Las mujeres en el frente de batalla contra el COVID-19

Por Agustina O'Donnell y Mario Rasuk Marañón, profesora de Derecho Tributario y alumno de la Facultad de Derecho de la UCES.

En el mundo del trabajo sigue predominando la asignación de roles en función del género. En efecto, numerosa bibliografía en sociología laboral indica que en algunas actividades existe una clasificación en función del género, producto de los estereotipos que aún existen sobre las capacidades y los trabajos «apropiados» para varones y mujeres.

Esta clasificación representa una barrera que segmenta el desarrollo educativo y ocupacional de las mujeres y las concentra en sectores menos dinámicos y peores remunerados de la economía.

Esa segregación propia también de dinámicas sociales históricas, se traduce en la feminización de áreas como el trabajo doméstico, la educación y la salud, que reflejan claramente la extensión laboral de las actividades que las mujeres realizan al interior de los hogares. Ya los datos de la EPH para el año 2018 mostraban que el 60% de las mujeres se concentraba en cuatro sectores: comercio (18%), trabajo doméstico (16%), educación (15%) y salud (9%). Son los sectores también que tienen, en promedio, salarios más bajos.

Esos sectores emplean a 6 de cada 10 mujeres, con salarios más bajos que los que ofrecen las áreas más masculinizadas como la construcción, el transporte y la comunicación, las actividades primarias, y electricidad, gas y agua que emplean al 60% de los trabajadores varones.

En ese contexto, remarcamos la presencia mayoritaria de las mujeres en el área de la salud y advertimos que, como consecuencia de esa realidad, son ellas quienes mayoritariamente se han puesto al frente de la lucha contra este enemigo invisible que es el covid-19.

Según informe del Cippec del año 2018, las mujeres componen el 69% de los trabajadores de la salud. Este dato se refleja en el monitor público de vacunación que publica el gobierno nacional que muestra que hasta el día 26/02/2021, cuando se llevan aplicadas alrededor de las 903.915 vacunas, el 64,3% de estas, se inocularon sobre mujeres. Asimismo, y conforme al plan de vacunación, del total de vacunas aplicadas, 787.366 corresponden al personal de salud. Una proporción que se aproxima bastante al de la composición en términos de género para este sector.

Estos números además de reflejar la segregación horizontal que implica la presencia mayoritaria de las mujeres en las áreas de trabajo relativas a "cuidado", nos demuestran también que son las mujeres quienes en forma mayoritaria hacen frente a la pandemia en el área de salud. Es que en el mercado de trabajo argentino, aún se mantienen situaciones de segregación horizontal y vertical, y el área de la salud no escapa a esa realidad. Por ello, debe destacarse una y mil veces el rol de las mujeres en el sector de la salud, y no solamente médicas, sino enfermeras, cuidadoras, personal de limpieza, entre muchas otras tareas, quienes predominantemente le han puesto el cuerpo al virus.

Es importante señalar también que muchas de las labores las realizan mujeres de hogares monoparentales, que son sostén económico y afectivo de sus hijas e hijos y a veces de otros familiares, y que las llevan a cabo organizándose con limitaciones de toda índole, no solamente de dinero. Estas diferencias por género, con acierto, son cada vez mas tenidas en cuenta por jueces y juezas de los diferentes tribunales que imparten justicia, y no solamente en los fueros civil o penal, que a la hora de resolver las controversias entre dos personas o entre una persona y el Estado, analizan los hechos bajo el prisma de la perspectiva de género. Así, una reciente y ejemplar sentencia del juez contencioso administrativo federal Walter Lara Correa reconoció la existencia de estereotipos en el ámbito laboral de las fuerzas de seguridad y cómo éstos afectan en mayor medida a las mujeres. Lo hizo al anular el traslado de una trabajadora del Servicio Penitenciario Federal durante la pandemia por los efectos que ocasionaba esa decisión en las tareas de cuidado que como jefa de hogar estaban a su cargo .

El mismo ejercicio, con sustento constitucional, podría hacerse al definirse el resto de las políticas públicas, entre ellas las tributarias, ya que muchas veces la capacidad contributiva de las mujeres, aunque parezca igual a la de los hombres está afectada por otros hechos que no son visibles a primera vista sino se aplica previamente el enfoque gender mainstreaming, como se denominó en dicha sentencia.

Tags relacionados

Compartí tus comentarios