ANÁLISIS

La guerra es contra Cristina para poder cumplir con el FMI

La única batalla decisiva contra la inflación que por estas horas siguen con atención los inversores y el mundo económico en la Argentina, es hasta dónde la disputa política entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner le permitirá o no al Presidente cumplir con el programa acordado con el FMI.

Esa es la única guerra que el establishment político y económico espera dirimir para tomar decisiones. Si el Presidente logra cumplir al menos en parte el ajuste comprometido con Washington y que la Argentina necesita en forma urgente para no seguir desangrándose con la inflación, es probable que los picos en los precios que se observaron en febrero y seguramente marzo y abril logren moderarse. Volver a una inflación entre 2% y 3% mensual, alejarse del 5,7,9... y de las tres cifras anuales a las que nos estamos acercando.

Pero eso significa poder cumplir la letra chica del acuerdo con el FMI, lo que ordenó votar en contra Cristina: bajar el déficit y emitir menos. Pero como el Estado no baja su gasto, la única receta es el ajuste contra los privados: aumentar impuestos, subir tarifas, retirar subsidios, subir la tasa de interés, y devaluar más rápido el dólar oficial. Por cierto, licuar salarios estatales, planes y jubilaciones con una inflación tremenda, de 60% o 70%, pero que no se escape a una híper. Se promete algo de ajuste estatal que nadie cree que se cumpla: moderar el envío de fondos para gobernadores y empresas estatales.

Allí está descripta, batalla por batalla, la verdadera guerra que deberá librar Alberto Fernández si efectivamente quiere que la inflación se modere. Todo lo demás, el cuento de la inflación multi causal, los acuerdos de precios, los fideicomisos para subsidiar la oferta, las amenazas de la ley de abastecimiento, los precios cuidados.... una enorme pérdida de tiempo. Recetas perimidas y siempre fracasadas, mensajes anacrónicos contra empresas, productores y comercios; funcionarios dispuestos a hacer que empujan en la lucha contra la inflación, sabiendo de antemano que no darán resultado.

Con el viejo relato de la inflación multi causal, muy útil para colocar la responsabilidad de la suba de precios en todos los sectores, menos en los funcionarios y las políticas económicas. Ni una palabra dijo el Presidente el viernes en su mensaje sobre el déficit fiscal y la emisión. A su juicio, la explosión inflacionaria en la Argentina obedece ahora al contexto internacional y a los productores, industriales y comerciantes locales que suben los precios. De la responsabilidad del Gobierno en la emisión monetaria si límite, el déficit fiscal y la bola de nieve infernal de interesas de la deuda en pesos para financiar todo ese descalabro no hubo referencia oficial. Solo en diciembre último, se emitieron casi 500 mil millones de pesos. El estallido inflacionario que estamos observado hoy, más en alimentos frescos que en envasados (ver cuadro), es la consecuencia de la explosión de emisión de billetes el año pasado por el "plan platita" que promovió La Campora con las reflexiones famosas de Daniel Gollán, pero que primero y más importante habían sido exigidos por Cristina a Martin Guzmán, en la famosa carta en que lo presiona para que aumente el déficit, mirando el calendario electoral.

Siendo que el principal responsable es el presidente de la Nación, porque nada sustituye legalmente la autoridad del jefe de Estado, hay que apuntar también que Cristina y lo que ella representa algo tuvo que ver en la escalada inflacionaria de los últimos meses, y en el fracaso general del Gobierno para frenar la inflación, recomponer la confianza y evitar la creciente fuga de capitales. ¿Quién ordenó dilatar años la negociación con el FMI y los privados?, ¿quién llamó a estatizar Vicentín e ir otra vez contra el campo?, ¿a quién se le ocurrió traer como ministro a un discípulo de Stiglitz cuando se esperaba un Martin Redrado al frente del Palacio de Hacienda?, ¿quién recomendó atrasar el dólar, las tarifas y darle sin asco a la emisión monetaria para que la gente tenga platita en el bolsillo?

Ante semejantes antecedentes y fojas de servicio, la batalla entre Alberto y Cristina por cómo se aplica la letra chica del acuerdo con el FMI deja `poco espacio para el optimismo. La mayoría de los analistas políticos coincide en apuntar la debilidad política del Presidente para dar la pelea. Es cierto que el Jefe de Estado aparece respaldado por gobernadores, CGT, intendentes y el Movimiento Evita. Y en verdad los rebeldes comandados por Máximo y Cristina tampoco ofrecen una alternativa posible.

El problema, sin embargo, es que con este modelo estatista del cepo y controles del que el Presidente no quiere salir, lo único que tiene para ofrecer son penurias, en el mejor de los casos controladas. El plan con el FMI puede evitar un estallido inflacionario y las peligrosas consecuencias políticas y sociales asociadas. Pero no va a traer ninguna mejora sustancial que le garantice futuro al oficialismo en las próximas elecciones. La propia Cristina está convencida que Alberto se está suicidando con los términos del acuerdo. Menos dramático, Carlos Melconian celebra el acuerdo, pero lo califica como una "pegatina", un ajuste mínimo para "durar y llegar".

Los temores del cristinismo no son inventados. La aceleración inflacionaria golpea de lleno al sector más pobre de la sociedad, que esperaba mejorar con el regreso de Cristina, La canasta básica alimentaria trepó 9% en febrero y la total casi 7%, bien por encima del índice general con inflaciones anualizadas ya en los tres dígitos.

Crecen las especulaciones sobre el futuro gabinete en el marco de esta disputa abierta en el Gobierno acerca de cómo seguir. En lo inmediato parecería que el Presidente hará lo de siempre: nada, tratar de simular que la casa está en orden. Se escuchan versiones sobre el futuro del ministerio de Justicia, el futuro rol de Guzmán, y la atención crece sobre los espacios de poder y cargos que ocupa el cristinismo en el gigantesco organigrama oficial, donde albertistas, massistas y hasta palomas de la oposición se hacen ilusiones.

Una lástima tanta energía desperdiciada. Hoy la Argentina tiene una oportunidad histórica para abrirse a una fuertísima corriente de inversión privada, en un país que podría producir cinco veces lo que hoy en materia de energía y alimentos. El propio Presidente tiene una nueva oportunidad histórica para abrir el país a las inversiones privadas. Terminar con el cepo cambiario y los controles de precios. Orientar el gasto a subsidiar la demanda de los que necesitan ayuda. Pero permitir precios y mercados libres garantizados para que exploten las inversiones. Todo lo contrario al camino que, a pesar del fracaso, se sigue recorriendo.

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