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Las señales macro ayudan, pero hace falta darle más espacio a la política

La economía de Javier Milei quedó un poco más asentada después de que algunos números macro de enero aparecieron más alineados con las expectativas de los analistas y otros sorprendieron para bien, como el primer superávit financiero del sector público en 12 años. Los inversores, a su vez, están apuntalando este sendero con una demanda sostenida de deuda en dólares. En ese camino prefieren darle más atención al horizonte de la gestión que a los resultados. Por ahora.

Pero el abrupto final de la ley ómnibus abrió una etapa de reseteo político, cuyo inicio está a la vista y su final, como casi todo hoy, es una incógnita. La popular frase "estamos mal pero vamos bien" logró un nuevo período de vigencia, pero no quedó ahí: potenció también los desafíos que tiene el elenco gubernamental, porque conseguir números positivos con las herramientas actuales va a ser una tarea ardua. Todos apuestan a que aparezca un plan de estabilización, pero su formulación no está a la vista. Como repetía en sus campañas el exgobernador bonaerense y actual secretario de Turismo, Daniel Scioli, la bonanza futura está más asociada a la fe y al optimismo que la población depositó en Milei, que en la confianza en políticas públicas exitosas.

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Menos los dirigentes que actuaron en la gestión de Mauricio Macri (como Patricia Bullrich y Luis Caputo) y algunos hombres del peronismo no K como Guillermo Francos, el resto del equipo es debutante, y por lo tanto, desconoce el funcionamiento de la botonera del Estado, el mismo Estado que pretenden dar vuelta como una media. Eso implica que problemas viejos aparezcan como nuevos, cuando en realidad no lo son. Simplemente estaban ahí, en los entresijos de un sector público elefantiásico, que en cada oficina esconde un "cadáver" (un gasto no justificado, un sobreprecio, un negocio de algún sector de la política). Milei está descubriendo que la herencia de la casta es mucho más espesa de lo que podía imaginar. Y que para enfrentarla, necesita darle a su gobierno una mayor cohesión política.

Los diálogos entre el Presidente y Macri seguramente deriven en un acercamiento más intenso antes que en un acuerdo orgánico entre ambos espacios. Lo que sí sería deseable es consensuar una nueva estrategia de trabajo con los gobernadores y el Congreso. El gobierno libertario todavía puede endosar parte del costo de ese conflicto, pero eso no será para siempre. Si Milei quiere reconvertir su ley madre en varios proyectos a partir de marzo, hay que reconstruir el tejido legislativo dañado con los pases de factura de la ley ómnibus.

El tiempo de la política tiene un hito relevante. En menos de diez días, el mandatario deberá abrir las sesiones ordinarias. Y su discurso esta vez tendrá que ser dentro del recinto (no afuera, como cuando asumió). Si quiere cosechar leyes, deberá empezar a sembrar alguna semilla de consenso.

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