En esta noticia
La tercera semana de la guerra en Oriente Medio marcó un punto de inflexión. En los primeros 15 días podía persistir la duda de si este iba a ser un conflicto corto, como pretendía Donald Trump cuando hablaba de cuatro o cinco semanas, o si se encaminaba a algo más largo. Las últimas 48 horas despejaron esa incógnita. Aunque siga sin saberse cuánto van a durar las hostilidades, está claro que se convirtió en una guerra económica con consecuencias que se van a sentir durante muchos meses.
Es una muy buena noticia para Irán, que necesita sacar la pelota del plano estrictamente militar, donde está siendo devastado, y llevarlo al único terreno en el que puede causar verdadero daño. Es un problema para la Argentina, aunque los efectos de corto y largo plazo sean contradictorios.
El régimen de los ayatolás —que, por cierto, ya no están a cargo— está exprimiendo su mayor ventaja: la geografía. Controla una de las costas del Golfo Pérsico y conserva la capacidad suficiente para seguir fabricando y escondiendo drones, lanchas explosivas y otros medios low-cost para atacar blancos sensibles para la economía mundial. Con eso le alcanza para mantener de facto el control del estrecho de Ormuz.
Hasta ahora, Estados Unidos e Israel no encontraron la forma de impedirlo. Y algunas de las acciones que están llevando a cabo para conseguirlo pueden terminar agravando el problema. El primer gran salto en el precio del petróleo se había visto hace dos semanas, cuando la Fuerza Aérea Israelí atacó depósitos de combustible en las afueras de Teherán. El Brent llegó a US$118. Este jueves tocó los US$119 tras un intercambio que empezó con un bombardeo contra una instalación ligada a South Pars, la parte persa del mayor yacimiento de gas del planeta, compartido con Qatar en el lecho del Golfo.
La disparada se produjo tras un ataque de Irán a Ras Laffan, el complejo exportador qatarí responsable del 20% de las exportaciones globales de GNL. El CEO de QatarEnergy confirmó que los daños redujeron 17% la capacidad de producción y que una recuperación plena puede demandar hasta cinco años. Por eso los futuros del GNL llegaron a subir 25% en las primeras horas del jueves, duplicando el valor que tenían antes de la guerra.
Distintas versiones coinciden en que Trump había dado luz verde a Netanyahu para golpear el corazón de la economía iraní, con la expectativa de enviar un mensaje al régimen. Tras ver las consecuencias, dijo que no estaba enterado, aseguró que Israel no volvería a hacer un ataque como ese y amenazó con destruir por completo South Pars si Irán volvía a atacar a sus amigos qataríes. Difícil imaginar a los iraníes asustándose por esa advertencia, pero fue suficiente para calmar a los mercados por un rato.

Economía al límite
Un barril de petróleo entre 60% y 80% por encima del nivel previo significa costos más altos de producción para prácticamente todo. Eso erosiona competitividad, mete presión inflacionaria y al mismo tiempo aumenta el riesgo de recesión. En Estados Unidos ya se habla de estanflación. La Reserva Federal suspendió la política de recorte de tasas que había empezado el año pasado y planteó serias dudas sobre el futuro.
Para la Argentina, los movimientos en el petróleo ofrecen una oportunidad. Se estima que las exportaciones pueden crecer en U$S1.000 millones por cada U$S10 de suba en el barril. Pero la contracara es más presión sobre los surtidores y sobre la inflación. En Estados Unidos la gasolina subió en promedio 29% en los últimos 20 días, la mayor escalada porcentual desde el huracán Katrina en 2005. Un sopapo por las aspiraciones de Trump en las midterms de noviembre.
En Europa el castigo es aún más severo por su dependencia del gas. El continente ya venía golpeado por haber perdido a Rusia como gran proveedor y esta nueva crisis vuelve a disparar los costos energéticos. Alemania, que alguna vez fue la locomotora europea, sigue pagando esa pérdida de energía barata.

Para la Argentina, el gas también es un problema inmediato porque sigue siendo importadora estacional de GNL. Los cerca de 20 barcos que debería comprar el país para el invierno pueden contrarrestar buena parte del excedente por las ventas de petróleo. Aún más preocupante sería el panorama si se desata una batalla por conseguir buques licuefactores, dado que varios quedaron atrapados del otro lado del estrecho de Ormuz.
Los problemas con el gas pegan también en otro rubro clave: los fertilizantes. Es uno de sus principales insumos y hay países como Egipto que, ante su escasez, anticiparon que van a tener dificultades para producir urea. Al mismo tiempo, Qatar, que es el mayor productor de la región, está imposibilitado de volcar su urea a la oferta global por el bloqueo iraní.
Esto pega de lleno en la agroindustria. Si se estira hasta los meses de siembra, el daño sobre la productividad puede ser serio. Para Brasil, que lidera el mercado de la soja, es un problema gigantesco, porque depende casi en su totalidad de los fertilizantes qataríes. Esto va a afectar también la producción en nuestro país. Y la suba en el precio de los alimentos se va a sentir como no ocurría desde la invasión de Rusia a Ucrania.
La guerra también está complicando los fletes. Sube el combustible, suben los seguros de riesgo y se encarece cualquier ruta, aunque no incluyan el cruce por Ormuz. Además está el frente petroquímico, porque hay muchos rubros que dependen de combustibles del Golfo. Plásticos y pinturas, por ejemplo, podrían subir de precio por falta de insumos, lo que repercutiría en todas las industrias del mundo.

Por último, está el frente financiero. La inestabilidad implica menos inversión y un clásico fly to quality que castiga especialmente a los emergentes. Es lo que está detrás de la disparada en el riesgo país argentino.
Trump sigue evaluando alternativas para salir de este atolladero sin que Irán pueda adjudicarse una victoria estratégica. Por estas horas, crece la probabilidad de que la respuesta elegida incluya un despliegue importante de tropas en el terreno para tomar el estrecho de Ormuz.
El Presidente lo negó este jueves en una conferencia de prensa, aunque admitió que si lo decidiera no lo haría público de antemano. En cualquier escenario, el conflicto y sus consecuencias van a durar mucho más de lo que tenía previsto.
¡Queremos conocerte!
Registrate sin cargo en El Cronista para una experiencia a tu medida.
















