En la continuidad está la fuerza: las razones de la vigencia de la Fundación Pro Tejer

A lo largo de su historia, la Fundación Pro Tejer se ha caracterizado por su capacidad de mancomunar una multitud de actores en torno a una visión estratégica clara. Por eso, cuando tuve el honor de ser designado su presidente, en el 2018, supe que debería trabajar para que quien me relevara a mí recibiera una organización tan vigente como la que había recibido yo.

Justamente, la capacidad de ésta para sostener su rumbo aun en climas económicos cambiantes, con la alternancia periódica de personas en los roles de conducción es, a mi juicio, una de las medidas de su éxito. Por fortuna, todos los presidentes anteriores sostienen su compromiso con Pro Tejer incluso después de terminados sus mandatos, aportando sus experiencias para mejorar la gestión de quien está en funciones y ayudándolo en la consecución de los objetivos.

Pero contrario a lo que se pueda creer, para ello no es necesario coincidir plenamente en todos los ejes de una problemática dada. La Fundación, por ejemplo, está conformada por más de cien socios que ocupan diferentes lugares en la cadena de valor agro-industrial textil y de confecciones: sería ingenuo no reconocer que a veces surgen diferencias. Poder conciliarlas es, precisamente, una de las principales responsabilidades que suponen los roles tanto de gestión como de adhesión. Si hemos sabido sortear desacuerdos a lo largo de nuestros dieciocho años de existencia, es porque una serie de axiomas ordenan nuestras acciones.

En primer lugar, sabemos que todo lo que hacemos debe estar al servicio del fortalecimiento del sector textil argentino. Eso implica, por un lado, profundizar la representatividad a lo largo y a lo ancho de nuestro país y, por otro, reivindicar la importancia estratégica de contar con una industria nacional fuerte, dinámica y vital.

Todo esto, a su vez, supone beneficios como, por ejemplo, la generación de empleo genuino para las personas que quieren y deben trabajar. Luego, a nivel macro, contribuimos al desarrollo de nuestra economía y al equilibrio de nuestra balanza comercial. Pero, en última instancia, todo esto sería irrelevante si no fuéramos capaces de ofrecerles productos de calidad a los consumidores finales.

Fue con esto en mente que, allá por el año 2003, los líderes de nuestro rubro decidieron unirse para definir una agenda, tratar de tener un impacto positivo sobre las perspectivas del sector textil y, por extensión, de la Argentina.

El principal mérito de esa iniciativa, sin embargo, no está en sus objetivos ulteriores -por más valiosos que fueran-, sino en el convencimiento de que la credibilidad de la Fundación Pro Tejer estaría atada a la coherencia de su visión. Cada vez que un determinado tema ha puesto en evidencia nuestras diferencias, nos hemos remitido a nuestros valores fundacionales: integrar, fortalecer y desarrollar el sector textil argentino. La confianza que hemos depositado en esta misión ha hecho que los impulsos que recibieron los diferentes eslabones de esta larga cadena de valor no fueran en perjuicio del bien común.

Aspiro a que, cuando me llegue la hora de dejar la presidencia y hacer un balance de este período, mi gestión haga honor a ese legado.

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