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Los tres senderos que se bifurcan del escenario que mostró Guzmán

En la Argentina no hay que descartar nada. Por eso la primera lectura que deja la presentación que hizo el jueves Martín Guzmán ante los gobernadores, es la más lineal de todas: nuestro plan es equilibrio fiscal en 2027, pedimos apoyo político interno para sostener esa propuesta y si el Fondo la rechaza, vemos. El default queda a la vuelta de la esquina. Esa lógica simple es la que derrama entre los inversores, que cuando no ven opciones claras, venden para cubrirse del peor escenario posible.

La segunda lectura es que la puesta en escena de ayer es parte de la negociación. Lo que no quedó claro es si el destinatario de toda esta movida, en este caso, fue el propio oficialismo, la oposición o el gobierno de Estados Unidos, presentado como el obstáculo más duro para las aspiraciones argentinas.

Desde aquí, los senderos de la interpretación se bifurcan. Tanto el presidente Alberto Fernández como su ministro reiteraron que buscan un acuerdo que respete los mantras del oficialismo: que no tenga ajuste en términos reales y que los salarios no resignen poder de compra. No podían faltar las críticas a la deuda irracional dejó Macri ni a los socios insensibles del FMI. El primer guiño estuvo dirigido a la coalición gobernante y funcionó. Por esa razón la reunión incluso fue transmitida en directo por el canal de YouTube de la Casa Rosada, algo que difícilmente suceda con los próximos encuentros. Los gobernadores expresaron apoyos en tonos variados y no pondrán reparos al plan, mientras el flujo de fondos para las obras provinciales llegue de alguna manera.

Juntos por el Cambio espera su turno el lunes. Quiere ver números reales, con lo cual asumen que la negociación de su apoyo en el Congreso al potencial acuerdo todavía ni empezó. Sus referentes aún se debaten entre la responsabilidad institucional de no dejar caer al país en un default con el Fondo, y el deseo de responder los cuestionamientos que les destina el ala dura del FdT, como hizo Axel Kicillof.

Llega así la última lectura: ¿Martín Guzmán se reservó un margen de acción en las metas que debe cumplir la Argentina, para poder hacer alguna concesión interna sin erosionar los objetivos que le pide Washington? ¿Qué le importa más hoy al FMI, un entendimiento que tenga el respaldo de todos los partidos políticos, para evitar que alguien lo denuncie como hizo Alberto, o un ajuste más veloz? La respuesta a este interrogante la tienen pocas personas. Guzmán ya sabe que no hay un acuerdo objetivamente bueno. Van por la mejor versión posible. La condición que no va a poder eludir el Fondo es que los números cierren. Porque de lo contrario, toda la "estrategia geopolítica montada ayer no servirá de nada. El Gobierno tiene que apelar ahora al viejo arte de hacerlo posible y encontrar el sendero final.

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