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La inseguridad expone una asignatura en el que el Estado vive en default

La Matanza está mucho más cerca del corazón del poder político que Rosario. La violencia narco que azota a la principal ciudad santafesina, no obstante, sensibilizó a la dirigencia y permitió que el Congreso dejara atrás su parálisis veraniega para aprobar leyes destinadas a reforzar el accionar de la justicia federal. Su devastadora ola de crímenes, convertidos en un encadenamiento de hechos mafiosos, despertaron (más tarde que temprano) algún tipo de respuesta institucional, como ser el envío del simbólico del Ejército o un mayor accionar de fuerzas federales.

Ayer, la muerte de un chofer de colectivos a pocos kilómetros de la General Paz, reinstaló la problemática de la inseguridad como un eterno déficit de la gestión pública, en el distrito de mayor peso político de la provincia. Es una de las misiones más críticas que tiene por delante el Estado, y pese a todos los recursos que puede movilizar, inevitablemente cae en default. No se trata exclusivamente de un tema de presupuesto, sino de foco y prioridad.

¿Quién es Sergio Berni? El ministro que fue golpeado en medio de una protesta de colectiveros

El desesperado grito de Sergio Berni mientras era agredido por colectiveros: "Nadie pone..."

La primera reacción de los colectiveros tras el crimen fue paralizar las líneas que recorren la zona oeste. Luego resolvieron agruparse sobre la avenida General Paz para hacer más visible aún su protesta por la reiteración de hechos similares. El ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni, se hizo presente en el lugar como responsable político. Fue a poner la cara, como remarca cada vez que se para frente a damnificados, y lo que recibió fue una golpiza que le provocó múltiples daños, al punto de provocarle una fractura de cráneo.

La inusitada violencia que recibió el funcionario fue un llamado de atención. Alberto Fernández y Axel Kicillof optaron por pausar sus visitas al conurbano. Agustín Rossi y Aníbal Fernández levantaron el teléfono para involucrarse, pero desde atrás de los hechos.

El ataque a Berni no le va a devolver la vida a la víctima. Los colectiveros pueden reclamar justicia, pero no ejercerla. La furia o el enojo no pueden reemplazar la acción de la ley. Lo que sí transmiten es que la paciencia no es infinita. El Estado asumió compromisos ante delitos de similar gravedad, y a la luz de los hechos, hasta ahora han sido deficientes. Se habló de instalar cabinas de seguridad en los colectivos, cámaras de vigilancia o de distribuir botones antipánico. La Matanza sumó refuerzos de Gendarmería, pero tampoco cambiaron los resultados.

La seguridad no se consigue de un día para el otro, porque demanda un compromiso institucional diferente, de más largo plazo. No se trata solo de poner más efectivos en las calles. Hay que lograr que todas las instituciones y jurisdicciones afectadas trabajen más coordinadas y con resultados evaluables.

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