser un objetivo secundario detrás de acumular reservas, conseguir que bajen las tasas de interés para mover la economía y, explicó ahora el titular de Hacienda, ordenar la macroeconomía con el ajuste que falta de los precios relativos.

El ítem de Vivienda, agua, electricidad y gas trepó de hecho 6,8% el mes pasado. Las consultoras como PxQ y EcoGo reflejan que la inflación de marzo también puede estar por encima del 3% de acuerdo con las mediciones preliminares, y el propio Caputo dijo en una entrevista el viernes en televisión que la promesa de que el dato empiece con “0” en agosto también puede ser “en septiembre o en octubre”.
La explicación pública del equipo económico es que todavía se está pagando el impacto de un “ataque político” el año pasado, pero el tuit del jueves dio otra información. Se están corrigiendo los precios relativos. Y es una cuestión importante para la sostenibilidad del programa en marcha.
En el mercado lo tienen medido al equipo económico. Ya lo conocen y entienden que por un lado que está la presentación pública, el “packaging político” de lo que plantean, y por otro la decisión de hacer giros que le permiten por ejemplo pasar de afirmar que no hace falta acumular reservas, como dijo en algún momento el asesor Felipe Núñez en un streaming, a comprar dólares como en estos primeros meses del año en los que sumaron US$ 3 mil millones.
El posteo se produce además una semana después de la llegada al equipo de Ernesto Talvi, el economista uruguayo que se incorpora mientras circulan por las redes sociales sus videos hablando de “gradualidad” en la baja de la inflación y de lo “ingenuos” que fueron muchos en Uruguay cuando pensaron que las cosas podrían ser mucho más abruptas y fáciles de lo que finalmente fueron.
Los nuevos puestos de trabajo
Por otro lado, el Gobierno también salió el viernes a defender la creación de puestos de trabajo independientes e informales como una alternativa virtuosa frente a la destrucción de empleos asalariados que tienen como epicentro la industria, el comercio y la construcción.
Si bien el presidente Javier Milei viene planteando que con el ahorro que se genera por la baja de precios de los bienes importados, los que pierdan el trabajo por el desplazamiento de la producción local van a conseguir puestos de mejor calidad y mayores salarios en los rubros donde el país es más competitivo, las cifras del Sistema Integrado Previsional Argentino dejaron dudas. Desde noviembre de 2023 a diciembre de 2025 se destruyeron 288 mil empleos privados y se crearon 159 mil del monotributo.

Ahí es donde recogió el guante el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, y también presentó una novedad en el enfoque que venía desgranando Milei, porque según apuntó no está claro que los nuevos puestos de trabajo que va a generar el nuevo modelo en marcha tengan que ser con recibo de sueldo, aportes a la seguridad social, vacaciones pagas.
Sturzenegger afirma en base a la Encuesta Permanente de Hogares que se crearon 400 mil empleos netos, dato que surge de la diferencia entre 630 mil puestos informales e independientes nuevos y los 222 mil asalariados privados destruidos. “¿Esto es bueno o no? Difícil de saber”, se pregunta el funcionario. “Hay cambios en las modalidades de trabajo más flexibles (monotributo) y más tercerización (independientes)”, describe el funcionario que estuvo en Nueva York en la Argentina Week.
Sturzenegger va más allá y plantea que hay una natural “migración” del empleo formal al independiente porque -dice- allí se paga mejor y se abonan menos impuestos, un dato al menos polémico porque hay estudios privados que muestran lo contrario en materia de remuneración además de que parte de esos trabajos independientes o informales son a tiempo parcial para completar ingresos de los que ya tienen empleo ante la caída del poder adquisitivo.
Como sea, hay una novedad en el planteo de la Casa Rosada. Ya no se presenta la idea de que habrá trabajos de mejor calidad y mejores sueldos a medida que cambia la matriz productiva sino que hay una mutación hacia “modalidades más flexibles” y que por eso se aprobó la ley de modernización laboral.
A propósito, el Banco Interamericano de Desarrollo encuestó 13 mil conductores de aplicaciones de movilidad en Latinoamérica y publicó un trabajo de los investigadores Oliver Azuara, Oscar Jaramillo y Mariana Lugo donde, en el capítulo argentino, un 86% asegura que lo hace como trabajo extra para generar más ingresos y un 42% dice que dejaría de hacerlo si consiguiera un empleo formal de tiempo completo. El 47% de los consultados que manejan Uber, Cabify o similar, tiene estudios de educación terciaria o superior.

















