ANÁLISIS

No faltan dólares, lo que falta es consistencia

El domingo 14 de noviembre se llevaron a cabo las elecciones legislativas de medio término y de esta manera concluyó un momento económico en la Argentina. Dicho momento había comenzado en febrero de este año cuando el Gobierno decidió postergar la reestructuración de deuda con el Fondo Monetario Internacional y activar, en paralelo, un programa económico electoral basado en apreciación cambiaria, congelamiento tarifario, tasa de interés real negativa, obra pública y mucho estímulo al consumo (bautizado posteriormente "el Plan Platita").

El objetivo del Gobierno era claro: conectar la salida de la crisis de la pandemia con un buen resultado electoral, y esto se lograría a costa de postergar correcciones y amplificar desequilibrios macroeconómicos. Pero el objetivo no se alcanzó. El oficialismo perdió las elecciones legislativas a nivel nacional y en simultáneo dejó a la economía mucho más comprometida en el corto plazo. Brecha cambiaria superando el 100%, apreciación acumulada del 17% del tipo de cambio real en el año, reservas internacionales en marcado retroceso y reservas netas tendiendo a cero, inflación arriba del 50% con enorme distorsión de precios relativos y riesgo país superando 1900 puntos son solo una muestra de una macro que no cierra, cuadro que se agudiza por una profunda crisis de confianza. La sostenibilidad de la recuperación hoy está en riesgo.

En este contexto, la política económica post elecciones quedó supeditada a atender dos grandes obstáculos que pueden interrumpir la fase de recuperación: evitar una disrupción cambiaria y aceleración inflacionaria y reestructurar la deuda con el FMI.

Lejos de comenzar a despejar ambos frentes, y al margen de la mención del envío del plan plurianual al Congreso, lo que vimos concretamente en las primeras semanas poselecciones fue ambigüedad política e inacción económica. El BCRA le dio continuidad al crawling peg diario a razón de 11% anualizado, muy por debajo del ritmo inflacionario y apreciando aún más el peso, mantuvo las tasas de interés de política monetaria en 38% y en paralelo profundizó los controles de cambios (cepos) prohibiendo la financiación de los gastos de turismo en el exterior (Comunicación A7407 BCRA).

Dichas medidas no solo van en sentido inverso y no resuelven el problema de fondo, sino que además revelan el error de diagnóstico de las autoridades económicas, que siguen atacando las consecuencias y no las causas de los principales desequilibrios. Por un lado, continúan atrasando el tipo de cambio, lo que implica un dólar cada vez más barato en relación al resto de los precios de la economía, aumentando la demanda de importadores de bienes y servicios, de turistas que quieren salir del país y de ahorristas. Y por el otro, profundizan todo tipo de trabas sobre la demanda de divisas para intentar detener la pérdida de reservas internacionales ante un BCRA ya sin reservas.

Estas medidas en el marco de una política fiscal que no cierra el déficit y que continúa monetizando fuerte la economía derivan en mayor brecha cambiaria, mayor expectativa devaluatoria, mayor inflación y en una actividad que empieza a paralizarse porque se queda sin dólares para financiar la recuperación, con riesgo de iniciar una nueva fase contractiva. Es una agudización del cuadro de estanflación de la economía argentina que comenzó en 2011. El problema en el mercado de cambios es de precio del dólar y de abundancia de pesos, no de cantidades o de escasez de dólares como plantean las autoridades. Algunos datos pueden dar cuenta de esto.

En el año 2017 el déficit turístico en el acumulado en los primeros nueve meses del año había superado los u$s 8000 millones en el mercado de cambios, mientras que en el mismo periodo del 2021 apenas fue de u$s 1500 millones. Por otro lado, el superávit de la balanza comercial (ICA, Indec) alcanzó en los primeros diez meses del año un superávit de u$s 13.940 millones, valor muy cercano a los máximos históricos cercanos a u$s 14.000 millones observados en el año 2002, 2003 y 2009.

Paradójicamente, estamos en las puertas de una crisis cambiaria con récord de liquidación de divisas del sector agroexportador, balanza comercial anual en zona de máximos históricos y superávit de cuenta corriente. El BCRA responde a la inconsistencia macroeconómica con mas y mas cepos, tanto sobre la cuenta financiera como sobre la cuenta corriente. Y esto refleja la falta de visión global del equipo económico. No hay cepo suficiente que pueda contener la abultada diferencia entre los pesos que se emiten para financiar el déficit fiscal y los pesos que la economía puede absorber. El problema de dólares responde a la inconsistencia macroeconómica, y la brecha superando el 100% es el termómetro que refleja la magnitud de dicha inconsistencia.

Evitar los dos grandes obstáculos que enfrenta la economía argentina en el corto plazo requiere despejar tres frentes en simultáneo: uno es rectificar el rumbo político hacia un sendero de moderación, consensos y respeto a las reglas de mercado para revertir la crisis de confianza; el segundo, acordar con el Fondo Monetario Internacional para reestructurar los vencimientos de deuda del 2022 y 2023; y tercero, consistencia macroeconómica a través de un programa que permita ordenar las cuentas públicas, normalizar del mercado de cambios y atacar a fondo la inflación. La presentación del plan plurianual es en ese sentido, una clara oportunidad para comenzar a abordar estos tres frentes; condición necesaria e indispensable para darle recorrido a la recuperación.

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