En medio de la escalada bélica en Medio Oriente, la Organización Mundial del Comercio (OMC) confirma un “enfriamiento” de los intercambios globales, sin embargo la Argentina se encamina a un récord de exportaciones.
Por primera vez en décadas, el país no solo intenta esquivar la atonía global, sino que busca consolidar un superávit comercial robusto apoyado en una matriz que ya no depende exclusivamente del campo.
Tras un 2025 de expansión clara (4,6%), la OMC prevé que el crecimiento del comercio de mercancías se desacelere al 1,9% en 2026 ya que se espera que el comercio se normalice tras un aumento en los productos relacionados con la IA y la anticipación de las importaciones para evitar nuevos aranceles.
En conjunto, según el informe “Perspectivas y estadísticas del comercio mundial” el comercio de bienes y servicios crecerá un 2,7% en 2026 en comparación con el 4,7% en 2025. Se proyecta que el crecimiento del PIB mundial se modere ligeramente del 2,9% en 2025 al 2,8% tanto en 2026 como en 2027.

“Las perspectivas reflejan la resiliencia del comercio mundial, impulsado por el comercio de productos de alta tecnología y servicios digitales, las adaptaciones en las cadenas de suministro y la evitación de represalias recíprocas en materia de aranceles”, señaló Ngozi Okonjo-Iweala, directora general de la OMC.
Sin embargo, aclaró, que este pronóstico base se ve afectado por el conflicto en Medio Oriente y particularmente por el bloqueo del Estrecho de Ormuz, vital para el comercio de fertilizantes. “El aumento sostenido de los precios de la energía podría incrementar los riesgos para el comercio mundial, con posibles repercusiones en la seguridad alimentaria y presiones de costos para consumidores y empresas”.
La nueva clave: seguridad económica
El último informe de la OMC, refleja que la era de la hiper-globalización ha dado paso a la era de la “seguridad económica”. Las potencias ya no compran donde es más barato, sino donde es más seguro políticamente (friend-shoring). Esta fragmentación ha generado un aumento en los costos logísticos globales, impactando principalmente en los bienes manufacturados.
Sin embargo, este contexto de “bloques cerrados” le otorga a la Argentina un rol estratégicoom co proveedor de recursos críticos como energía y minerales. El país ha logrado mantener canales abiertos tanto con Occidente como con el sudeste asiático.
En ese sentido, la OMC describe que en un mundo fragmentado, los países que poseen energía, alimentos y minerales críticos tienen mayores oportunidades.
El mapa de las divisas
Al analizar los datos proyectados para este ciclo, las cifras de estudios privados reflejan un salto exportador. La meta de alcanzar los u$s 90.500 millones en exportaciones totales a partir de tres pilares que han madurado simultáneamente:
El Motor Energético
Vaca Muerta ha dejado de ser una promesa de largo plazo para convertirse en el principal sostén de la balanza de pagos. Con la finalización de las obras de reversión del Gasoducto Norte y la consolidación de las plantas de licuefacción, las exportaciones de energía proyectan un ingreso de entre u$s 8200 y u$s 9500 millones.

Minería y el peso del RIGI
El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) ha comenzado a traccionar proyectos que estaban latentes. El litio y el cobre hoy representan exportaciones que superarán los u$s 5.00 millones. En un mundo que demanda minerales críticos para la transición energética, la Argentina se posiciona como destino de inversión minera en la región.
El campo y la resiliencia a los precios
Pese a que la OMC advierte sobre una volatilidad de precios en las commodities agrícolas (con una tendencia a la baja por la menor demanda china), el sector agroindustrial argentino compensa el efecto precio con volumen. Se estima que el complejo soja-maíz-trigo aportará cerca de u$s 32.000 millones, gracias a una cosecha que se benefició de condiciones climáticas estables y una reducción en la carga impositiva sobre los insumos importados.
La ventaja silenciosa
Un dato clave que surge de la comparación internacional es la posición relativa de la Argentina frente a sus competidores directos. Mientras el mundo levanta muros arancelarios, el país ha logrado mantener esquemas preferenciales.

Por el lado de Estados Unidos, Argentina enfrenta un arancel efectivo promedio del 8%, una cifra notablemente inferior al 33% que enfrentan sectores industriales de Brasil en el mismo mercado. Esta brecha de 25 puntos permite que las manufacturas de origen industrial (MOI) argentinas encuentren nichos de oportunidad que antes eran inaccesibles
En el caso de China, el arancel promedio para los productos nacionales se mantiene en el 6%, permitiendo que el flujo de carnes y granos siga siendo el principal puente comercial con Oriente, a pesar de las tensiones geopolíticas globales.
El desafío verde y la IA
Aunque en un escenario hostil la Argentina encuentra puntos para esquivar el freno global, sin embargo, en línea con las recomendaciones generales de la OMC quedan desafíos pendientes.
Por un lado, menciona las Barreras No Arancelarias. El Reglamento sobre Productos Libres de Deforestación de la Unión Europea (EUDR) es la gran amenaza. Si la Argentina no acelera sus sistemas de trazabilidad, el 15% de sus exportaciones agrícolas hacia el Viejo Continente podría quedar bloqueado para fines de 2026.
A la par pone el foco en la Facilitación del Comercio. Si bien el país ha alcanzado un 87% de cumplimiento en los estándares de la OMC para la digitalización aduanera, los costos logísticos internos siguen siendo altos. Transportar un contenedor desde Salta hasta el puerto de Rosario sigue costando casi lo mismo que el flete marítimo hasta Shanghái.
Hacia un superávit estructural
El análisis de las proyecciones de la OMC, permite visualizar que Argentina está ante una oportunidad de “despegue” en medio de un mundo que pisa el freno.
Siguiendo el lineamiento del Gobierno de Javier Milei, el superávit comercial proyectado de u$s 15.000 millones para este año no es solo un alivio financiero; es la base para la estabilidad cambiaria necesaria para cualquier plan de largo plazo.
El desafío local, incluso con la entrada en vigencia de beneficios arancelario en Europa - tras la ratificación del acuerdo Mercosur - UE- será cómo transformar estos ingresos extraordinaria en una mejora de la competitividad industrial, evitando que el récord exportador sea solo una dato.















