Opinión

 Elección con muchos interrogantes y pocas certezas

Si bien la capacidad de pronosticar resultados electorales se ha tornado incierta - cabe recordar que, para las PASO, la totalidad de los sondeos presentaban a Javier Milei como tercero, pero ahora, de forma unánime, lo ponen primero- la conjetura es una herramienta que permite atisbar el futuro. La primera pregunta es si Milei ganaría en la primera vuelta.

La constitución nacional establece que, si el primer candidato obtiene el 45%, gana en primera vuelta por un voto. A dos días de la elección, no parece fácil que pueda obtener este resultado. Pero el sistema electoral argentino también dispone que, si el primer candidato alcanza el 40% y tiene más de diez puntos de ventaja sobre el segundo, gana en primera vuelta.

Dicho porcentaje parece un objetivo posible - aunque de discutible probabilidad- al cual Milei podría llegar. Para obtener el 45% necesita sumar quince puntos respecto a las PASO; para el 40%, sólo diez. Los diez puntos de ventaja son un objetivo posible para Milei.

Es que los tres tercios que emergieron en las PASO no se disolverán fácilmente el 22 de octubre. Es decir que, si Milei sale primero, ninguna de las dos fuerzas alternativas, Juntos por el Cambio o Unión por la Patria, quedaría por debajo del 25%. La baja polarización es lo que hace posible a Milei obtener esos diez puntos de ventaja.

De acuerdo con ello, la segunda pregunta es quién quedará en segundo lugar y llegará a la segunda vuelta contra el candidato libertario, de no resolverse la elección en primera vuelta. Quizás sea lo más difícil de pronosticar, porque ninguno de los dos aparece con una ventaja clara sobre el otro.

Además, la crítica situación económica plantea dudas respecto a la candidatura de Sergio Massa, en función de si las tensiones sobre el tipo de cambio y la escalada inflacionaria favorecen o perjudican finalmente a su candidatura. Pero la decisión del gobierno chino de permitir que Argentina use 6.500 millones de dólares de las reservas en yuanes, puede ser una jugada clave a favor del ministro de Economía. En las PASO, la diferencia entre Patricia Bullrich y Massa fue menor a un punto. Como decían los viejos punteros, para los cuales un voto valía, la elección es como el fútbol: ganar por un gol de diferencia o por cinco, siempre es ganar.

A ello se agrega que entre los votantes de Juntos por el Cambio y La Libertad Avanza hay ciertos vasos comunicantes en la percepción sobre la situación política. La hay menos entre ambas fuerzas y el oficialismo nacional.

Pero esta puja será muy importante para la reestructuración del sistema político argentino que probablemente se dará en 2024. El que quede tercero enfrentará una crisis y posiblemente una división. Sea Juntos por el Cambio o Unión por la Patria, los votantes de quien quede tercero se dividirán en mayor o menor medida. Esto llevaría a una división en Juntos por el Cambio entre los votantes radicales con mayor opción de votar por Massa, y los del PRO, más cerca de Milei.

Para el peronismo se trataría de la primera vez en su historia que queda en tercer lugar en una elección presidencial. El impacto quizás sea menos preciso, pero los votantes igualmente se dividirían en segunda vuelta. En tercer término, el mismo 22 de octubre se realizan elecciones simultáneamente en la provincia de Buenos Aires. Es la elección provincial más importante por su dimensión y tradición.

El sistema electoral es clave: en la provincia se gana por mayoría simple, es decir, por un voto, no hay segunda vuelta. Si bien en las PASO se dieron tres tercios a nivel nacional, en la provincia de Buenos Aires también los hubo, pero con diferencias mayores entre el primero, que fue Axel Kicillof (Unión por la Patria) el segundo, Néstor Grindetti (sumados los dos candidatos de Juntos por el Cambio) y la tercera, Carolina Píparo (La Libertad Avanza). Este escenario de tercios se mantendría.

Es decir que la oposición al PJ-K que gobierna la provincia con Axel Kicillof enfrenta una elección de baja polarización, con una oposición dividida que lo favorece. Si estuviera unida o hubiera segunda vuelta, enfrentaría una probable derrota. Siempre en el campo de la conjetura, quizás Massa aparezca con el desafío más difícil y Kicillof con el más fácil y de mayores posibilidades.

Esto proyecta hacia adelante la posibilidad de que el gobierno nacional y la provincia de Buenos Aires queden en manos de fuerzas políticas antagónicas. Ello sucedió dos veces en los cuarenta años de democracia que se cumplen el 10 de diciembre. La primera fue en los dos últimos años del gobierno de Raúl Alfonsín, con Antonio Cafiero gobernando Buenos Aires. La otra fueron los dos primeros años de Fernando De la Rúa, que gobernó con Carlos Ruckauf en la casa de gobierno de La Plata.

No es una situación que, de acuerdo con la experiencia argentina, resulte alentadora para la estabilidad políticoinstitucional. Por último, resta conjeturar cómo puede reorganizarse el sistema político argentino después de una elección crítica, con un candidato ajeno a las estructuras tradicionales representadas por el peronismo y el radicalismo ocupando el primer lugar, y una desarticulación de la polarización entre kirchnerismo y macrismo que ha dominado los últimos veinte años de vida política argentina.

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Podría plantearse que un bipartidismo atenuado -como el que ha tenido la Argentina desde hace más de un siglo con la vigencia de la Ley Sáenz Peña- se reconstituirá de una u otra forma. Otra conjetura es que los tres tercios se puedan transformar en permanentes y eso dará lugar a un nuevo escenario donde coaliciones o acuerdos no serán fáciles.

Pero no puede descartarse el fraccionamiento del sistema partidario. Es el modelo español, donde las dos fuerzas dominantes desde el retorno de la democracia en los años setenta del siglo pasado hasta la segunda década del siglo XXI, populares y socialistas, dominaron con un bipartidismo sólido. Hoy una fuerza de extrema derecha, Vox, condiciona alianzas y acuerdos de gobierno por derecha.

Por izquierda hay una nueva propuesta, que es Sumar. Hasta ahí, los dos ejes tradicionales están divididos en dos. Pero las fuerzas regionales -que en el caso de Cataluña promueven el separatismo- representan una quinta fuerza.

Cabe señalar que en lo que va del siglo fracasaron dos intentos de romper la polarización, uno de centroderecha liberal (Ciudadanos) y otro de izquierda populista (Podemos). La reestructuración del sistema de partidos queda como lo más relevante hacia el futuro.

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