Opinión

Milei: liderazgo, gobernabilidad y la calle

El presidente Javier Milei ha confirmado que tiene instinto como líder político. Se percibió claramente cuando enfrentó en los últimos días una amenaza para su ejercicio del poder.

Tal fue el caso de Mauricio Macri, que al apoyar electoralmente al líder libertario tras la primera vuelta, fue construyendo una imagen de que iba a compartir el poder con el candidato. Ante el exterior y los medios empresarios locales se mostró como la garantía de que los supuestos excesos y extravíos de su "apadrinado" iban a ser controlados.

Tras la elección, el ex presidente hizo saber que el triunfo se debía a su acción moderadora, que habría quitado al candidato ganador la sensación de incertidumbre y temor que generaba en sectores moderados del electorado.

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Pero el entonces presidente electo reaccionó. Ninguno de los cargos de nivel ministerial o equivalentes que pretendía Mauricio Macri le fueron adjudicados, pese a que desde las filas del PRO se anunciaban como confirmadas las designaciones respaldadas por el ex presidente.

Esto generó tensiones y versiones de ruptura de la alianza electoral que se había tejido de hecho, más allá de las formalidades.

Pero Milei se mantuvo firme y el diálogo se mantuvo abierto entre ambos. Es que la ruptura hubiese dejado al ex presidente en un callejón sin salida, al anularse lo que ha sido en los hechos su victoria política: haber contribuido al triunfo del nuevo presidente.

La otra amenaza al ejercicio de su poder fue percibida en la vicepresidente electa, Victoria Villarruel. El propio Milei había reiterado en numerosas oportunidades que las áreas de Seguridad y Defensa de su gobierno iban a estar bajo la órbita de su compañera de fórmula. Había dicho que los ministros iban a ser propuestos por ella y en algunas oportunidades manifestó que esta atribución de facultades incluiría también el área de inteligencia.

Es una situación anómala que un presidente entregue públicamente el ejercicio de una competencia indelegable, como es la de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas.

Pero tras la elección, Milei decidió retirar estas facultades a su compañera de fórmula, cuya imagen había crecido mucho a partir de los dos debates televisivos en los que enfrentó con éxito a Agustín Rossi. En esas circunstancias, Villarruel comenzó a ser vista como una figura con proyección y futuro.

Tras la experiencia reciente de Alberto Fernández con Cristina Kirchner, que el presidente tenga recelos de su compañera de fórmula no resulta tan extraño. También en este caso Milei logró, como en el de Macri, que la relación no se rompiera y que el conflicto se contuviera. Pero en ambas circunstancias Milei impuso su poder.

En cuanto al desafío de la gobernabilidad, es un tema que comenzará a develarse en los próximos días y el ámbito será el Congreso. El nuevo presidente no tiene bancada propia que alcance el quórum en ninguna de las dos Cámaras. Su partido representa aproximadamente el 15% de Diputados y el 10% del Senado. Es una situación inédita en la historia argentina.

Formar una coalición que permita aprobar las leyes anunciadas para la reforma económica y social no resultará fácil, pero tampoco es imposible. En la Cámara Baja el radicalismo logró mantener unido su bloque, mientras que el del PRO se divide básicamente en tres, y los legisladores que responden a Patricia Bullrich se suman a los de La Libertad Avanza. La media docena de diputados que responden al ex gobernador Juan Schiaretti se agregan a la coalición de Milei. Pero es una situación precaria que dista de ser una coalición permanente que despeje las dudas hacia adelante.

En el Senado, donde son sólo setenta y dos legisladores, la situación por un lado es más fácil -menos senadores con los que negociar-, pero es un ámbito donde la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner mantiene influencia. Ella se encargó de marcar que no abandonará la política y que se instala en el Instituto Patria (a dos cuadras del Congreso), desde donde construyó su retorno al poder en 2019.

Los bloques que responden al nuevo oficialismo se encuentran fraccionados. En Unión por la Patria lo están en menor medida. La designación de un legislador de La Libertad Avanza como presidente provisional del Senado ha sido postergada, mientras que en Diputados, la elección del legislador oficialista Martín Menem como presidente de la Cámara fue realizada en forma satisfactoria para la Casa Rosada.

En los próximos días llegarán al Congreso las iniciativas del nuevo gobierno. En el caso de que no sean aprobadas en lo que resta del mes de diciembre, el presidente estaría dispuesto a prorrogar las sesiones extraordinarias a los meses de enero y febrero.

En cuanto al desafío de la calle, comienza esta misma semana con el paro y la protesta que realizan los trabajadores de la Asociación de Trabajadores Estatales (ATE) en "defensa del empleo público". Paralelamente, una veintena de gremios de empleados públicos organizan una "coordinadora" con el mismo objetivo.

Pero será la movilización de protesta convocada para el 19 y 20 de diciembre por quienes buscan transformarse en el motor de la nueva oposición, la que pondrá a prueba al nuevo gobierno en cuanto a su capacidad de mantener el orden público en las calles, un tema importante para quienes votaron por el líder libertario.

Se trata de la fecha que conmemora el 22° aniversario de la caída del gobierno de Fernando De la Rúa, que dio visibilidad a los piqueteros, luego denominados movimientos sociales.

El nervio de la protesta es la izquierda, y en particular el Partido Obrero de orientación trotskista. Se trata de un sector político que tiene sólo cinco diputados nacionales sobre doscientos cincuenta y siete, pero que tiene una capacidad de movilizar miles de personas en las calles, como ya lo anticiparon en la protesta que cubrió la Avenida Nueve de Julio el pasado 28 de noviembre.

Desde este sector político se trabaja activamente para reunir una gran coalición en la que converjan movimientos sociales, sindicatos combativos, organizaciones de derechos humanos, el movimiento feminista, la comunidad LGTBQ y movimientos estudiantiles en defensa de la educación pública.

Se intenta generar así un amplio frente integrado por los distintos sectores que perciben a Milei como una amenaza.

En conclusión, Milei ha mostrado su disposición a ser un líder político, la gobernabilidad es su gran desafío político, pero será la calle la que lo pondrá a prueba antes de cumplir diez días en el poder.

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