ANÁLISIS

Menos educación es igual a más pobreza y desempleo

El Indec publicó su informe periódico sobre el mercado laboral argentino, correspondiente al segundo trimestre de este año. Las evidencias presentadas en este informe sobre el panorama laboral indican la gran relación existente entre el nivel educativo de las distintas fuerzas laborales y el nivel de empleo y desempleo. Veamos las cifras presentadas.

El 31% del empleo corresponde a quienes no avanzaron más allá de la escuela primaria, pero este grupo representa 34,1% del desempleo es decir 3,1 puntos más de desempleo.

El 42% del empleo corresponde a quienes no avanzaron más allá de la graduación en la escuela secundaria, este grupo representa nada menos que 54,9% del total del desempleo del país es decir 12,9 puntos más de desempleo.

El 27% del empleo corresponde a quienes son graduados universitarios, este grupo representa apenas el 11% del total del desempleo, es decir 16 puntos menos desempleo.

Estas evidencias presentadas por el Indec indican que la educación es clave para fortalecer el empleo y por ende también los salarios. La mayor parte de los empleos creados en nuestro país en los últimos años requieren de estudios secundarios y universitarios, lo cual explica la creciente diferencia en la desocupación según el nivel educativo, por eso la escuela ayuda a abatir la pobreza y favorecer el crecimiento económico.

La mayoría de los pobres tiene trabajos precarios y poco calificados o están desocupados afectados por su escaso nivel educativo. La creciente segmentación del mercado laboral en función del nivel educativo va generando núcleos duros de desocupados: aquellos que no tienen un nivel de educación básica son los más afectados y son cada vez más demandantes de ayudas financieras por parte del estado, los denominados "planes sociales".

Está aumentando en las últimas décadas la desigualdad salarial según el nivel educativo. De manera cada vez más marcada, educación y empleo tienen una fuerte vinculación, condicionándose una a otro y dando lugar a la aparición de brechas importantes de empleo e ingresos entre los trabajadores que logran acceder a niveles altos de instrucción y los que poseen escasas u obsoletas calificaciones.

Por esta razón, es grave el peligro de una segmentación social, entre quienes se incorporan capacitados a la nueva sociedad tecnológicamente avanzada y quienes quedan excluidos, y por lo tanto marginados de los beneficios del incremento global de la productividad. Esta segmentación laboral, amplía la brecha de remuneraciones entre personal calificado y no calificado. El nivel y la calidad de la educación son determinantes básicos de la productividad y del ingreso laboral.

Estas características del mercado laboral se reflejan claramente en la evolución de la pobreza y la indigencia en nuestro país en los últimos años. El Observatorio de la Deuda Social (UCA) estima que la pobreza hacia fines del año 2020 cubría el 44,7% de la población total del país; pero atención, cada vez es mayor la diferencia en la magnitud de la pobreza según el nivel educativo alcanzado por el jefe del hogar, así es como cuando los jefes de hogar no concluyeron el ciclo secundario la pobreza asciende a nada menos que el 61,2%, mientras que cuando por lo menos son graduados secundarios se reduce a 26,6%.

En nuestro país una parte significativa de la población se encuentra imposibilitada de obtener un buen empleo dado su escaso su nivel de instrucción. La posibilidad de que una persona de bajo nivel de instrucción esté desempleada es mucho mayor a la de alguien con estudios universitarios completos. Los que tienen más educación son los que ganan mejores salarios, los que trabajan en empresas más sólidas y los que tienen más estabilidad laboral. Desde ya que un alto nivel educativo no asegura automáticamente un buen empleo, pero un bajo nivel garantiza un mal empleo o bien la desocupación estructural, como indican estas recientes cifras del Indec.

Enfrentamos un grave riesgo: que nuestro sistema educativo avance hacia la consolidación de un modelo socialmente regresivo, situación que se agrava desde el año pasado por esta pandemia global, que afecta más a los alumnos de los barrios más humildes, que tienen menos acceso a los recursos tecnológicos para reemplazar el prolongado cierre de las escuelas. Lamentablemente no hemos utilizado la televisión pública para el dictado de clases, como si lo están haciendo Cuba, Perú y México.

En este siglo XXI el capital humano acumulado por la educación es esencial para determinar el ritmo de crecimiento del empleo y del nivel de vida de la población. Por esta razón sin buena educación para todos, la Justicia Ssocial es una ilusión.

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