La guerra de lo jurídico alrededor de Israel

La idea de que los Derechos Humanos son esenciales, fundamentales y universales ha conducido históricamente a una lucha por incluir ciertos contenidos y excluir a otros, en función de los intereses y valores de quienes los promueven y del contexto histórico. Desde los salvajes ataques del pasado 7 de octubre, los abogados sabemos que también en el campo de lo jurídico ha estado la guerra que el fundamentalismo islámico le declaró al Estado de Israel.

La guerra por lo jurídico comenzó con aquella horda de Hamás invadiendo el sur de Israel. A pesar de los vídeos y testimonios explícitos, hubo que contestar a quienes presentaban a Hamás como nobles luchadores por la libertad, en lugar de terroristas fanáticos, que han sometido a los propios palestinos en los últimos 15 años y que esta vez habían degollado niños, violado mujeres y secuestrado ancianas.

Rápidamente, nos chocamos ante la realidad de que los derechos de las mujeres no incluían a las mujeres judías. Las mismas organizaciones y referentes que venían recorriendo el imprescindible camino por un mundo más equitativo y justo callaron y evitaron solidarizarse ante el secuestro, violación y humillación de mujeres cuyo único ‘error' era ser israelíes.

Los debates jurídicos se intensificaron cuando Israel incursionó en la Franja de Gaza para rescatar a los secuestrados. Toda guerra causa sufrimiento, por lo que es crucial respetar el Derecho Internacional Humanitario y solidarizarse con todas las víctimas civiles. Sin embargo, fue indignante ver en el banquillo de acusados de la Corte Internacional de Justicia a los representantes israelíes y no a los terroristas de Hamás producto de la denuncia de Sudáfrica por genocidio.

En la última semana, también gracias a lo jurídico, tuvimos algo de consuelo cuando la Cámara de Casación Penal Federal reafirmó (una vez más) que la República de Irán y Hezbollah habían sido los responsables del atentado a la AMIA, aquel acto terrorista que acabó con 85 vidas hace casi 30 años.

Y llegamos finalmente al frustrado ataque militar de este sábado, que el régimen iraní busca disfrazar de acto de legítima defensa, cuando sabemos que las proclamas para hacer desaparecer al Estado de Israel no nacieron hace 10 días en Damasco ni el 7 de octubre sino en 1979 con el inicio de los ayatolas y la Revolución Islámica.

Ciertamente, como abogados argentinos hay algo que tenemos claro: nuestro deber está para con los derechos humanos y la democracia. Por ello, no nos resignamos ante quienes pretenden manipular hechos tan evidentes y seguiremos abogando contra el cinismo, a sabiendas de que los fundamentalismos son el principal obstáculo para un mundo en paz.

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