¿Por qué la virtualidad replanteó la manera de enseñar?

La pandemia sanitaria, el aislamiento social obligatorio, los protocolos de cuidado son algunas de las expresiones que el 2020 nos dejó. También existieron otras: la certeza de lo inesperado, la solidaridad creativa, las respuestas asertivas y el compromiso con la construcción en la incertidumbre. Como individuos y como humanidad nos encontramos ante la necesidad de pensarnos como colectivo y esto nos desafió a ser más respetuosos, cuidadosos, empáticos, responsables y creativos.

En palabras de Marcelo Granieri, profesor de la Escuela de Innovación del ITBA, las instituciones encontraron una forma propia y original de cambiar, cultural y mentalmente, para sobrellevar el complejo escenario pandémico. La innovación no está afuera o lejos, sino que es parte de las muchas formas en la que construimos soluciones de modo adaptativo e inteligente. Estas maneras son el germen de procesos más auténticos de innovación y transformación cultural, digital e institucional.

Las propuestas educativas, en todos los niveles y modalidades, se comprometieron en procesos inteligentes y colectivos de ideación de espacios, tiempos, instituciones y modos de hacer. Rediseñaron sus prácticas digitales como punta de lanza y construyeron modelos para construir experiencias de aprendizaje remoto en sus contextos específicos. Fueron múltiples y diversas. Ninguna sencilla, aceitada o natural. Pero todas, comprometidas en la construcción de experiencias pedagógicas que conectaran instituciones y personas. La conexión como nunca fue el motor creativo del acto pedagógico. Es conmovedor valorar el fortalecimiento de una cultura digital que desafió a las instituciones, la docencia y, también, al estudiantado. O la consolidación de comunidades digitales alrededor de todo el mundo, orientadas a la experimentación, la innovación, la colaboración y la solidaridad en la acción.

El 2021 comienza con muchas de estas experiencias convertidas en aprendizajes. Hoy creemos en el valor de prácticas educativas que generen escenarios de trabajo virtual y presencial, modelos originales de una pedagogía híbrida que construya sobre la base de una conciencia de la potencia específica de cada modalidad. Comunidad virtual, aprendizajes remotos, trayectos diversos, experiencias individuales y experiencias colaborativas, identidad colectiva, incubación pedagógica, ideación ágil y evaluación no ritualizada, son algunas de las aristas de una reinvención de lo físico en entornos virtuales.

Marzo inicia con la puesta en escena de muy diversas propuestas, que reflejan escenarios de desigualdad y necesidad. En todos ellos es posible conmoverse ante la convicción de que deseamos habitar la presencia. Esa presencia escolar, virtual o física, que dota de sentido a prácticas en constante incubación, albergan diversos contextos y situaciones individuales, y crean inteligentemente un sentido de lo educativo. Más allá del sentido de urgencia, nos demanda procesos de transformación académica y permanencia. Por encima de la punta de la lanza digital, nos alienta a consolidar la innovación y la inclusión en las maneras de enseñar y de aprender. 

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